Marx y menos

Construyendo la alegría Lo nuestro no es la fe sino la esperanza argumentada de que un día el trabajo no estará sometido al control de los propietarios de los medios de producción.

Constantino Bértolo 18/12/2018

-Hola Marx, me comentan los amigos que se te ve entre decepcionado y quejoso. Como si nada de lo que sucede en la realidad social te pareciese positivo.
- Pues no es así. Muchas de las cosas de las que he sido testigo este último año me han sorprendido muy positivamente.
-¿Por ejemplo?
- Pues para empezar la oleada de los movimientos feministas que crecieron y cuajaron alrededor de la huelga del 8M. Ver cómo la mujeres se movilizan de manera unitaria, ver cómo hacen frente a la opresión y a la explotación, ver cómo su actuar y moverse incide sobre la realidad y ver cómo ese empuje vive y se expande políticamente, me llena el ánimo de esperanza, de esa esperanza argumentada que es la esperanza que nos caracteriza a los comunistas.
- Me alegra que digas esto porque muchas veces y bastantes voces siempre te han reprochado tu ceguera frente al problema de la emancipación femenina.
- Cualquiera que haya leído mis reflexiones sobre el trabajo productivo y el trabajo improductivo habrá podido comprobar cómo siempre, a la hora de analizar los problemas de la subsistencia y reproducción de la fuerza de trabajo, es decir, de la clase trabajadora, he planteado el rol fundamental de las mujeres. Cierto que como hijo de mi tiempo, del que uno no puede salirse tirándose de las orejas, la cuestión directa de patriarcado estuvo fuera de mi esfera de intereses directos.
- Eso es lo que te reprochan.
- Yo ni estudié ni analicé la realidad con afán alguno hacia el mero conocer. Nunca pretendí hacer filosofía, antropología o sociología y si me apuras ni siquiera economía. Mi objetivo era la revolución y si hice teoría fue llevado en el afán de comprender y dar a conocer al proletariado las claves que podían ayudar a las clases trabajadoras a llevar adelante esa acción. Y evidentemente puse mayor acento en aquellas fuerzas sociales, el proletariado industrial, que, repito, en aquellos momentos, mostraba tener potencia, posibilidad y capacidad para realizar esa revolución. Y claro que dentro de esas clases trabajadoras existían mujeres que aportaban plusvalías de manera directa al capital pero, mayoritariamente, esa contribución se realizaba vía y bajo el sistema de opresión patriarcal que al capitalismo como sistema de producción le convenía mantener.
- Por eso te acusan de “productivista” en aquella etapa de su desarrollo .
- Si alguien no ve que en todos mis escritos la producción es el motor, pero la circulación y valoración de las mercancías ocupan espacios fundamentales, jamás podrá aceptar que siempre y en todo momento estoy hablando de la vida, de la vida que es y de la vida que no es pero podría ser. También hay gente empeñada en propagar que el comunismo es una cosa triste, una cosa uniformadora, autoritariamente igualitaria. Y no, precisamente porque nosotros sabemos bien que para alcanzar la igualdad ni se puede ni se debe tratar igual a los desiguales.
- Veo que vuelves a las quejas Marx y luego dirás que por qué te llaman gruñón.
- Es que como casi diría aquel poeta: yo no me resigno pero tampoco me desespero, me cabreo. Vivimos todavía en plena maldición bíblica: “y te ganarás el pan con el sudor de tu frente” menos los capitalistas que se lo ganan con el sudor “de la frente ajena”. Más que vivir sobrevivimos.
- Ya, ya, pero del deseo de transformar el mundo los capitalistas y su voceros se mofan hablando del paraíso comunista.
- Nunca hemos prometido ningún paraíso. Lo nuestro no es la fe sino la esperanza argumentada. La esperanza de que llegue un día en el que el trabajo, eso que nos hace personas humanas, no estará sometido al control de los propietarios de los medios de producción. Y esa esperanza se gana y conquista en las calles, en los fábricas y oficinas, dentro y fuera de las casas, en los medios de comunicación, en la militancia política, en los movimientos sociales, en los trabajos productivos y en los trabajos reproductivos, en las organizaciones de crítica, reflexión y combate. Construyendo alegría.

Publicado en el Nº 321 de la edición impresa de Mundo Obrero noviembre 2018

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