Mundo multipolar

La extrema derecha golpista amenaza Brasil La segunda vuelta se convierte en una batalla por la defensa de la democracia. Todas las fuerzas democráticas del mundo deberían estar implicadas apoyando al candidato del PT.

Willy Meyer 29/10/2018


Los peores pronósticos se han cumplido en las elecciones presidenciales de Brasil. El candidato ultraderechista y golpista, Jiar Messias Bosonaro, obtuvo un 46,3% de los votos frente a los 28,8% del candidato del PT, Fernando Haddad. No obstante, tendrá que decidirse en segunda vuelta a celebrar el 28 de octubre, quién de los dos presidirá Brasil, el mayor Estado de América Latina y Caribe (ALyC), a partir del 1 de enero.

¿Qué ha podido ocurrir para que Bosonaro un ultraderechista y por tanto machista, homófobo, racista, partidario de la tortura y de la dictadura militar, que asoló Brasil durante 20 años, esté disputando la presidencia de Brasil?

A juicio de Valter Pomar, el que fuera secretario ejecutivo del Foro de Sao Paolo y miembro del PT, Bosonaro se ha beneficiado por dos variables estructurales y un hecho coyuntural:

“La primera variable estructural es el crecimiento de la extrema derecha, crecimiento que fue estimulado por la derecha tradicional, que planificó y ejecutó el golpe contra la presidenta Dilma Rousseff. La segunda variable estructural es el descrédito de las candidaturas y partidos de la derecha tradicional. Bolsonaro se beneficia de este descrédito, a pesar de ser un golpista, neoliberal y también diputado federal desde hace 27 años, con un discurso demagógico contra la política y los políticos. La variable coyuntural que benefició a Bolsonaro fue el atentado del que fue víctima el 6 de septiembre de este año. En un episodio cuyas motivaciones aún no se han aclarado, Bolsonaro fue apuñalado durante una actividad de campaña. El atentado dio una enorme publicidad a Bolsonaro, cristalizó a su electorado y consolidó a su favor la transferencia de votos proveniente de partidarios de otras candidaturas golpistas y neoliberales.”(goo.gl/fQ26BD).

Pero el ascenso de la extrema derecha brasileña tiene mucho que ver con la respuesta que dio y da el imperialismo, las grandes empresas y fortunas, la derecha conservadora latinoamericana y caribeña, a la irrupción democrática de gobiernos progresistas en toda ALyC : El golpe de estado contra Zelaya en Honduras (2009); el golpe parlamentario contra Lugo en Paraguay (2012); la derrota electoral de Cristina Kirchner en Argentina (2015); el golpe parlamentario-judicial y mediático- contra Dilma Rousseff en Brasil (2016); el encarcelamiento del compañero Lula da Silva clarísimo favorito en todas las encuestas previas a las elecciones presidenciales; las victorias de fuerzas conservadoras en Chile, Paraguay y Colombia… son acontecimientos que persiguen revertir todos los avances en la integración regional liderada por la izquierda y fuerzas de progreso que contribuían en programas comunes antiimperialistas con un fuerte contenido antineoliberal en las políticas económicas y sociales.

Autocrítica de la izquierda

Es indudable que el rechazo de una parte del electorado, que siempre votó al PT, obedece también a errores cometidos durante su gobierno, que son atribuibles también al resto de la izquierda latinoamericana que sostuvo a gobiernos progresistas. En la Declaración de Managua del Foro de Sao Paolo se reflexionó para aprender de estos errores concluyendo, entre otras razones, que los modos de producción heredados de las oligarquías nacionales y la propiedad de los mismos prácticamente no se alteraron con la llegada de los gobiernos progresistas. Las izquierdas y fuerzas de progreso que llegaron al poder gestionaron sacar de la extrema pobreza, del analfabetismo, de las enfermedades y del hambre a la mayoría de sus poblaciones con resultados extraordinarios. Pero, en la medida que esa población salía de la exclusión social requería nuevos servicios, empleos y atenciones que hubiesen necesitado de un cambio de los modelos de producción de forma y manera que todos los sectores estratégicos fuesen públicos arrancándoselos a las oligarquías, sectores financieros, multinacionales y grandes fortunas. Al no hacerlo, los mecanismos de intervención de las fuerzas políticas representativas del capital, liberales, conservadores y ultraderecha, fueron y son potentes para desprestigiar a las fuerzas progresistas e impedir cambios económicos que redunden en un desarrollo sostenible, democrático y justo al servicio de la mayoría social de sus países.

En cualquier caso, la batalla de la segunda vuelta se convierte en una batalla por la defensa de la democracia, de la libertad y de la dignidad, batalla en la que todas las fuerzas democráticas del mundo deberían estar implicadas apoyando al candidato del Partido de los Trabajadores, el compañero Fernando Haddad.

Y mientras tanto, en Europa, los amigos de Bosonaro, la extrema derecha de Le Pen y Salvini preparan y coordinan las próximas elecciones europeas que, a todas luces, determinarán si el avance de los neofascismos sigue progresando, en el marco de la implosión de la Unión Europea, o si las fuerzas de progreso y de izquierdas acumulan más fuerza social e institucional para cuestionar a la UE corresponsable de la aparición de nuevo de la ultraderecha en Europa.

Publicado en el Nº 320 de la edición impresa de Mundo Obrero octubre 2018

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