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Idlib: hacia la batalla final de Siria El imperio vuelve a agitar el señuelo de la guerra química como coartada para intervenir evitando el triunfo definitivo del gobierno sirio.

Willy Meyer 28/10/2018

La provincia de Idlib, situada al noroeste de Siria, es fronteriza con Turquía al norte, y por ella pasan importantes carreteras que continúan hacia el sur: desde Alepo (norte) hasta Hama o la capital, Damasco; o hacia el oeste hasta la ciudad costera mediterránea de Latakia. Si el gobierno consigue tomar la ciudad de Idlib, dejará a los terroristas insurgentes con muy pocos territorios bajo control en el país y será una señal de facto de la derrota definitiva de estos grupos.

La ciudad fue conquistada por los rebeldes sirios en marzo de 2012 y, aunque fue recuperada por el ejército sirio, en 2015 volvió a perder su control quedando en manos del grupo yihadista “Ejercito de la Conquista”, coalición de grupos rebeldes como Ahrar al-Sham o al antiguo Frente Al Nusra hoy denominada Tahrir Al-Sham (Organización para la Liberación de Levante), facción de Al-Qaeda en Siria. Esta última, tras una serie de luchas internas, consiguió controlar la totalidad de la ciudad en junio de 2017 declarando su intención de crear una región autónoma y a Idlib como sede provisional de su gobierno.

A Idlib fueron llegando refugiados y rebeldes tras muchas batallas ganadas por el gobierno de Asad, por acuerdos de rendición que les permitía trasladarse en autobuses hasta Idlib: cerca de millón y medio de personas (que convierte la población actual en 2,5 millones, el 14% de la población total del país) y 30.000 insurgentes, bajo la hegemonía del grupo terrorista Al Qaeda fundado por Bin Laden.

En ese contexto, y dada la complejidad de un ataque final a una ciudad con millones de personas inocentes, muchas de ellas rehenes de los grupos terroristas, los presidentes de Rusia Vladimir Putin, de Turquía Tayyip Erdogan y de Irán, Hasán Rohani acordaron en Teherán a principios de septiembre decidir “en un espíritu de cooperación” el destino de la provincia de Idlib y mantener la integridad de Siria tras la guerra. Todo apunta a que será en una próxima reunión a celebrar en Moscú (todavía sin concretar) donde se decida cómo intervenir militarmente para derrotar a los terroristas creando el menor daño posible a la población y evitando otra huida de centenares de miles de refugiados hacia la frontera con Turquía.

Entre tanto, el escenario de la batalla final se está preparando. El ejército sirio está desplazando a sus mejores unidades terrestres con armamento pesado, la división acorazada empieza a desplegarse. La liberación de Idlib necesitará del apoyo aéreo y naval de las fuerzas rusas para garantizar el éxito de la operación.

Ante la inminencia de un golpe definitivo a los terroristas, que podría significar el comienzo del fin de la guerra en Siria, el Consejero de Seguridad Nacional de EEUU, John Bolton lanzó una advertencia "Estamos preocupados por la posibilidad de que Asad vuelva a utilizar armas químicas. Para que no haya confusión en este sentido, si el régimen sirio utiliza armas químicas, responderemos con fuerza". Es decir, de nuevo, y ante la impotencia del Imperio de ver como Siria se les escapa de su control y el de sus aliados en la zona( Arabia Saudí e Israel), agitan una vez más el señuelo de la guerra química como coartada para poder intervenir evitando el triunfo definitivo del gobierno sirio en la terrible guerra. La respuesta de Rusia fue rápida asegurando que las fuerzas insurgentes preparan un ataque químico con ayuda internacional para poder legitimar una respuesta militar de Francia, Reino Unido y EEUU. En ese sentido, el Ministerio de Defensa Ruso informó que EEUU ha desplegado al destructor Ross con 28 misiles crucero Tomahawk para responder al supuesto ataque químico. Ante esa eventualidad, 13 buques de guerra rusos cruzaron el Bósforo para preparar el asalto final a Idlib y las posibles contramedidas a lanzamientos de misiles norteamericanos.

Todavía está reciente la acusación de EEUU y sus aliados del uso de gas sarín por parte del gobierno sirio en la ciudad de Duma en el pasado mes de abril que causó 60 muertos, resultando, tras la inspección sobre el terreno de los técnicos de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ), que no existían ningún tipo de resto de gas sarín.

Todo hace indicar que, en el teatro de operaciones en Siria, la recuperación de Idlib por parte del ejército sirio puede suponer el golpe definitivo a la estrategia de dominio de los EEUU, Arabia Saudí, Israel, Francia y Reino Unido que apostaron, financiaron y actuaron con las milicias insurgentes para hacerse con la hegemonía de Oriente Próximo evitando la influencia rusa e iraní. Un apoyo a una insurgencia que en Idlib hegemoniza Tahrir Al-Sham (Al Qaeda), la misma que organizó el ataque el 11 de septiembre de 2001 a las Torres Gemelas de New York.

La maldita guerra siria, además de acabar con la vida de entre 300.000 y 470.000 personas, ha causado una crisis humanitaria sin precedentes desplazando a más de la mitad de su población fuera del país ,devastando sus infraestructuras y reduciendo a escombros a 338 centros médicos y 4.000 escuelas. El Índice de Desarrollo Humano en Siria ha retrocedido el equivalente a cuatro décadas.

Pero al Imperialismo esos datos no le genera ningún problema ético o humanitario, son solo cifras necesarias para garantizar su intimidación y dominio del mundo como en Iraq, Afganistán o Libia.

Wa-š?’all?h, (Ojalá) que a la fecha de la edición de éste artículo se haya recuperado Idlib con la menor pérdida de vidas humanas inocentes y que con su liberación se inicie el retorno a la Paz y reconstrucción de Siria, contribuyendo a una estabilidad regional imprescindible para la paz y estabilidad internacional. Que así sea.

Publicado en el Nº 319 de la edición impresa de Mundo Obrero septiembre 2018

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