La alianza Pekín-Moscú avanza que el mundo unipolar ha dejado de existirAnuncio en Vladivostok Estados Unidos define a China y Rusia como “enemigos” y abre una impredecible situación geopolítica en el mundo

Higinio Polo 22/11/2018

El reciente encuentro en Vladivostok de Xi Jinping y Vladímir Putin, en el inicio de las maniobras militares conjuntas de los dos países y Mongolia (Vostok-2018) desde el estrecho de Bering hasta la península de Corea, fue la constatación de la alianza estratégica entre Moscú y Pekín. Pocas semanas después de que Michael Wolff explicara en su libro el caos, las filtraciones y mentiras con que gobierna Trump la Casa Blanca, Xi Jinping mostraba su preocupación en Vladivostok por el proceder de Estados Unidos, cuya política exterior ha abierto una “impredecible situación geopolítica” en el mundo, según afirmó el presidente chino. Esas gigantescas maniobras militares Vostok-2018, llegaron tras dos preocupantes avisos: la aprobación de la National Security Strategy, donde Estados Unidos define a China y Rusia como “enemigos”, y la publicación por el Pentágono, en mayo de 2018, de un alarmante informe sobre la capacidad militar china, donde mantiene que Pekín está consiguiendo “capacidad para atacar a Estados Unidos”.

Los signos de preocupación son numerosos: el rearme del Pentágono, la guerra comercial lanzada contra China, la presión sobre Alemania a propósito de Rusia; la tensión con Turquía, el establecimiento de bases militares norteamericanas en el norte de Siria y el apoyo a grupos terroristas, además de la ruptura unilateral del acuerdo 5+1 con Irán, con la amenaza de una nueva guerra en Oriente Medio, sin olvidar la presión en América Latina y la complicidad con el gobierno golpista ucraniano de Poroshenko (cuyos servicios secretos son responsables del reciente asesinato de Aleksandr Zajárchenko, el dirigente del Donbás), que mantiene un peligroso foco de guerra en Europa oriental, configuran un alarmante escenario. Por añadidura, Xi Jinping y Putin no olvidaban los escudos antimisiles norteamericanos en Europa y Asia (con George W. Bush, Washington abandonó el Tratado ABM, que prohibía desplegar armamento nuclear en el espacio y limitaba los sistemas antimisiles), y las malas perspectivas para la negociación de un nuevo acuerdo nuclear que sustituya al START III, en vigor hasta 2020.

El presidente norteamericano había declarado al inicio de su mandato la intención de mejorar la relación con Rusia, pero Moscú ha recibido, en cambio, nuevas sanciones económicas, ha visto el reforzamiento del dispositivo militar norteamericano y de la OTAN en sus fronteras europeas, agresivos patrullajes aéreos y navales en el Báltico y el Mar Negro, ha advertido la complacencia con que Trump acogió, en septiembre de 2018, la propuesta del presidente polaco, el ultraderechista Andrzej Duda, de crear una base militar permanente norteamericana en su país, y comprueba el sabotaje estadounidense al gasoducto Nord Stream 2 (que entrará en funcionamiento en 2019) para llevar gas ruso a Alemania a través del Báltico. Al tiempo, Estados Unidos sigue acusando a Rusia de intervenir militarmente en Ucrania, de injerencia en las elecciones y de ataques cibernéticos. Como si quisiera contribuir a todas esas alarmas y a las reclamaciones de más recursos que hace el Pentágono, el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS), en su informe anual, The Military Balance 2018, mantiene que China y Rusia “desafían el dominio global de Estados Unidos”, y especula con la “pérdida de superioridad aérea” de Estados Unidos.

Además de la presión diplomática norteamericana y del griterío de los medios de comunicación conservadores, Washington presiona sobre la Rusia europea, desde el Báltico al Mar Negro, alimenta grupos terroristas en el Cáucaso y Asia central, mantiene la opción de incorporar a Ucrania y Georgia a la OTAN, y, en oriente, con la excusa de la “libertad de navegación, despliega la USAF y la US Navy en los límites del espacio aéreo y marítimo chino, en evidente provocación, y en el Mar de China Meridional y la península coreana y Japón. Washington quiere contener el fortalecimiento chino y mantener a Rusia en una posición secundaria (sin abandonar, incluso, la hipótesis de partición del país), pero el encuentro de Vladivostok de Xi Jinping y Putin, la articulación de una alianza Pekín-Moscú, arropada por la OCS, limita el predominio norteamericano y anuncia que el mundo unipolar ha dejado de existir.

Publicado en el Nº 320 de la edición impresa de Mundo Obrero octubre 2018

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