Escritor y periodista musicalVíctor Lenore: “La movida fue un movimiento político, militante, dogmático y panfletario en defensa de la sociedad de consumo” “Me enerva que esos años pasen como una expresión de libertad, cuando fueron de censura sistemática y mercantilización de los contenidos”.

J.M. Mariscal Cifuentes. Director de Mundo Obrero 19/11/2018

Espectros de la Movida. Por qué odiar los años 80Víctor LenoreAkal

MUNDO OBRERO: Tanto en tu anterior libro, “Indies, hipsters y gafapastas”, como en el que acabas de publicar, te atreves a mezclar la política con la cultura. ¿Estás empeñado en politizar la cultura?
VÍCTOR LENORE:
Yo hablaría de repolitizar, más que de politizar. España tuvo una contracultura potente en los 70, el cine, la música, la literatura, publicaciones diversas con profundidad y sustancia política. Todo eso se disuelve en los 80, se deshacen los vínculos sociales, todo lo sólido se desvanece en el aire, decía Marx y eso ocurrió. La familia comienza a parecer una institución opresora, los sindicatos son unos muermos que te dicen lo que tienes que hacer, en las relaciones personales se impone un paradigma aspiracional, un modelo que te dice que no eres lo que eres, sino lo que aspiras a ser. La movida se inserta en ese proceso de profunda transformación ideológica. Digo repolitizar porque en la batalla de las ideas la posición de la derecha es despolitizar, hacer de la cultura un espacio en el que no cabe la política, los artistas deben estar en su torre de marfil, como parte de un estrato superior, en el que los problemas materiales no importan.

M.O.: Pero la movida tiene un componente político.
V.L.:
Y diría más, fue un movimiento político, militante, dogmático y panfletario en defensa de la sociedad de consumo. Hay una canción de Alaska y los Pegamoides que resume lo que quiero decir: “Quiero ser un bote de Colón y ser anunciado en la televisión”. Eso es política, una apuesta por la sociedad de consumo y la disolución de los vínculos, vales lo que el mercado dice que vales.

M.O.: ¿Los protagonistas de la movida, eran conscientes de eso?
V.L.:
Me da igual si son conscientes o no. Bankinter mandó un boletín electrónico a sus inversores alegrándose de que Bolsonaro iba favorito en las elecciones brasileñas, Antonio Maestre de La Marea, entre otros, hizo una crítica de este asunto y Bankinter respondió diciendo que ellos no hacen valoraciones políticas, solo valoraciones económicas. Eso es un manifiesto político de primer orden, lo mismo que hace Alaska con el bote de Colón o más recientemente cuando, tras la llegada de Carmena al ayuntamiento de Madrid, lo primero que pidió fue que no se regulase la vida nocturna de Madrid, porque la vais a estropear, y es que los empresarios de la noche en Madrid pertenecen a la casta de los intocables, donde la política no se puede meter. El último disco de Fangoria se llama “Música para robots románticos”. Lo que dicen las letras, explícitamente, es que hay que dejarse de sentimentalismos y regir la vida social de manera técnica. Resulta que al final los robots no son tan románticos, pues en una entrevista de promoción del disco afirmaban que la gente desahuciada se lo hubiera pensado mejor antes de firmar una hipoteca, un argumento propio del presidente del BBVA o de Rodrigo Rato o Pablo Casado. Los 80 parieron una generación política militante, tanto o más que Ska-P, Ismael Serrano o Los ChiKos del Maíz.

M.O.: ¿Por eso te has centrado en la movida? ¿Te parece un punto de ruptura?
V.L.:
Sí, me parece un punto de ruptura con la tradición cultural cuajada en los 70 en el antifranquismo. La movida es adanista, parece que ellos son los primeros que hacen todo, lees las entrevistas con artistas de la movida, Almodóvar, Alaska o cualquier otro y parece que todo empieza en los 80, nunca dicen nada elogioso de lo que les precede, pasamos de hablar de imperialismo cultural en los 70 con artistas como Víctor Jara y de repente llegan los 80 y lo único que importa es lo que pasa en Los Angeles, Londres o Nueva York.

