Los actores Carlos Olalla y Gloria Vega evocan a Marcelino Camacho y JosefinaLo posible y lo necesario, ayer y hoy Hablamos de unas personas con un compromiso sin límite que nos han enseñado cómo se puede vivir en un mundo como el de hoy siendo coherente hasta el final.

Gema Delgado 29/10/2018

Carlos Olalla y Gloria Vega son los actores que evocan a Marcelino y Josefina en la película “Lo posible y lo necesario” que comienza estos días a recorrer el país, empezando por Soria, La Rioja y Navarra para extenderse por toda la geografía. La labor de Carlos y Gloria no consiste en interpretar a Marcelino y Josefina, ni siquiera en parecerse a ellos. El director de esta película documental, Adolfo Dufour, les incorporó para que construyeran los puentes poéticos que entre las voces, documentos e historias de Josefina, Marcelino, la familia y las compañeras y compañeros de viaje, nos acercaran al lado humano y menos conocido de unos seres extraordinarios que simbolizan las luchas por los derechos y las libertades en este país. Un viaje político, social y siempre colectivo desde la República hasta nuestros días. Un viaje de la lucha durante la represión franquista en la dictadura pero también de la lucha férrea durante la Transición más sangrienta y represora de lo que se reescribe, y que jamás fue ni será equidistante.

Carlos y Gloria bailan en el escenario de un teatro vacío acompañados de un chelo. Eran muy bailones. Y les gustaba el tango. Es un baile que Marcelino y Josefina comenzaron en Orán donde vivía esa intrépida joven comunista que ayudaba a los refugiados españoles, como Marcelino que llegó allí tras escaparse de un campo de concentración en Tánger. Marcelino se enamoró rápidamente de ella. Fue mutuo. Josefina dijo que ella sólo se casaría con un comunista y Marcelino siempre lo fue. Allí se inició ese baile, agarrados, impulsándose, sosteniéndose, alentándose, fundidos, fue el baile de toda una vida. Una vida dura y ejemplar, entregada, infatigable, irrenunciable, pero siempre vivida con esa doble sonrisa en los ojos y en los labios, la sonrisa de Josefina y la de Marcelino. A Josefina le gustaba decir “nos lo podrán quitar todo pero nunca nos podrán quitar la alegría”. Nunca se la quitaron. Tampoco la generosidad, la solidaridad y el compromiso.

Carlos Olalla rescata otra metáfora de la película: las líneas rectas con las que juega el director, las de los railes paralelos del tren, las cuerdas del chelo, las agujas con las que se teje el famoso jersey rojo. “La metáfora de líneas rectas que no se apartan de su objetivo… como ellos. ¡Tiene tanto sentido! ¡Es tan precioso!.. sobre todo porque estás viendo todo lo que ha sido la historia de este país: el franquismo, la Transición, la creación de Comisiones, la vida de los movimientos obreros, la historia del Partido, del Movimiento Democrático de Mujeres. Hablamos de unas personas que se han caracterizado por un compromiso sin límite y nos han enseñado cómo se puede vivir en un mundo como el de hoy siendo coherente hasta el final”. Nunca dudaron en optar por lo necesario frente a lo posible.

El jersey de Marcelino

Al final de la película Marcelino se quita el jersey rojo que tanto se ponía, el que le tejió Josefina para aliviar el frío de las cárceles. Y lo deja en una silla vacía. En realidad el que se lo quita es Carlos Olalla evocando a Marcelino. Un jersey que le hicieron para la ocasión y que está desando volver a ponerse cuando llegue el frío. En cualquier caso es el mismo jersey que dice cógelo y sigue. Es el relevo, un mensaje muy claro para los que vienen detrás. “Ahora hay más motivo que nunca para seguir luchando”, dice Carlos. “Hemos llegado a algo que no se daba en la época de Marcelino y Josefina: por primera vez los esclavos no se quieren liberar porque se creen libres. Es dramático. La precariedad laboral que tenemos hoy no se tenía entonces. Por primera vez hay gente que tiene dos trabajos y no come porque no llega a final de mes. Eso es pura esclavitud”.

Carlos habla como si continuara su papel en la película, pero ahora el guion es suyo: “Vivimos en un mundo que está en los estertores de un modelo de civilización basada en la desigualdad en todos los sentidos. Vivimos un camino hacia la abyección que nos lleva a la idiocia, a la inmediatez y a la superficialidad, donde las masas son manipuladas de una manera tremenda”.

Continúa criticando una ausencia de un modelo económico alternativo. “De lo único que hablan es de que hay que ser competitivos. ¿En base a qué? ¿A costa de ser mano de obra barata? ¿A qué vamos a competir con India y China en esclavitud? ¿Es eso lo que quieren que hagamos? Son los motivos porque los que hoy hay que luchar más que nunca”.

Conversamos con Carlos el día en que Willy Toledo salió de la cárcel tras pasar la noche en prisión acusado de herir los sentimientos religiosos. “Estamos en un momento de una regresión brutal de libertad. El problema es que ha habido un desplazamiento a la derecha de todo el espectro político. Y eso se ha traducido en todo: en una Ley Mordaza, en que hoy por contar un chiste te puedes ir a la cárcel pero por estafar miles de millones puedes ser presidente del gobierno. Y esa es la realidad en la que estamos viviendo hoy. Es una regresión brutal”.

“En la época de Franco teníamos una censura, que era el enemigo común, e intentamos sortearla”, continúa Carlos. “Hoy somos nosotros mismos los que nos autocensuramos. Y ese es el peor censor que hay. Y ahí entra el mensaje de Marcelino y Josefina: “Si nosotros lo hicimos cuando teníamos a Franco y a los grises encima, cómo no lo vais a poder hacer vosotros ahora”.

Para Carlos, evocar a Marcelino es uno de esos proyectos que le dan sentido a haber elegido esta profesión. Cuenta que era un equipo de rodaje muy consolidado. Había mucha química y sobre todo un denominador común que era un amor incondicional y una admiración sin límite por Marcelino y Josefina. Todos queríamos dar lo mejor que llevábamos dentro para sacar adelante el proyecto.

“Lo posible y lo necesario” es una película de relevo dirigida a las nuevas generaciones. Cuando al final del largometraje Marcelino y Josefina se van, agarrados de la mano, Marcelino se vuelve: “Espera, habrá que explicárselo” . “Venga, vamos” replica ella sonriendo. Josefina sabe que no hace falta explicar nada más. Ahí está el jersey para que sigan otras y otros.

Publicado en el Nº 319 de la edición impresa de Mundo Obrero septiembre 2018

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