El tren de la memoria

La verdad de la guerra La retirada de EE.UU del acuerdo INF incrementa el riesgo de guerra o accidente nuclear en Europa y al mismo tiempo mira hacia China.

Mariano Asenjo Pajares 10/12/2018

“La guerra es una cuestión
que hay que reflexionar detenidamente”.

(El arte de la Guerra, Sun Tzu)

Donald Trump anunció hace unas semanas que Estados Unidos retirará a su país del Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio con Rusia que firmaron en 1987 el entonces secretario general del Partido Comunista de la antigua URSS, Mijaíl Gorbachov, y el presidente de EEUU, Ronald Reagan. En el momento de su rúbrica, el INF (siglas en inglés) fue considerado histórico y uno de los elementos clave en la relajación de las tensiones de la Guerra Fría.

La medida es muy grave y profundiza en el desmantelamiento de los grandes acuerdos que moderaron la tensión nuclear entre las dos superpotencias. Siempre por iniciativa de Estados Unidos, esos acuerdos han sido anulados (ABM, INF), ignorados, o recortados. Se mire como se mire, la quimera de la hegemonía unipolar de Washington lo ha puesto todo patas arriba. En las actuales condiciones la posibilidad de choques entre potencias nucleares es solo una cuestión de tiempo. Nadie con un mínimo sentido objetivo habla ya de “responsabilidades compartidas” y de “expansionismo ruso”, y en caso de duda miremos el mapa: las fricciones no tienen lugar en el Golfo de México, ni en Canadá. Los escenarios delatan al macho alfa de la provocación.

La retirada de Estados Unidos del acuerdo INF contribuye a esa insana degeneración, incrementa el riesgo de guerra o accidente nuclear en Europa y al mismo tiempo mira hacia China. El acuerdo de 1987 impedía a Estados Unidos desplegar armas nucleares tácticas. Ahora, fuera de él, Washington puede desplegarlas alrededor de China, una potencia no afectada por aquel compromiso, y de Corea del Norte, la obsesión del enajenado John Bolton, consejero de seguridad nacional del no menos enajenado Trump.

El Presidente ruso ha advertido que sin el INF, “si Estados Unidos despliega nuevos misiles (nucleares) intermedios en Europa, las naciones europeas estarán en riesgo de un contragolpe (ruso)”. Y en Pekín el Presidente Xi Jinping comprende perfectamente que las sanciones y barreras comerciales de Trump no son una mera disputa comercial, sino una ofensiva directa contra el desarrollo y ascenso chino. ¡Ahí es nada!

En un discurso pronunciado recientemente Xi instó a sus militares a “concentrarse en prepararse para luchar y ganar en una guerra”. “Debemos aumentar las maniobras para disposición al combate, los ejercicios conjuntos y las maniobras de confrontación para mejorar la capacidad de las tropas y la preparación para la guerra”. Casi simultáneamente el ex jefe de las fuerzas militares americanas en Europa, Teniente General Ben-Hodges, lanzaba su pronóstico; “no es inevitable, pero creo que en los próximos quince o diez años tenemos una gran posibilidad de estar en guerra con China”.

Las potencias europeas, aunque hipotecada su seguridad y política exterior por la OTAN, también ven con preocupación la retirada americana del INF que abre un escenario de tensión nuclear en Europa. O sea, noticias buenas muy pocas, y menos para una UE todavía muy inmadura para según qué temas. Ya ocurrió en el pasado, de nuevo los mandatarios europeos están paralizados ante el evidente peligro de guerra que nos acecha.

Sería absurdo pensar que la decisión de abandonar el tratado nuclear anunciado por Trump fue adoptada de la noche a la mañana, pero no es menos obvio que la noticia explotó -¡qué casualidad!- en los días en que todos los focos estaban puestos en el gran escándalo en política exterior que ocupaba a la Casa Blanca, el hecho de que Arabia Saudí, gran aliado de EEUU, hubiera ordenado la muerte del periodista Jamal Khashoggi.

En los diccionarios de citas y en los manuales de comunicación brilla una consigna lapidaria: “la verdad es la primera víctima de la guerra”, y según parece todavía no hemos dado con el remedio.

Publicado en el Nº 321 de la edición impresa de Mundo Obrero noviembre 2018

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