La República en España, del 14 al 28 de abril

J.M. Mariscal Cifuentes 11/04/2019

Que mañana España sea Republicana depende en primer lugar de nosotros mismos. Como cada 14 de abril, se sucederán numerosos actos en barrios, pueblos y ciudades de todo el país, un rico tejido social que mantiene con decencia y con orgullo la bandera tricolor, trabajando con humildad desde la base. Espacios de encuentro, muchas veces ligados a la memoria histórica y democrática que reivindica la legitimidad y los avances democráticos y sociales que el proyecto republicano supuso para la España de los años 30 del siglo pasado. Una bandera teñida con la sangre y el sufrimiento de miles de hombres y mujeres que defendieron con su vida el mayor proceso modernizador que haya enfrentado este país en su historia. Las enseñanzas de entonces tienen como testigo acontecimientos que ahora mismo se producen en distintas partes del planeta. Democratizar un país y una sociedad exige, desde el punto de vista republicano, instaurar la libertad como no dependencia, asegurando que tanto en la vida social como laboral no sean las servidumbres y las ataduras las que guíen el quehacer de los hombres y las mujeres. Acabar con los privilegios de las élites que controlan las finanzas, la energía, el transporte, la legislación laboral, la comunicación y la cultura entraña riesgos, como tener que enfrentarse a la violencia de un Estado al servicio de los intereses de esas élites.



Aun siendo imprescindible rememorar la historia, es preciso sacar de los cementerios la bandera tricolor. Acumular las enseñanzas históricas sirve para acumular fuerzas detrás de un proyecto de país que hable de futuro desde la intervención en la cruda realidad del presente. Por eso resulta una oportunidad que este 14 de abril lo vayamos a celebrar en plena campaña de las elecciones generales del 28 de abril. Desde Mundo Obrero nos sentíamos en la obligación de unir ambas cuestiones. Enrique Santiago las enlaza perfectamente en la entrevista que publicamos. No se trata sólo de que la jefatura del Estado, algún día, se someta a elección democrática. Se trata de afrontar la crisis del marco heredado durante la Transición, en el que el PCE y el movimiento obrero jugaron un papel crucial. Un pacto traicionado por las oligarquías y los sucesivos títeres que han habitado la Moncloa, y que debe ser confrontado con un proyecto de país, con un proyecto de España que reivindique la necesidad de un Estado fuerte que intervenga a favor de la democracia efectiva, la libertad real y la justicia social.



Los días que restan hasta el 28 de abril, los y las comunistas debemos ser capaces de escapar de la agenda impuesta en los medios para imponer la nuestra en las plazas y en las calles. Nos jugamos, de nuevo, y a la vez, que en las instituciones de este país haya militantes y cómplices del PCE que trabajen no sólo para servir al pueblo de altavoz en las mismas, sino para meter al propio pueblo en las instituciones. La democracia no es esto que tenemos, no es una subasta de marcas, logotipos y eslóganes sino que es darle al pueblo trabajador el derecho y la capacidad de decidir. La democracia, o es participativa, o no lo es. Por eso nos congratulamos de que el programa aprobado por IU para las elecciones generales no sólo reivindique la necesidad de polos financieros y energéticos de carácter público, sino que también fije las condiciones para la participación de la sociedad en las decisiones de los organismos de propiedad estatal.



El 8 de marzo vimos como la marea feminista, lejos de achantarse, crece y crece hasta rebasar los propios muros que, desde diversas trincheras, se construyen para contenerla. Y en eso consiste el proceso constituyente, en acumular fuerzas desde la movilización social y cultural para señalar los límites que el régimen impone para la consumación efectiva de las propuestas transformadoras y antagónicas. El debate constitucional está encima de la mesa, aunque no queramos verlo. Las mareas verde o blanca reivindican que la Constitución blinde los servicios públicos de sanidad y educación, los y las pensionistas piden que la Constitución garantice la dignidad de sus prestaciones, el movimiento feminista pide que la Constitución contemple el combate contra la mercantilización del cuerpo, la vida y el trabajo de las mujeres. El debate constituyente está en la calle, y de lo que se trata es de darle forma de proyecto de país, de seguir generando alianzas que fortalezcan los avances y eviten y combatan los retrocesos, la conformación de un bloque histórico.



No hay bloque histórico que se articule sin combate ideológico y cultural por la hegemonía desde una perspectiva antagonista. En El Mono Azul damos cuenta de la celebración del Encuentro por una Cultura Popular Antifascista, auspiciado por el PCE. La creatividad se va convirtiendo en un ejercicio despolitizado y como una salida ante la pobreza, como bien denuncia Alberto Santamaría, a lo que Terry Eagleton añade que "en algunos ámbitos la cultura se ha convertido en una forma de no hablar del capitalismo. Conviene tener en cuenta las palabras de Margaret Thatcher: "La economía es el medio, el objetivo es cambiar el corazón y el alma".

Publicado en el Nº 325 de la edición impresa de Mundo Obrero abril 2019

En esta sección

Sostener el hilo rojoEl Banco pésimo y los Bancos malosMordiendo abrilNiños de BaloléA CUERPO DE REY (16.186 Euracos al mes)

Del autor/a

Sostener el hilo rojoÁngel Munárriz: “El caldo de cultivo de Vox lo pone la jerarquía católica y brota del rouquismo”José Sarrión: “Nosotros instrumentalizamos las instituciones en favor del movimiento social”26M: a por tu AyuntamientoEnrique Santiago: "La República es el único modelo que permite mantener unido al pueblo trabajador del Estado español"