M.O.: ¿Qué tiene que ver la movida con el gobierno del PSOE de Felipe González?
V.L.:
Tiene que ver todo. El libro es un cuestionamiento del modelo cultural del PSOE. Me fascina el hecho de que si haces preguntas sobre la movida la respuesta sea que fue una expresión de libertad, una explosión de la libertad que el franquismo tenía enjaulada. Hay un capítulo que se llama “Censura de Estado, cultura de mercado”, el PSOE fue muy hábil a la hora de controlar y apostar por las expresiones culturales que más favorecían su discurso, hay momentos de censura explícita. La canción “Cuervo ingenuo”, en la que Javier Krahe habla de las traiciones de Felipe González y del referéndum de la OTAN, fue censurada en TVE. Todos sabemos cómo acabó La Bola de Cristal. A Pilar Miró no le gustaban las críticas a Felipe, pero tampoco a Thatcher ni a Reagan, los tres grandes timoneles del giro neoliberal. Por cierto, en Inglaterra a Margaret Thatcher le costó más esfuerzo silenciar las expresiones críticas, tardó cierto tiempo en poder cortar la financiación para la serie Doctor Who en la BBC. La política de censura cultural del felipismo no tiene nada que envidiar a la de Margaret Thatcher y mi motivación principal para escribir el libro fue que me enerva que esos años pasen como una expresión de libertad, cuando fueron de censura sistemática y mercantilización de los contenidos culturales.

M.O.: Desde espacios de la izquierda posmoderna se os acusa a ti, o a Daniel Bernabé y otros de que tenéis cierta nostalgia de una cultura que no va a volver, eso de la cultura obrera de la solidaridad suena casposo en un mundo que ha cambiado.
V.L.:
Pues sí, yo soy nostálgico de muchas cosas. Esa crítica se basa en pensar que la historia es lineal y siempre avanza para mejor, que lo de hoy es mejor que lo de ayer. Mi abuelo trabajó toda su vida en Ensidesa, en Avilés, y recuerdo que él me compraba los cuadernos y los lápices del colegio en el economato, una manera inteligente de abaratar costes que hacía que el salario cundiera más a los trabajadores y a las familias. Por qué no voy a ser nostálgico de la capacidad de lucha de los sindicatos de clase contra la patronal. La cultura no es lo que te compras en la Fnac, la cultura es lo que haces desde que te levantas hasta que te acuestas, las decisiones que tomas, cómo te relacionas con la gente. La cultura de solidaridad en los barrios, un nosotros contra ellos, los empresarios, y un no creerte más que tu vecino, todo eso está prácticamente disuelto. Prefiero ser nostálgico de las cosas que estaban bien, antes que abrazar acríticamente todo lo nuevo que aparece.

M.O.: Pero, ¿es recuperable la comunidad desde un punto de vista cultural, la cultura de barrio a la que te refieres?
V.L.:
Yo lo que sé es que no hay un camino de avance social si no recuperamos los lazos comunitarios, que es lo que más daño hace al capitalismo, que se ha empleado a fondo en disolverlos; la construcción de una alternativa superadora pasa por el apoyo mutuo. La división entre el yo soy artista-tú no eres artista le viene muy bien al capitalismo. Me hace mucha gracia que una famosa revista de “ocio” haya elegido Lavapiés como el barrio más cool, más molón del mundo. La izquierda llamada posmoderna me inspira mucho respeto y tengo varios amigos. He pasado tiempo en el Patio Maravillas, encontré gente a la que admiro y de la que he aprendido mucho, pero realmente esto es un toque de atención, ¿no te da que pensar que el capitalismo esté encantado con tu entorno social? Todos hemos contribuido a eso. Con la revista Ladinamo teníamos un café en una de las calles emblemáticas de Lavapiés, un café que objetivamente mejoraba el barrio, precios baratos, actividades culturales interesantes, tres puestos de acceso a internet gratuitos, un sitio donde chavales marroquíes podían hablar con sus familias a través del ordenador. Un día me llamó alguien de BMG, que querían usar nuestro local para hacer el casting de una especie de OT (Operación Triunfo) para inmigrantes. Ese día me pregunté ¿qué estoy haciendo mal para que BMG crea que puede usarme para dar una nota de color a su estrategia mercantil? Y pregunto a las autoproclamadas vanguardias culturales, ¿no te da que pensar que el capitalismo esté encantado contigo?

