El problema es Europa

J.M. Mariscal Cifuentes. Director de Mundo Obrero 30/01/2019

"España como problema, Europa como solución”. La sentencia de Ortega retumba en nuestros oídos desde mucho antes de nuestra incorporación a la CEE en 1986. Nuestra adhesión al club europeo era la garantía de que la libertad y la democracia habían venido para quedarse. “Y ahora por fin, ya somos europeos”, ironizaba Antonio Ozores en el 1,2,3... más de 30 años después, Europa no es la solución sino el problema. La UE se ha erigido como obstáculo para el desarrollo económico de los pueblos y les ha robado su soberanía, ha constitucionalizado lo que antes era una opción política convirtiendo en dogma de ley la vulgata neoliberal. Llegan las elecciones europeas y desde las páginas de Mundo Obrero os ofrecemos este mes el inicio de un recorrido por la realidad concreta de distintos territorios de la Unión Europea. Comenzamos con cuatro países como Alemania, Italia, Hungría y Reino Unido. El nacionalismo más peligroso que habita el proyecto europeo es el alemán, pues en torno a él se ha articulado la situación de dependencia y subalternidad económica de la periferia europea, con unas políticas obligadas para todos los socios que priorizan los intereses de uno de ellos, el más exportador y el acreedor de nosotros deudores. Italia, el país mediterráneo que siempre fue el laboratorio de la izquierda de la Europa occidental, donde la idea comunista fue aplastada con la autoinmolación temprana del P. C. I. Hungría, un país de la Europa del Este, incorporado tras la ampliación de la UE al “espacio vital” alemán de las economías del antiguo bloque socialista, sufridora de políticas de ajuste propias de psicópatas que ahora se muestran sorprendidos por el auge del nacionalismo xenófobo y totalitario. Y el Reino Unido, un país de países que ha roto con la UE, a pesar de haber mantenido soberanía monetaria con la libra esterlina.

Pendiente queda abordar en estas páginas, por ejemplo, la situación en Francia, con el movimiento de los chalecos amarillos, o la visión de los comunistas portugueses, de nuestros camaradas y hermanos, sobre la situación en su país en relación a la UE. Seguiremos hasta la cita del 26 de mayo llevando a nuestros lectores y lectoras la opiniones y análisis que nos permitan tener una idea amplia de la UE, de sus problemas y de las soluciones que el PCE e IU proponen para los problemas cotidianos del pueblo trabajador europeo.

Las soluciones a esos problemas son incompatibles con la UE y con el Euro. Por eso el PCE en su XX Congreso acordó una política basada en la necesidad de romper con la UE y con el Euro. El “ya somos europeos” de Ozores sigue formando parte del sentido común de época en España, la tarea de Mundo Obrero es ser una herramienta en manos de nuestros lectores para hacer ver que la defensa del taxi o del pequeño comercio, la garantía pública y universal de los derechos sociales, la organización y la movilización del mundo del trabajo, la igualdad salarial y la superación de la división sexual del trabajo, o el control público de las finanzas son incompatibles con la UE.

Cerrando la edición de este número de Mundo Obrero hemos conocido el intento de golpe de estado en Venezuela. En el próximo número podremos recoger los análisis de lo que haya sucedido, que no será otra cosa que la constatación de la capacidad de resistencia del pueblo venezolano en defensa de su soberanía. Queda clara a estas horas la implicación de los EEUU y de su comparsa europea, que conocían el plan Guaidó, un Albert Rivera caribeño diseñado para continuar la ofensiva contra esta importante pieza del tablero latinoamericano. Este no es más que otro episodio de la contraofensiva imperialista en América Latina y como Atilio Borón nos advertía desde estas páginas hace unos meses, tras la toma de líderes de ultraderecha de los gobiernos de Colombia y Brasil, se veía venir una escalada en la agresión imperialista contra Venezuela.

Quizá sea el momento de tomar nota y llamar la atención sobre un dilema que no tiene punto medio, o se está con la agresión imperialista que se expresa en la guerra permanente, mediática y económica contra Venezuela o se está con el proceso transformador bolivariano con todas sus contradicciones. No era ni es el momento de señalar éstas, pues por encima de todo debe estar el respeto a la voluntad democrática del pueblo y a la manera con la que afronta los retos y las batallas. No han dejado pasar un día, como en un riego por goteo, día a día, con momentos álgidos que, casualidad, en España coinciden con periodos electorales. Pascual Serrano, mi vecino de página tiene muy bien estudiada la presencia de Venezuela en los medios de comunicación en momentos electorales. El imperio quiere seguir derribando, como piezas de dominó, los procesos de soberanía popular en América Latina y ante eso, no caben medias tintas. Desde Mundo Obrero, toda nuestra solidaridad con el pueblo de la República Bolivariana de Venezuela.

Publicado en el Nº 323 de la edición impresa de Mundo Obrero febrero 2019

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