La Retranca

El cáncer de los juegos de azar El juego por internet... provoca que la ludopatía crezca exponencialmente y los jugadores son cada vez más jóvenes.

Dolores de Redondo 28/10/2018

Una de las imágenes de la Revolución cubana más sugerentes del cambio radical que se avecinaba en la isla, tras su triunfo el 1 de enero de 1959, es la del pueblo amontonando máquinas tragaperras y ruletas de casino en las calles de La Habana para aplicarles el fuego purificador. La capital se había convertido en un gigantesco casino donde la mafia norteamericana campaba a sus anchas. Años antes, en 1946, el hotel Nacional había acogido la cumbre celebrada entre los principales capos, con Frank Sinatra como amenizador del evento. Cuando los barbudos entraron en la capital, el negocio del juego vivía su momento álgido, con enormes cantidades de dinero circulando por los cientos de locales habilitados para apostar. Incluso los crupieres gozaban del privilegio de no pagar impuestos, mientras miles de personas malvivían en la miseria. El rey del juego era el mafioso Meyer Lansky, responsable del lavado de dinero de la Cosa Nostra y vinculado estrechamente al dictador Fulgencio Batista. Ambos salieron por piernas de Cuba cuando “llegó Fidel y mandó a parar”, cerrando los casinos y cancelando la lotería nacional, lo cual motivó las primeras manifestaciones de trabajadores afectados. Algunos casinos reabrieron temporalmente hasta que una ley prohibió de forma definitiva el juego de azar de cualquier tipo en todo el país.

En mayo de 2011, el pueblo ecuatoriano también decidió en consulta popular la eliminación de los juegos de azar. El 45,8% de los participantes en la consulta contestó afirmativamente a la pregunta: ¿Está usted de acuerdo que en el país se prohíban los negocios dedicados a juegos de azar, tales como casinos y salas de juego? Un año antes Rafael Correa había afirmado que “muchos de estos juegos y casinos están financiados por mafias internacionales y lavado de dinero internacional”, y finalmente cumplió su voluntad de declarar “Ecuador libre de juegos de azar”. Aunque más tarde Lenin Moreno haya declarado a Ecuador libre de Rafael Correa. Pero esa es otra historia.

En España el juego se despenalizó en 1977. Actualmente mueve cerca de 40.000 millones de euros al año, el equivalente al 3,5% del PIB y de él dependen decenas de miles de empleos directos. Lotería Nacional, Lotería de Navidad, del Niño, Euromillones, Bonoloto, Primitiva, quiniela, ONCE, tragaperras, bingos, casinos, apuestas deportivas, juego online… en Españistán existen mil métodos para tirar el dinero apostando y enriqueciendo a unos pocos. Más de sesenta casinos, siete hipódromos, doscientas cincuenta mil máquinas de juego, 310 bingos, más de setenta operadores de apuestas por internet, son algunos de los números que dan idea del volumen de este negocio. Y aún podrían citarse otras modalidades de juegos tradicionales con apuestas que se practican en diferentes comunidades.
Sin embargo, la crisis económica afectó duramente al sector, que ha perdido un 24% de ingresos en los últimos diez años. El juego por internet y, muy especialmente, la irrupción descontrolada de las apuestas deportivas, trata de recomponer un poco al sector con consecuencias devastadoras: provoca que la ludopatía crezca exponencialmente, los jugadores son cada vez más jóvenes y, por vez primera, los locales de apuestas aparecen como setas en los barrios obreros de las ciudades. Hasta 2014 estuvieron prohibidas, pero un cambio normativo legalizó las apuestas deportivas y los juegos de casino por internet, que ahora ofrecen ruleta, blackjack, póker, bingo o tragaperras on line. Curiosamente, una de las supuestas intenciones de la ley era evitar que el juego se usase para actividades de blanqueo de capitales o para financiamiento del terrorismo, lo cual significa que el juego se usa para actividades de blanqueo de capitales o para financiamiento del terrorismo. De hecho, la mayoría de los operadores no tributan en España sino en paraísos fiscales, aunque una parte de los impuestos que contempla la Ley vayan a parar a las comunidades autónomas.

Por internet puede apostarse, incluso, al deporte más estrambótico: lo mismo al derby de la liga española que al número de córners que sacará un equipo de fútbol de la segunda división de Burundi, o sobre el color de la ropa interior del masajista del equipo favorito del campeonato mundial de lanzamiento de inodoros. Y ojo, también a ganadores de concurso o procesos electorales, por ejemplo. Deportistas de éxito como Cristiano Ronaldo, Rafael Nadal, Neymar o Usain Bolt promocionan el juego y las apuestas para atraer a los machos ibéricos más jóvenes, porque hay que decir que el 83% de los jugadores son hombres, de los cuales dos tercios son menores de 35.

Sin embargo, la crisis ha provocado que las dos mayores empresas, Cirsa y Codere, hayan perdido el control de sus accionistas históricos después de ser rescatadas por fondos de inversión. La primera fue creada en 1978 por Manuel Lao, el catalán más rico de la lista Forbes, después de iniciarse en el juego con la compraventa de boletos a cambio de premios en metálico en su propio bar. Hoy dispone de una flota de jets privados, hoteles, inmobiliarias y 275 empresas; gestiona 153 casinos y 39.000 máquinas recreativas, 68 bingos, 165 salones de juego y 2.000 salas de apuestas deportivas a través de Sportium, entre otros; dispone de presencia en 11 países y tiene 18.000 personas empleadas, facturando cerca de 2.000 millones anuales. Cirsa fue vendida al fondo Blackstone en el mes de abril después de cerrar 2017 con una deuda de 940 millones de euros.

Codere fue fundada en 1980 por la familia Martínez Sampedro, que con su salida a bolsa en 2007 llegó a tener un patrimonio superior a 700 millones de euros. Sin embargo, entre 2014 y 2015 entró en suspensión de pagos por una deuda superior a 1.000 millones de euros, y el pasado enero han sido destituidos de la presidencia del grupo por los inversores que se quedaron con la mayoría de su capital. Uno de los miembros del consejo de administración hasta el pasado mayo era Joseph Zappala, nada menos que el exembajador de EE.UU. en España entre 1989 y 1992, llegado al cargo después de apoyar la carrera presidencial de George Bush. Zappala, de origen italiano, fue condecorado por el gobierno de Felipe González con la Gran Cruz de la Orden de Isabel La Católica y es el responsable del grupo Codere en todo México.

Disfruto creyendo que las pérdidas económicas del sector se deben a la inteligencia de las personas que deciden no jugar, y no a la crisis económica. Sufro con la permisividad existente ante el bombardeo publicitario indiscriminado de las adictivas apuestas deportivas. Y he de reconocer que, particularmente, tengo sueños excitantes en los que imagino las calles de España repitiendo las piras purificadoras de La Habana en enero de 1959.

— Y digo yo... ¿aquí no haría falta una Revolución?

— Y luego, ¿por qué me lo preguntas?

Publicado en el Nº 319 de la edición impresa de Mundo Obrero septiembre 2018

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