"La división entre el yo soy artista-tú no eres artista le viene muy bien al capitalismo"


M.O.: ¿Por qué dices autoproclamadas?
V.L.:
Porque ser vanguardia es algo que te reconocen los demás, que se gana, no es algo que te puedas proclamar tú a ti mismo.

M.O.: Cuando muere Franco hay expresiones de contracultura muy potentes en España, ¿fueron derrotadas o cooptadas?
V.L.:
La movida jugó el papel fundamental de apostar todo el sector a una cultura de consumo. Por ejemplo, me parece admirable toda la corriente cultural del rock radical vasco, me encanta Kortatu, La Polla Records, Cicatriz,... sin embargo conviene reconocer que fue la banda sonora de una derrota. Soy de una familia bastante pobre, pero aspiracional, que siempre ha vivido en urbanizaciones cerradas, ahorrado mucho para que yo pudiera ir a colegios privados, que para mí es el grado máximo de alienación, y en ese ambiente cerrado, en el que no había muchas grietas por donde entraran contenidos de izquierdas, es triste pero el marxismo no me lo explicó ningún maestro ni nadie de mi familia, sino un punky como Evaristo, me parece un claro síntoma de la derrota.

M.O.: Con el trap ha pasado justo lo contrario.
V.L.:
En el libro utilizo el término prosistema, lo podría haber utilizado igualmente con los hípsters en el anterior libro; si nosotros somos antisistema, ellos son prosistema. El filósofo y profesor de la Carlos III, Fernando Broncano, ha escrito un libro titulado “Cultura es un nombre de derrota”, y afirma que llevamos décadas llamando modernizar a destruir lazo social. Todo lo que llamamos ser moderno, estar a la última, contemporáneo, vanguardista, rompedor, transgresor, es destruir lazo social, ser mejores que los demás, fomentar el individualismo. El trap está entre estas cosas, Yung Beef ha salido en la portada de El Pais Semanal para mandar el mensaje de que hay que vestir ropa cara, los conciertos de Tangana los puede patrocinar una multinacional de teléfonos móviles, ambos suenan en la radio cuando durante veinte años no han hecho ni puñetero caso al rap de barrio, a Kase O, a Los Chikos del Maíz, a El Club de los Poetas Violentos. No tiene nada que ver el apoyo comercial financiero que ha tenido el trap con el que ha tenido el hip hop, ahí tienes el talento de un tipo de Mieres, de las cuencas, que hace un rap cáustico como Arma X que no sale en las radios ni lo llevan a los late night a hacerle entrevistas. Entre Alaska y la Polla Records el sistema elige a Alaska. Camela era el grupo que más discos y sobre todo cassetes vendía y no salían en los medios porque eran gitanos pero Los Planetas, Australian Blonde y todos estos estaban todos los días en la portada del Tentaciones y en Radio3. ¿Qué mensaje mandan, en el fondo, Los Planetas? Promocionan la melancolía y meterte dentro de tu mundo privado, sentirte más sensible que los demás. Ahora los escucho y me sangran los oídos.

