La cultura clientelar y corrupta de la dictadura transmutó a nuevas formas con el mismo contenido perverso40 años de transición hacia la democracia Es imposible concebir la democracia sin el PCE y sin la incesante lucha del movimiento obrero por las libertades durante largas y difíciles décadas.

Alberto Garzón Espinosa 23/11/2018

Suele olvidarse a menudo que la democracia fue el resultado de la incesante lucha del movimiento obrero por las libertades durante largas y difíciles décadas. La conquista de las libertades civiles y los derechos sociales solo puede ser entendida si atendemos al empuje democratizador del movimiento obrero y, en particular, de su actor más relevante entonces: el Partido Comunista de España. Aunque con posterioridad las élites políticas y económicas han tratado de ocultar esta realidad, mitificando el papel de instituciones como la monarquía e ignorando el crucial papel de las luchas obreras, definitivamente.

Se cumplen 40 años de la aprobación en referéndum de la Constitución de 1978. Un hito que marcó en nuestro país la Transición a la democracia, su vuelta tras el Golpe de Estado de 1936. Suele olvidarse a menudo, especialmente en las recientes conmemoraciones oficiales, que este hecho fue el resultado de la incesante lucha del movimiento obrero por las libertades durante largas y difíciles décadas. La conquista de las libertades civiles y los derechos sociales solo puede ser entendida si atendemos al empuje democratizador del movimiento obrero y, en particular, de su actor más relevante entonces: el Partido Comunista de España. Aunque con posterioridad las élites políticas y económicas han tratado de ocultar esta realidad, mitificando el papel de instituciones como la monarquía e ignorando el crucial papel de las luchas obreras, definitivamente es imposible concebir la democracia sin el PCE.

"Es el momento de completar la transición a la democracia (…) y que ésta llegue a donde aún no ha penetrado"


No obstante, es obligado recordar que toda Constitución es el reflejo de la correlación de fuerzas en un determinado momento histórico; reflejo de la lucha de clases. De ahí que el empuje del movimiento obrero permitiera la conquista de innumerables derechos que hoy disfrutamos, pero también que la fuerte resistencia de las élites franquistas permitiera preservar algunas prerrogativas conservadoras e incluso reaccionarias en la propia Constitución. Así, nuestra Constitución tiene elementos de notable avance social que deben atribuirse al anhelo democratizador de la izquierda antifranquista, pero también contiene elementos reaccionarios que directamente son atribuibles a fuerzas sociales como el ejército y la oligarquía franquista. Dicho de otra forma: las circunstancias específicas de nuestro país impidieron una ruptura con la dictadura, del tipo de la que se produjo en otros países europeos tanto después de la II Guerra Mundial como más recientemente en casos como el de Portugal, lo que facilitó la pervivencia de cierta influencia, determinante en algunos momentos, de las fuerzas que sostuvieron la dictadura.

Sólo así se entiende que durante la Transición no se produjese ningún cambio sustantivo en la estructura de poder de nuestro país, lo que es especialmente sangrante en el caso de la monarquía y de las oligarquías económicas pero que sin embargo afectó también a aspectos centrales de instituciones como el Poder Judicial y el Ejército. Además, en ausencia de una ruptura con el franquismo, la cultura clientelar y corrupta de la dictadura también transmutó a nuevas formas pero con el mismo contenido perverso. En ocasiones incluso se ha tratado de los mismos personajes, de las mismas élites empresariales que enriquecidas con el franquismo siguieron llenándose los bolsillos en democracia. Todo esto es parte de las insuficiencias notables de nuestra democracia actual, todo aquello que no pudo afrontarse debido a la correlación de fuerzas y que ahora sufrimos y pagamos en múltiples formas. Cabe recordar que la actividad corrupta de la monarquía, con sus negocios oscuros en Arabia Saudí y también con la mediación en contratos públicos como puso de relieve el caso Noos, son expresiones y síntomas de lagunas democráticas que no pudieron abordarse hace cuarenta años.

Transcurridos estos 40 largos años, es el momento de completar la transición a la democracia, continuar el heroico esfuerzo de nuestros padres y madres, abuelos y abuelas, que en un contexto de represión, torturas, cárcel y ausencia de derechos lograron conquistar los derechos de hoy, haciendo de nuestro país un lugar mucho mejor de lo que hubiera sido en ausencia de su lucha. Nuestro agradecimiento no puede ser sólo una cuestión de conmemoraciones sino el compromiso de mantener y extender su ejemplo, la lucha por la democracia y que ésta llegue a todos aquellos lugares donde aún no ha penetrado.

Publicado en el Nº 321 de la edición impresa de Mundo Obrero noviembre 2018

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