Ni dios ni amo

Futuro Mientras voces sesudas claman por el fin del ser humano como fuerza de trabajo, ...se siguen manteniendo los mismos inservibles estatus, nacidos generalmente de la estirpe y el abolengo o del compañero de pupitre que te tocó en el colegio de pago.

Benito Rabal 22/11/2018

Un compañero me ha mandado un mensaje diciendo que Rajoy, no se sabe si Mpunto o Mariano a secas, ganará un millón y medio al año como Registrador de la Propiedad. Bien, me alegro por él. No sé muy bien cómo funciona dicho menester, pero me imagino que consistirá en comprobar que la propiedad no está previamente registrada, anotar el nuevo propietario en su historial, dejar constancia del registro y, eso sí, cobrar una pasta gansa. Y entonces uno piensa, ¿para qué vale hoy en día un Registrador de la Propiedad? ¿No hay satélites que miden con exactitud micrométrica las coordenadas, softwares de reconocimiento, firmas digitales y un sinfín de artilugios informáticos que constaten tanto nuestros datos como los de las anteriores vicisitudes de la propiedad en cuestión?

Lo mismo me sucede con un montón de trabajos, que casualmente, aparte de ser los mejor pagados, resultan imprescindibles a la hora de dar un paso en este mundo donde el dinero es dios y la burocracia su cabeza visible en la tierra.

Por ejemplo, los notarios. ¿Para qué necesito que alguien que no me conoce de nada me diga que soy quien soy, si ya existe, no solo mi palabra asegurando ser aquel que digo ser, sino también la huella digital, el reconocimiento por el iris o el ADN?

O los Embajadores, que esos sí que pillan cacho. ¿Sueldo, casa, coche, dinero para mobiliario, servicio y extras para fiestas y jolgorios, cuando existe la videoconferencia o cuando cada vez que hay el mínimo problema en el país dónde ejerce su cometido, se desplaza el ministro de turno al lugar del conflicto? No hablo de cónsules o agregados que hacen una labor administrativa, sino de algo tan caduco hoy en día -¡ en la era de la globalización, en el fin de las distancias! - , como un representante del jerarca de turno a la manera de Cook, pero sin la posibilidad de que se lo coman los lugareños.

Podría seguir enumerando cargos que en este futuro que es nuestro presente, me resultan del todo obsoletos, Reyes e Infantas incluidos, si es que eso puede considerarse trabajo, pero el espacio de la columna no da para más.

No seré yo quien pretenda dejar a gente en el paro, menos aún a quienes no están acostumbrados a sentir esa desazón que te recorre el cuerpo cuando faltan tres cuartas partes del mes y ya te has fundido el jornal. Pero mientras voces sesudas claman por el fin del ser humano como fuerza de trabajo, mientras teórica y, desgraciadamente en la práctica, se coloca a las personas en el rango de lo prescindible, se siguen manteniendo los mismos inservibles estatus, nacidos generalmente de la estirpe y el abolengo o del compañero de pupitre que te tocó en el colegio de pago, faltaría más.

A lo mejor es que este moderno mundo digitalizado no se lo creen ni aquellos que lo controlan, Vamos que o no se fían o hacen trampas y quieren seguir haciéndolas.

O a lo mejor es que esto del futuro solo se nos ha caído encima a los pobres, a los trabajadores, a los mortales.

Publicado en el Nº 320 de la edición impresa de Mundo Obrero octubre 2018

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