Otra cosa que caracteriza a todos estos es el narcisismo, pensar que tú eres lo máximo y que los políticos más inteligentes son los que dicen que tú eres el bueno, es muy peligroso pensar que la cultura que consumimos no nos afecta. ¿Es casualidad que al político que más respeta J, el cantante, sea Eduardo Madina, que apoyó a Susana Díaz?

M.O.: Se ha debatido mucho sobre el apoyo institucional o la falta de él a las expresiones culturales pero, ¿y la empresa privada, el mundo de la publicidad y los patrocinios?
V.L.:
Hablo bastante de publicidad en el libro. Creo que el rockero que más anuncios ha hecho en España es Loquillo. Le llaman para campañas de seguros de coches, las conversaciones del Banco de Sabadell... la pregunta que hay que hacerse es por qué le interesa al capital la imagen de Loquillo, quieren vender las ideas neoliberales como algo transgresor, antisistema; por qué una casa de apuestas elige al Chojín en vez de a La Oreja de van Gogh, quieren a un rapero para vender el capitalismo como algo excitante y desafiante. El crítico cultural Alberto Santamaría ha explicado muy bien por qué se insiste tanto en la creatividad como concepto, porque es un justificante de la desigualdad. Si eres pobre y vives en un piso de 30 metros es porque no eres suficientemente creativo, si alguien se mete en la creación para ganarse la vida, la única manera que tiene es entrar por el aro, si te sales de la dictadura del mercado te estás jugando el pan. En el mundo laboral sucede igual, los departamentos de Recursos Humanos saben perfectamente que a determinadas opciones críticas corresponden opciones estéticas. Si vas a una entrevista de trabajo no te puedes poner una camiseta de Rosendo, hay que ir disfrazado de hípster, no te digo ya si buscas trabajo en la Fnac o alguna librería de este tipo. Ser hípster muchas veces es un imperativo laboral.

"En quince años Sónar se ha convertido de una fiesta alternativa organizada con precios asequibles a una apología del capitalismo"


M.O.: Atilio Boron nos decía que la izquierda, especialmente la europea, había abandonado el espacio de las cuestiones materiales y que ese hueco lo estaba ocupado la extrema derecha, y que eso es responsabilidad de la izquierda, ¿qué tiene que ver esto con lo que has escrito sobre la movida?
V.L.:
Tiene que ver absolutamente. Cuando empecé a interesarme por contenidos de izquierdas, en el cambio de siglo con el No Logo de Naomi Klein, con las manifestaciones contra el Banco Mundial y el FMI, estaba muy de moda el copyleft, se hizo apología de las nuevas tecnologías y ahí se olvidó la izquierda totalmente de las cuestiones materiales, se iba a conseguir un conocimiento colectivo distribuido de forma libre y nadie cayó en la cuenta de que todo ese dinero va a Sillicon Valley, con la extensión neoliberal de las nuevas tecnologías en una especie de turbocapitalismo que garantiza el flujo financiero hacia los paraísos fiscales mientras nos obnubilamos con Twitter, Facebook, AirBnB o Uber.

Afortunadamente, ahora comienza un discurso crítico, ahí están Remedios Zafra o César Rendueles. Sí, nos hemos olvidado de las cuestiones materiales, he llegado a escuchar en Lavapiés a una autora de ensayos críticos diciendo que Internet era el nuevo LSD, Internet será un LSD estético pero es una pesadilla material. La tecnología no es neutra.

M.O.: Sueles darle muchísima importancia al encuentro físico, real, presente, para la construcción de la alternativa.
V.L.:
Sí, con las nuevas tecnologías parece que no hace falta que te encuentres con gente, ni debatir con gente cara a cara. Fernando Broncano me decía que ser sindicalista no consistía en levantar la bandera roja más alto, ser sindicalista era ir todos los días del año con los compañeros de trabajo a tomar un café, a la taberna, a escuchar. Ahora tienes un problema laboral y te mandan a un abogado, se dan soluciones burocráticas, los liberados sindicales aparecen en un estrato superior, se dan respuestas burocráticas y en el sistema a los problemas materiales que el propio sistema crea, y se rompen los vínculos sociales.

