En defensa de sus puestos de trabajo y su dignidad como trabajadorasAuxiliares de servicio de ayuda a domicilio luchan frente a la precariedad actual y la ultraliberalización del sector Se propicia desregularnos más y tener que negociar individualmente con los usuarios, las funciones, horarios y los servicios excepcionales.

Plataforma de Auxiliares de Ayuda a Domicilio de Asturias 07/03/2019

En 1988, el Gobierno pone en marcha una iniciativa de cooperación con las Comunidades Autónomas para financiar la red de Servicios Sociales locales/municipales, a través de un Plan Concertado, al objeto de que estos puedan proporcionar una serie de prestaciones básicas a la ciudadanía en situación de necesidad. Así nació la Ayuda a Domicilio y era de carácter municipal. Durante la década de los 90 y la oleada de recortes, privatizaciones, precarización laboral, fue evolucionando con diferentes normativas hasta llegar a la Ley de Dependencia que coincide en el 2012 con los recortes del gobierno del PP. Las consecuencias pronto se hicieron notar, menos altas, menos horas y frecuencias de servicio.

La Ley de Dependencia constituye el núcleo regulador en la acción protectora de la misma y enumera las prestaciones de servicio, materiales, tecnológicas y económicas del catálogo de prestaciones entre las que está el Servicio de Ayuda a Domicilio (SAD) y le incluyen las funciones de cuidados personales y atención de las necesidades del hogar.

La financiación del SAD según la Ley ha de ser estable, suficiente para garantizar el cumplimiento de las obligaciones contraídas con las usuarias/os y sostenidas en el tiempo y optando por modelo de financiación mixto.

Las reivindicaciones de nuestro colectivo

Las Auxiliares de SAD somos las que desarrollamos las funciones de Atención Personal y Domiciliarias de los usuarios, un servicio absolutamente esencial en sociedades como la nuestra que cada vez demanda más servicios de cuidados a personas en situación de dependencia. A pesar de la importancia de nuestra actividad para el conjunto de la sociedad, somos un colectivo profundamente feminizado, invisibilizado social y laboralmente y con una gran precariedad en nuestras condiciones de trabajo: salarios que escasamente alcanzan el SMI y que no se corresponden con el grado de responsabilidad del trabajo que desarrollamos, ausencia de acción formativa por parte de las empresas, incumplimiento generalizado de la Ley de Prevención de Riesgos Laborales, falta de evaluación de los riesgos concretos de nuestro trabajo porque nuestro centro es el domicilio del usuario, enfermedades profesionales no reconocidas y un largo etcétera.

Como Auxiliares de SAD, deberíamos tener el reconocimiento de la Administración en tanto que detectamos de primera mano las necesidades reales que demandan las personas a las que atendemos y damos servicio, pero lejos de ello somos trabajadoras pobres, nos sitúan en una posición de vulnerabilidad social y los salarios bajos presuponen que tenemos baja formación y responsabilidad, esto perjudica a la imagen del SAD.

Ante los recortes incesantes, la falta de valor que se da a nuestro trabajo, la retirada de funciones como el acompañamiento exterior, la simplificación de nuestro trabajo como exclusivo servicio doméstico en muchos casos, desde el colectivo de trabajadoras del SAD reivindicamos:

1. La remunicipalización del Servicio de Ayuda a Domicilio por ser un servicio esencial para nuestra sociedad.

2. El reconocimiento de las enfermedades profesionales específicas de nuestro trabajo.

3. La reducción del epígrafe para una jubilación anticipada debido a las condiciones de nuestro trabajo. Exigimos un coeficiente reductor adecuado para nuestro trabajo.

4. Que se haga cumplir la Ley de Prevención de los Riesgos Laborales de nuestra profesión.

5. A que la figura del SAD sea reforzada y valorada, dando los recursos económicos suficientes.

Un nuevo intento de precarizarnos más a las trabajadoras del SAD

Si no teníamos bastante en nuestro colectivo con los problemas laborales, salariales y de salud laboral que no sólo no se resuelven, sino que se agravan con la retirada de determinadas funciones que teníamos asignadas, surge y comienza a desarrollarse una nueva modalidad de trabajo más precario aún, se trata del Asistente Personal (AP).

Esta figura se menciona por primera vez en el año 2003 con la Ley para la Igualdad de Oportunidades (LIONDAU) y la Ley 39/2006 de 4 de diciembre. Esta norma reconoce al AP como una prestación económica destinada a contribuir a la cobertura de los gastos derivados de la contratación de personas, bajo la dirección de la persona contratante y que está en situación de Dependencia. Quien contrata elige cómo quiere vivir y él marcará la relación laboral, si cotiza el AP como autónomo o si lo hace el Dependiente contratante.

Hoy en día, el AP no tiene ningún requisito establecido para su desempeño profesional mientras las Auxiliares de SAD debemos tener titulación de Técnica Sociosanitario o certificado de profesionalidad, aunque ya comienzan a impartirse cursos habilitantes que son un gran negocio para las asociaciones y empresas que los imparten, siempre a costa de las trabajadoras que tenemos que sufragarlos.

Las funciones del AP son las mismas que las de las Auxiliares de SAD excepto algunas que llaman excepcionales (como Asistentes Sexuales, por ejemplo). Las Auxiliares de SAD entendemos que si bien hay que dar participación al usuario en cuanto a necesidades y funciones que necesita, esto estaría perfectamente cubierto con nuestra figura profesional.

Si hasta hoy nos hemos tenido que enfrentar a la precariedad laboral, las privatizaciones y la falta de financiación para un servicio esencial para la sociedad como el que prestamos, en lugar de avanzar hacia una mejora de nuestras condiciones laborales y de dignificación de nuestro trabajo que revierta directamente sobre la calidad del servicio que reciben los usuarios, lo que se propicia es desregularnos más e iniciar la senda de la precarización más brutal en la que cada trabajadora pobre y precaria tendrá que negociar individualmente con los usuarios, no solo sus condiciones laborales y salariales, sino también sus funciones, horarios y los servicios excepcionales que se le demandasen.

Publicado en el Nº 324 de la edición impresa de Mundo Obrero marzo 2019

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