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Pero... ¿en qué país vivimos? La reconciliación no es el olvido... y la reconciliación sin justicia es imposible.

Asociación Foro por la Memoria Democrática 02/11/2018

Mientras que el nuevo relator especial de Naciones Unidas para España, Fabián Salvioli conferenciaba en sede parlamentaria sobre la necesidad de juzgar los crímenes del franquismo y alababa la decisión del gobierno de Pedro Sánchez por iniciar los trámites de exhumación de los restos de Franco (para que el Valle no continúe siendo un monumento oprobioso para las víctimas de la represión durante la Guerra y dictadura, decía), la familia del dictador además de presentar toda una batería de alegaciones contra esa decisión, requería para el acto del nuevo enterramiento, honores militares, cargas de fusilería y tantas salvas de cañonazos como correspondan al protocolo fúnebre además de la interpretación musical completa del himno nacional. En román paladino, honores de jefe de Estado.

Y a la misma vez que el señor Salvioli manifestaba que España tiene un sistema democrático completamente consolidado, con un amplio consenso social para la investigación de los hechos en relación con los crímenes cometidos durante la dictadura, se vienen una vez más a plantear problemas para llevar adelante el proceso. Problemas que se resumen en el empeño de mantener la falaz dignidad política y personal del dictador y, por tanto, de su reconocimiento. Y para ello, la familia, que es propietaria de un espacio sepulcral en la cripta de la catedral capitalina, indica tal lugar como destino definitivo de los restos del patriarca; santo lugar de ambiente neorománico muy del gusto patrio del fallecido -recordemos que por su casa pululan tallas del maestro Mateo, escultor románico de verdad, expoliadas al consistorio de Santiago durante su virreinato- y cerca de la icónica plaza de Oriente, escenario singular de las exaltaciones populares al generalísimo, al franquismo y hasta a Evita Perón; en ella se despidieron también los restos del dictador hacia su primer entierro. Se avista que pudiera pretenderse algo similar con esta nueva oportunidad de sepelio.

Y en medio de todo este sin sentido, aparece la iglesia católica para dar bendiciones a los suyos, ya que -dice- es obligación dar a todo bautizado un entierro cristiano. En definitiva, que no se opone a la inhumación en la cripta del recinto catedralicio, lugar patrimonio de la iglesia católica pero abierto al público en general y a donde acuden diariamente numerosos turistas y vecinos de la Villa a conocer la obra arquitectónica del Marqués de Cubas. Sí, la misma curia diocesana que colaboró estrechamente con el difunto durante la guerra y que tanto se implicó en el establecimiento y consolidación del régimen, en la represión de los vencidos y en la reeducación de las nuevas generaciones de españoles; la misma jerarquía eclesial que arrojó en el olvido a aquellos sacerdotes que mantuvieron ideas democráticas tras el golpe fascista de aquel 18 de julio. Esta misma iglesia que mantiene estructura y actividad a partir de los presupuestos de un Estado aconfesional y democrático pero que aún no ha pedido perdón a las víctimas de la represión por haber participado del régimen fascista español.

No sabemos si el Papa de Roma está enterado de que podrá ser en unos meses custodio de los despojos del caudillo franquista; habría que tenerle al tanto para que no se encuentre de sopetón ante hechos consumados, si es que su santidad mantuviera opinión distinta a la de sus correligionarios carpetovetónicos y pudiera intervenir para remediarlo.

Pero debemos quedarnos con lo dicho por el relator Salvioli: para él, la reconciliación no es el olvido, no ve que haya ningún impedimento para juzgar los crímenes de la dictadura y señalar a sus responsables, porque -insiste- la reconciliación sin justicia es imposible.


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Publicado en el Nº 320 de la edición impresa de Mundo Obrero octubre 2018

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