Igual ha sucedido con el ocio o la cultura, cuando los jóvenes ingleses, en el período de Thatcher no podían acceder al ocio porque no tenían dinero para ir a una discoteca, donde además te miraban si llevabas calcetines blancos o negros y no te dejaban entrar, lo que hicieron fue organizar sus propias fiestas, las raves, apareció el éxtasis y era muy barato estar toda la noche de fiesta, pero había que organizar ese ocio alternativo, los pijos tienen las discotecas nosotros tenemos las raves. Fuera del mercado, se crearon lazos sociales porque había que escoger un sitio adecuado, asegurarse de que la policía no llegara, asegurar que había agua para todo el mundo, que todo el mundo va a estar a gusto, que hay un sistema de sonido potente.

Esa explosión, que va desde el 88 hasta mediados de los 90, el sistema lo contrarresta apropiándoselo y mercantilizándolo. Propuestas como el Sónar, reservan el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona y las naves de la Fira de Barcelona, llaman a los patrocinadores, ponen unos precios altísimos a las entradas y a la bebida para que accedan los que tienen dinero o los “currantes” que ahorran todo el año, se contrata seguridad privada. En quince años se ha convertido una opción alternativa organizada con precios asequibles (las raves), en una apología del capitalismo como el Sónar, donde desde que compras la entrada del Sónar hasta que llegas al primer escenario, has visto cien anuncios de coches, de telefonía, de bebidas. Antes comprabas la entrada, ibas a un concierto y te ibas a tu casa o seguías con tus amigos, ahora es muy difícil ir a un concierto que no esté patrocinado, te quedas con la idea del capitalismo cool, esas marcas molonas que llevan a tu ciudad a tu grupo favorito. Si algo ha demostrado el mercado publicitario es que es mucho más listo que nosotros, tiene muchos más conocimientos y conoce las estrategias a la hora de transmitir mensajes y valores, por eso van ganando.

M.O.: ¿Y cuál es la alternativa?
V.L.:
La izquierda ha perdido el concepto de obligación, el sistema nos convence de que ya no somos trabajadores, sino consumidores. Los consumidores no tienen obligaciones, sino elecciones, y lo que debe de recuperar la izquierda es que estamos obligados al apoyo mutuo con nuestros compañeros de trabajo, con nuestros vecinos del barrio, con nuestras parejas, con nuestros amigos, qué podemos hacer para que esto mejore, humanamente es más saludable. Y debatir con seguridad y sin miedo a la incorrección política. Por ejemplo, Monereo, Illueca y Anguita han lanzado una propuesta y los ataques que han sufrido son indecentes. No estoy de acuerdo con algunas cosas de esa alternativa, pero es ridículo que se pongan a llamarlos viejos comunistas, fascistas, rojipardos, a tres figuras importantísimas de la izquierda de este país. No digo que tengan toda la razón, no voy a eso, pero lo que no se puede hacer es que haya una propuesta seria como ésta y despacharla con insultos. Cuando se hacen propuestas antipáticas no se debate. El trabajo que tenemos por delante para defender nuestra alternativa es duro y será antipático.

Publicado en el Nº 321 de la edición impresa de Mundo Obrero noviembre 2018

En esta sección

Las Brigadas Internacionales, un día de octubreRTVE y servicio públicoLa verdad de la guerra8 novelas sobre la TransiciónBertolucci, unas notas en el acordeón

Del autor/a

El congreso 'Pensar con Marx hoy' confirma la irrupción del marxismo en la juventudAtilio Borón: "Los imperios en descomposición se vuelven aún más agresivos"Angelines Díaz: "A los del Tribunal Supremo se les ha visto el plumero"Víctor Lenore: “La movida fue un movimiento político, militante, dogmático y panfletario en defensa de la sociedad de consumo”En defensa del derecho a decidir