El tren de la memoria

Un negro en el parque En 1937, Robeson dio un concierto benéfico en el Albert Hall de Londres para apoyar a la República. Y vino a España a cantar a los combatientes en el frente.

Mariano Asenjo Pajares 15/02/2019

“De todos los pueblos y todas las razas, vinisteis a nosotros…”
(Dolores Ibárruri a los voluntarios de las Brigadas Internacionales)

En varias entregas de esta sección de ‘El tren de la memoria’ hemos hablado de algunos norteamericanos que tuvieron enfrente o pisándoles los talones a ese bicho camaleónico que es el fascismo (con perdón del reptil tímido y solitario cuya capacidad más conocida es la de cambiar de color a voluntad). Entre otros, hemos conocido las vivencias del gran clarinetista de jazz, Artie Shaw, que recaló en la Costa Brava huyendo de la llamada ‘caza de brujas’, así como al Doctor Norman Bethune, célebre médico canadiense que se unió a las Brigadas Internacionales.

Esta introducción viene a propósito de la solicitud que ha elevado ‘Decide Madrid’ al Ayuntamiento de la capital para que se dedique un parque a Paul Robeson, “en memoria de su aportación a la lucha por la democracia en España -se indica en dicha solicitud- y a la lucha contra el sufrimiento y la barbarie de la esclavitud que millones de personas negras han sufrido a lo largo de la historia”.

Paul Robeson fue un actor, cantante, jugador de fútbol, abogado y activista por los derechos civiles nacido en Princeton (Estados Unidos) en 1898 y muerto en Filadelfia en 1976. Su padre fue un esclavo negro que había conseguido huir de la plantación de Carolina del Norte, en la que había nacido. Robeson estudió leyes en Rutgers, universidad en la que fue el tercer estudiante negro de su historia. Jugó al fútbol americano profesional en la National Football League. En 1923 se graduó en Derecho en la Universidad de Columbia, pero pronto acabaría abandonando la abogacía para dedicarse al cine, el teatro y la música. Su fama traspasó las fronteras de su país con la interpretación de Joe en el musical Show Boat”.

La insurrección fascista en España fue un hecho significativo en la vida de Paul Robeson. En 1937, para apoyar al Gobierno legal de la República, Robeson dio un concierto benéfico en el Albert Hall de Londres. Allí fue recibido por una aclamación ensordecedora, tras la que hizo un conmovedor discurso:
“El artista debe tomar partido. Debe elegir luchar por la libertad o por la esclavitud. Yo he elegido. No tenía otra alternativa. […] Que vuestro mensaje inspirador llegue a todos los hombres, mujeres y niños que defiendan la libertad y la justicia. Porque la liberación de España de la opresión de los reaccionarios fascistas no es un asunto privado de los españoles, sino una causa común de toda la humanidad avanzada y progresista”.


Después vendría a España a cantar para los combatientes por la República en los frentes de Madrid, Barcelona, Teruel... Aquí pasó un mes, pero nunca dejó de hablar a favor de los que resistían al fascismo. Recolectó fondos para la República Española, y para ayudar al retorno de veteranos heridos de la Brigada Lincoln que necesitaban atención médica.

Asimismo Robeson sufriría en su país la persecución del macartismo. Durante un interrogatorio en el Senado ante el Comité de Actividades Antiamericanas, manifestó su condena al ataque permanente y sistemático de los derechos de los negros en los Estados Unidos, tras lo cual un diputado le preguntó por qué no se iba a vivir a la Unión Soviética, si tanto le disgustaba la vida en su país. La respuesta de Robeson fue tan digna como demoledora: “Porque mi padre fue un esclavo, y mi gente murió para construir este país, y yo me voy a quedar aquí, y voy a ser parte de este país tanto como usted. Y ninguna persona de mente fascista me forzará a irme. ¿Está claro?”.

Dondequiera que apareciese Robeson, antifascistas de muchas naciones lo reconocían y lo saludaban con el puño en alto, haciendo el saludo antifascista, y un poderoso “¡Salud!”.

Publicado en el Nº 323 de la edición impresa de Mundo Obrero febrero 2019

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