La Retranca

La familia irreal y el Banco de España

Dolores de Redondo 05/12/2018

Si algo tengo claro es que aquella a la que oficialmente denominan familia real española es, en realidad, la familia más irreal de España. La familia real es la que paga una crédito por su vivienda, lucha por llegar a fin de mes, visita la oficina del paro, sufre los recortes o se caga en el Supremo cuando este modifica una sentencia anterior y decide que el cliente pague el impuesto de las hipotecas. Tan anacrónica, absurda, irracional, insultante, obscena, repulsiva y antidemocrática resulta la existencia de una familia que ejerce la jefatura del Estado por sucesión dinástica, chupa vilmente los cuartos públicos y disfruta de exclusivos privilegios que, si en realidad tenemos que sufrirla “por la gracia de dios”, habrá que entender esa gracia como cachondeo puro y duro del inexistente creador.

Para muestra el último botón. La primera intervención pública de la princesa Leonor al cumplir su decimotercer cumpleaños es propia de un guión felliniano. Todo estaba hermosamente medido y calculado. Desde el púlpito del Instituto Cervantes leyó el artículo 1 de la Constitución, aquel que finaliza con la emotiva proclamación de la Monarquía parlamentaria como forma política del Estado español. El coro de grillos que cantan a la luna adornó el esperpéntico acontecimiento con sus titulares: “La hija de Felipe VI y doña Letizia leyó el artículo 1 de la Constitución con soltura, mirando con ritmo al público” (El País); “Leonor apuesta por su color favorito en su primera intervención pública” (La Vanguardia); “Parece que la Princesa de Asturias ha heredado el don de la oratoria de su madre”. La nota discordante la ha puesto El Mundo Today con un maledicente titular: “La princesa Leonor lee en público un artículo de la Constitución y se traba con la palabra igualdad”.

Por supuesto, por su presencia y sus dotes tienen merecidos con creces los emolumentos que reciben. El papá de la irreal familia, Felipe VI, ha aumentado los salarios de sus miembros en un pírrico 1,5%, cobrando unos míseros 242.769 euros brutos. Con este módico incremento, su majestad la reina Letizia cobra 133.530 euros, y el rey bis Juan Carlos I recibe 194.232 euros. Sin embargo, para darnos un baño de realidad, el gobernador del Banco de España se ha apresurado a asegurar que la subida del salario mínimo interprofesional a 900 euros acordado por Unidos Podemos con el Gobierno para los próximos presupuestos generales del Estado puede provocar la destrucción de 150.000 empleos. Y se ha quedado tan pancho.

Solo hay que echar un vistazo a los informes anuales del Banco de España para comprobar sus dotes adivinatorias, su destreza en las previsiones económicas y, por supuesto, la desmedida preocupación y angustia por el posible efecto negativo de sus recomendaciones económicas entre las clases populares. Para el Banco de España, la clase trabajadora es el faro sus decisiones, porque el humanismo guía sus pasos. Sin ir más lejos, su Informe Anual de 2007 aseguraba que “la posición financiera de los bancos sigue siendo sólida y el efecto directo de las turbulencias fue muy limitado”. Transcurrida una década, sufrido ya el hostiazo económico, los rescates bancarios, los recortes, el paro generalizado, los desahucios y los escándalos financieros, aún afirmó que “el tipo de negocio internacional de las entidades españolas les ha permitido resistir los efectos de la crisis mejor que otros sistemas bancarios europeos”. A pesar de dar por perdidos 60.600 millones, el 79% de las ayudas del rescate a la banca. Por eso es normal su preocupación por la pérdida de empleo en caso de aumento del salario mínimo.

Sin embargo, el informe económico anual elaborado por las 3.254.703 paradas en el mes de octubre asegura que es más conveniente subir el SMI, y enviar al paro a la familia irreal, a los ejecutivos de la banca y a los popes del Banco de España. Al parecer, son pérdidas de empleo que solo una minoría lamentaría, aseguran.

— Y digo yo... ¿aquí no haría falta una Revolución?

— Y luego, ¿por qué me lo preguntas?

Publicado en el Nº 321 de la edición impresa de Mundo Obrero noviembre 2018

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