Marx y menos

Yo sí soy marxista No deja de sorprenderme que se hable tanto de marxismo y tan poco de comunismo.

Constantino Bértolo 20/11/2018

-Hola Menos, ¿cómo te va la vida?

- Pues que quieres que te diga Karl, para un jubilado la vida es más un sinvivir que otra cosa. Con llegar a fin de mes casi todos aguantamos, cabreados pero aguantamos. Encima Solchaga, que fue un ministro del gobierno socialista de Felipe González dice que cobramos más de lo debido.

-Te comprendo Menos, te comprendo, cuando pienso en los partidos socialistas se me abren las carnes aunque ya cuando aquello del programa de Gotha avisé de la tendencia del socialismo vulgar a entender el socialismo como una doctrina que gira principalmente en torno a la distribución.

- Sí, y ahí está la raíz de todos los reformismos y de las políticas de los paños calientes. Curioso que ahora con lo del bicentenario y tal se hable tan poco de ese texto.

- La verdad, y como ya te dije, entre tanto y tanto homenaje a veces veo cosas que me mosquean más que bastante.

- ¿Como qué?

- Pues que no deja de sorprenderme que se hable tanto de Marx y de marxismo y tan poco de comunismo que es al fin y al cabo la propuesta de horizonte que da sentido a mis obras. Ese es el marco donde mis palabras se hacen significado, movimiento, acción. Siempre he pensado que para que un texto, el Capital por ejemplo, logre real influencia es necesario que sus palabras, sus propuestas y afirmaciones sean parte viva de una práctica compartida, de un proyecto colectivos, de un horizonte en marcha. Con esto del cumplesiglos se habla mucho de mí, a veces bien, a veces mal y otras medio bien o medio mal pero casi siempre como si me estuvieran perdonando la vida.

- Pero eso Marx es señal de que tu pensamiento sigue vivo. Que se te discuta revela que no estás muerto como muchas veces se ha venido diciendo. Acuérdate de como antes de las crisis tantos y tantos ya te daban por enterrado.

- Y bien que agradezco que me hayan invitado a estar presente en tantos y tantos congresos, seminarios o mesas redondas pero no puedo quitarme de encima la idea de que me están convirtiendo, queriendo o sin querer, en mera semántica, en materia de tesis y contratesis, en simple ocasión para la falacia semántica.

- Y qué es eso.

- Pues ir por la vida y por la política y por la revolución como si el mundo solo estuviera hecho de palabras. Y esa falacia es peligrosa porque nos lleva a olvidar que la realidad no son solo palabras. Diría incluso que el lenguaje es solo una de las formas de comunicación humana y acaso no la más importante por mucho que el humanismo se empeñe en lo contrario. En eso el capitalismo es más materialista. Cada fin de mes habla con el sueldo, y con esa materialidad monetaria concreta que nos “da”, no solo logra esconder el robo de la plusvalía sino que consigue hacernos pensar que vivimos gracias a los empresarios que nos “dan” trabajo. El capitalismo habla también a través de hechos como la Seguridad Social o la Educación Pública, que te operas “gratis” en el hospital si te pones malo y que enseñan “gratis” a nuestras hijas a aprendan a leer, escribir, algebra e informática pero con ese “gratis” que en gran parte pagamos nosotros. No vemos que las llamadas “políticas del bienestar” no son otra cosa que la forma con que el Estado subvenciona a los empresarios haciéndose cargo vía impuestos de parte de los gastos de reproducción de la fuerza del trabajo que de no ser así el Capital tendría que asumir.

- Vamos, que nos curan y nos educan a la mejor salud y beneficio del empresario.

- Pues sí y aunque luego se les llene la boca hablando de cultura el capitalismo no son meras palabras y no se puede luchar contra él con meras palabras. Es necesario que el proletariado ponga en marcha sus propio lenguaje, sus propios hechos y actos, su materialidad: huelgas, manifestaciones, boycots, defensa propia, enfrentamientos. El lenguaje del proletariado debe ser concreto y palpable. El proletariado habla a través de sus luchas y es ese luchar lo que yo entiendo por marxismo. En algún momento y con ironía dije aquello de “yo no soy marxista” pero que nadie se equivoque: yo sí soy marxista: me organicé y ayudé a crear organizaciones, milité en esas organizaciones, me enfrenté al poder y fui a prisión cuando fue necesario.

- Pero también tus obras formaron y forman parte de la lucha

- Sí, pero la validez de un movimiento organizado nunca puede ser equiparada a la de un texto aunque en él se encuentren pautas que siguen siéndolo. Solo la revolución es revolucionaria y aquí parece que todos se conformaran con escribir el prólogo y el prólogo del prologo. Y vayámonos ya que hoy hay que rodear ese juzgado de lo social que ha emitido la sentencia que declara que los repartidores que colaboran con Glovo no son falsos autónomos sino trabajadores que eligen “libremente” trabajar o no trabajar para esas empresas. Una vez más la libertad de los esclavos.

Publicado en el Nº 320 de la edición impresa de Mundo Obrero octubre 2018

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