Panorama Latinoamericano

El pueblo hahitiano toma las calles contra el neoliberalismo y la corrupción del gobierno

Jorge Grela 28/03/2019

Desde mediados de febrero, la gran prensa internacional viene informando a cuentagotas sobre la situación del país antillano. Se describen los actos de violencia, pero poco o nada se dice sobre sus causas. Así el diario El País publica un artículo titulado “Haití suma más de una semana de protestas contra el Gobierno de Moise” [1]. En su desarrollo comenta que la oposición política del presidente convoca las protestas que mantienen paralizadas las grandes ciudades, sobre todo la capital, Puerto Príncipe. Recuerda que es el país más pobre del continente americano y que ha sufrido en 2010 un devastador terremoto y otros desastres “naturales” en años más recientes. Y como al pasar, dice que una de las causas de la revuelta popular es la petición de “justicia en las supuestas irregularidades en el programa Petrocaribe —a través del cual Venezuela suministra petróleo a varios países americanos a precios ventajosos a cambio de apoyo político y del que Haití comenzó a formar parte en 2008”.

En realidad las protestas violentas se vienen sucediendo desde hace tiempo. Sin ir más lejos, el 19 de noviembre de 2018 la BBC se preguntaba en su web “Haití: qué tienen que ver Venezuela y Petrocaribe con las protestas que dejaron 6 muertos en el país caribeño” [2]. Interesante pregunta, que en la publicación no se responde. Pareciera que, como muchas veces se lee sólo el titular, alcanza para sembrar dudas y desconfianzas.

Los medios de (des)información compiten para manipular (las medias verdades son las peores mentiras), sin siquiera intentar ir al fondo de la cuestión. Aunque, eso sí, vinculan la violencia en Haití con Venezuela y corrupción petrolera. Descaradamente hacen campaña mediática del intervencionismo imperial contra la patria de Bolívar. Y lo hacen aunque hablen de Haití.

Causas de la crisis. La República de Haití es un país antillano con cerca de diez millones de habitantes, de los cuales más del 75 % vive por debajo del umbral de pobreza. País eminentemente agrícola, a principios del siglo XX más del 60% de su territorio era boscoso. Actualmente se ha reducido a menos del 1%. Veremos algunos motivos.

Sufrió varias invasiones y ocupaciones por parte de los Estados Unidos. En 1915 el presidente norteamericano Woodrow Wilson ordenó la ocupación de Haití para salvaguardar los intereses de un banco de inversión estadounidense. Los marines permanecerían casi ininterrumpidamente durante 20 años. En los años ’50 del siglo pasado asume el poder Francois Duvalier mediante un golpe de estado. Se mantiene en el poder gracias a la financiación del gobierno norteamericano, sobre todo a partir de inicios de la década de los ’60, ya que EEUU necesitaba en la zona gobiernos fuertemente anticomunistas para evitar que la experiencia de la Revolución Cubana se propagara.

Cabe destacar que las empresas norteamericanas venían haciendo negociados y apropiándose de las tierras suplantando la agricultura de autoabastecimiento por grandes extensiones de plantaciones de bananas, azúcar o caucho, destinadas a la exportación hacia los EEUU. La apropiación de las tierras se hacía de la mano de la leyes como la aprobada en setiembre de 1922, que estableció que “las tierras deberán ser arrendadas sólo a personas o compañías que puedan justificar sus capacidades financieras” [3]. O sea, nada de campesinos pobres. Y a partir de 1945, el gobierno títere de Haití permite a las corporaciones estadounidenses como la Sociedad Haitiana-Americana para el Desarrollo Agrícola (SHADA) la destrucción de las plantaciones de consumo alimentario de los pobladores [4].

Política de rapiña de los recursos naturales que continúa con el denominado programa Caracol de las administraciones Clinton y Obama, tal como denuncia la investigadora y profesora universitaria Myrtha Gilbert: “El enfoque del campesinado haitiano es cultivar la tierra para el consumo de alimentos mientras intercambia su exceso de cultivos en el comercio de los productos manufacturados necesarios. Mientras que la otra visión es: 'No me importa si necesitas comer, porque para mí necesito goma, henequén / sisal y otras cosas”.

Estas políticas económicas que benefician a las corporaciones norteamericanas y a una pequeña elite, sumergen al pueblo haitiano a una vida paupérrima, han expulsado al campesinado que desde hace décadas se hacina en las grandes ciudades sin perspectiva de mejora.

Haití, un país que ha sufrido invasiones, dictaduras, expoliación de sus recursos naturales, imposición de gobiernos, no es un país “desfavorecido” como dicen algunos. Es un país saqueado hasta la extenuación. Y con el beneplácito de gobiernos norteamericanos y europeos.

Haití no solo ha sufrido desastres “naturales”. Ha sufrido el capitalismo expoliador que los EEUU pretenden imponer en Venezuela y en toda Latinoamérica.
Como dice el Premio Nobel de la Paz Adolfo Pérez Esquivel en el prólogo del libro “Haití por sí. La reconquista de la independencia robada”, “Es necesario cambiar los ejes y objetivos impuestos en Haití (…) es posible superar las dificultades si el protagonista es el pueblo haitiano”.

NOTAS:
1. Ver http://goo.gl/Fz4xWr
2. Ver http://goo.gl/jS4sWD
3. Ver “Haití por sí. La reconquista de la independencia robada” de Adriana Santiago. Ed. Adital, pág. 20
4. Ver también “SHADA, crónica de una estafa extravagante” de Myrtha Gilbert.

Publicado en el Nº 324 de la edición impresa de Mundo Obrero marzo 2019

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