En recuerdo de todos los maestros y maestras republicanas asesinadasAntonio Benaiges, el maestro que prometió el mar Llegó a Bañuelos de Bureba con una pequeña imprenta de tipos, un fonógrafo y la pedagogía de Freinet, antagónica a las escuelas autoritarias y católicas.

Moises Guerra. Burgos 19/04/2019

Antonio Benaiges es otro más de los miles de asesinados por los fascistas (después franquistas) en los primeros meses de la sublevación militar de 1936. Otro más de los cientos que vienen recogiendo las páginas de Mundo Obrero en un trabajo ejemplar. Traigo su caso a estas páginas por lo que tiene tanto de representativo de la vesania de los golpistas llamados nacionales como de simbólico del mundo de ilusión y justicia contra el que arremetieron.

Antonio Benaiges era un joven maestro tarraconense con un claro compromiso con la enseñanza y con la justicia social. Nacido en 1903 en la localidad Mont Roig del Camp, había estudiado magisterio compaginando los libros con el trabajo en los campos de su familia al haber muerto su padre cuando él tenía 12 años. Tras finalizar los estudios pasó tres años en Madrid como suplente y de 1932 a 1934 ejerce como maestro interino en la Escuela Graduada de Niños de Vilanova i la Geltrú. Allí entra en contacto con varios profesores que defendían una innovadora pedagogía: el método Freinet, nombre del pedagogo y maestro rural francés que lo había desarrollado en los años 20. A grandes rasgos, se trataba de impartir una educación no autoritaria y teniendo en cuenta el entorno y la iniciativa de los alumnos. Es decir lo opuesto a lo que imperaba en la escuela católica española del momento.

En 1934 Benaiges es destinado a Bañuelos de Bureba, un pequeño y pobre pueblo de la provincia de Burgos de apenas 200 habitantes donde aún no había llegado el asfalto. Allí se presentó este buen maestro armado con una pequeña imprenta de tipos y un fonógrafo, todo ello pagado de su bolsillo, dispuesto a llevar hasta el siglo XX a estos niños del neolítico. Y con estas armas hizo frente a la oposición del más que presumiblemente escandalizado cura y tratando de convencer a los labradores de que llevasen a sus hijos a la escuela, unos hijos que se convertían desde muy temprano (siete u ocho años) en una fuerza de trabajo para la familia (cuidado del ganado y pequeñas tareas en el campo y en la casa).

Celestin Freinet postulaba un aprendizaje basado en la investigación y el trabajo cooperativo de los niños así como un funcionamiento democrático y no autoritario del aula. En palabras de la historiadora Queralt Solé, el maestro debía “dirigir la clase sobre la base del sentido común, el tanteo, el trabajo y la alegría”. Una pedagogía que incluía conceptos como la democracia en el aula, el respeto al alumno, el aprendizaje cooperativo y experimental o la pedagogía del trabajo. La Imprenta jugaba un papel primordial para que los muchachos viesen plasmado su esfuerzo y su creatividad en unos diarios y cuadernos que vistos hoy parecen ciencia ficción. Máxime si pensamos en Bañuelos de Bureba en 1934-1936.

Tras pasar el primer año, Benaiges podía haber pedido el traslado a otra escuela de mayor rango, pero no quiso hacerlo. El mismo se lo cuenta en una carta a su amigo freinetista Patricio Redondo: “ Se ha anunciado el concurso de traslado; lo hubiera podido pedir con esperanza de obtener “algo bueno”; este pueblo no tiene agua, no tiene luz, ni tiene caminos; para ir a Briviesca apenas si se inicia una carretera, y, sin embargo, no he pedido, no pido; aquí me quedo. Veo claro, claro cómo me voy haciendo luz en los cerebros de cada uno de estos chiquillos y chiquillas y me hago luz también en el pueblo …”

Y no sólo se quedó. Les prometió el mar. Antonio se percata de que los niños de Bañuelos no conocen el mar y les propone dedicar un cuaderno monográfico en el que expresen cómo se lo imaginan. La ignorancia del mar unida a las distintas formas de imaginárselo debió llevarle a prometerles que les iba a llevar a ver esa inmensidad que no acertaban a barruntar.

La familia de Antonio poseía una casa veraniega muy próxima a la playa en la que la familia ampliada se reunía habitualmente en los meses de verano. En julio de 1936, Antonio pide a su familia que hagan los preparativos para acoger a sus alumnos de Bañuelos. Esta es la razón por la que el 19 de Julio de 1936 Antonio Benaiges se encuentra en Briviesca, la capital de la comarca, preparando el viaje. Y allí, en la Casa del Pueblo que había ayudado a fundar, lo detiene una partida de falangistas y lo llevan a la cárcel. Tras una noche de torturas, al día siguiente lo pasean por Briviesca en un descapotable, desnudo y sin dientes (se los habían arrancado). Mola había ordenado sembrar el terror. Y así fue. El terror penetró en los habitantes de Bañuelos hasta el punto de eliminar todo aquello que les pudiese relacionar con aquel maestro empeñado en acercarles el mar y la luz. Solo unos pocos se atrevieron a guardar los cuadernos que sus hijos habían escrito con el maestro asesinado.

Su cuerpo ha estado enterrado en una fosa común en el paraje de La Pedraja que fue exhumada en agosto de 2010 gracias a los trabajos y el empeño de la Agrupación de Familiares de Personas Asesinadas en los Montes de la Pedraja. Los trabajos fueron dirigidos por un equipo de la Sociedad de Ciencias Aranzadi, dirigido por Francisco Etxeberria.

Tras la exhumación de la fosa, su historia ha salido a la luz gracias, entre otros, al trabajo del fotógrafo Sergi Bernal. A partir de ahí, en 2012 la Associació Mirmanda, Blume y Ventall Edicions editaron un precioso trabajo libro titulado Antonio Benaiges, el maestro que prometió el mar en el que se recupera la historia de Antonio Benaiges, el contexto pedagógico en el que se desenvolvió, la brutal represión que puso fin a su vida y el silencio acusatorio de esas fosas comunes donde han estado y aún siguen miles de víctimas del fascismo.

Su historia ha sido recogida también en un documental titulado El retratista, dirigido por Alberto Bougleux, en el que la figura de Benaiges va emergiendo a partir de los cuadernos que edita una escuela mexicana de orientación freinetista.

Benaiges es una más de los decenas de miles de acusaciones que desde las fosas comunes ponen de manifiesto la falsedad de ese relato de la transición modélica que se sustanciaba en el reciente aplauso del Congreso a los reyes y los presidentes de Gobierno, a los comisionistas del régimen. El Valle de los Caídos no es otra cosa que el reverso de ese perverso discurso.

Publicado en el Nº 325 de la edición impresa de Mundo Obrero abril 2019

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