En el poema «Birds in the night» Luis Cernuda escribe: «Oyen los muertos lo que los vivos dicen luego de ellos? // Ojalá nada oigan: ha de ser un alivio ese silencio interminable // Para aquellos que vivieron por la palabra y murieron por ella, // Como Rimbaud y Verlaine. Pero el silencio allá no evita // Acá la farsa elogiosa repugnante.»esto fue más que una premonición del poeta porque, cuando ya los ecos y los ceremoniales de su centenario, como el de tantos otros han cesado y se han obtenido las plusvalías económicas y políticas, la ceremonia vuelve a comenzar. La cultura es un escaparate en este país donde el oportunismo rentable está por encima de su carácter emancipador.

La recepción de la poesía de Luis Cernuda durante el franquismo y la democracia es un barómetro de cómo un país acoge a sus poetas desde la indiferencia y el desprecio hasta la idolatría. En los años cincuenta, para determinados poetas, como Jaime Gil de Biedma y Francisco Brines, fue una referencia no sólo estética sino también ética. Después en los años setenta, los llamados poetas postnovísimos neutralizaron su radical visión del mundo tomando solo como modelo algunas de sus formas compositivas. Y en los años posteriores, los poetas jóvenes lo leyeron a través de la poética de los poetas antes mencionados y recogieron de él muy superficialmente lo que se llamó entonces disidencia ocultando su biografía política como si ética y política no tuvieran nada en común. Afortunadamente, otros lo leyeron con otra mirada y se distanciaron de los esteticistas.

Esto no quiere decir que su influencia no fuese determinante para el desarrollo de la poesía española, aunque de formas diferentes, como acabamos de apuntar en unos y en otros. Después, como decíamos al principio, la celebración de su centenario fue, valga la paradoja, la traca final de un responso.

Sin embargo, a pesar de todo, ahí sigue viva su poesía que, ya en la primera edición de su obra reunida (1936), tanto conmovió a Federico García Lorca que saludaba así su publicación: «La aparición de libro La realidad y el deseo es una efemérides importantísima en la gloria y el paisaje de la literatura española (que) me ha vencido con su perfección sin mácula, con su amorosa agonía encadenada, con su ira y sus piedras de sombra.»

Aquel libro fue creciendo hasta el final de su vida. Tuvo tres ediciones posteriores a la de 1936. En cada una de ellas, el poeta añadía los poemarios que iba creando. Además, en su desarrollo escribió dos libros de prosa poética, Ocnos y Variaciones sobre tema mexicano que no fueron incluidos en La realidad y el deseo y que, como toda obra de un gran autor no pueden ser leídos en su totalidad y en el momento histórico de su creación.

La primera edición de Ocnos (1942) como afirma Philip Silver «fue como una ventana abierta a un pasado cálido de sol. También contribuyó a conjurar la visión del holocausto en el que el propio Reino Unido estaba precipitándose.»

En 1949, Luis Cernuda viaja a México donde permanece durante un breve espacio de tiempo. Allí se reencuentra con una civilización diferente a la que ha vivido antes en Inglaterra y Estados Unidos. Al año siguiente comienza a escribir los poemas de Variaciones sobre tema mexicano.

Ocnos es el contrapunto de Cómo quien espera el alba, título que alude, según el propio poeta, a que entonces (1941-1944) sólo parecía posible esperar el fin de aquel retroceso a un mundo primitivo de oscuridad y terror refiriéndose a la Segunda Guerra mundial, en cambio Variaciones sobre tema mexicano aparece entre Vivir sin estar viviendo y Con las horas contadas, dos libros que marcan el tránsito a la vejez y donde en pocas ocasiones encontramos al poeta con lúcida iracundia. En el poema «Ser de Sansueña», refiriéndose a la España franquista exclama: «Las cosas tienen su precio. Lo es del poderío // La corrupción, del amor la no correspondencia; // Y ser de aquella tierra lo pagas con no serlo // De ninguna: deambular, vacuo y nulo, // Por el mundo, que a Sansueña y sus hijos desconoce.» El exilio, su exilio no es fuente de nostalgia ni de melancolía: es el dolor irreparable de la derrota de la dignidad humana.

Pero volviendo a Variaciones sobre tema mexicano, su significación sobrepasa su propio interés intrínseco. Pocos escritores conectaron con Hispanoamérica. Es justo recordar en este aspecto a Unamuno y Valle Inclán, aunque las motivaciones fueran diferentes. La importancia de este libro radica en el descubrimiento de la pobreza frente a la riqueza del «mundo civilizado que siempre detestó» La mirada del poeta no es exótica ni romántica. En México descubre un primitivismo pleno de sensualidad y vitalidad. En el poema «El indio,» como en casi todos se produce una identificación gozosa con su permanente sueño edénico: «Es el hombre a quien los otros pueblos llaman no civilizado. Cuánto pueden aprender de él. Ahí está. Es más que un hombre: es una decisión frente al mundo…Mírale, tú que te creíste poeta, y tocas ahora en lo que paran tareas, ambiciones y creencias. A él, que nada posee, nada desea, algo más hondo le sostiene; algo que hace siglos postula tácitamente. Lástima que el azar no te hiciera nacer uno entre los suyos»

Ya trasladado definitivamente a México escribe su último libro, Desolación de la Quimera en el que los contornos, si los hubo, de nostalgia, desaparecen. La invectiva contra algunos poetas de su generación, la conciencia de un exilio ineluctable, … «He aprendido el oficio de hombre duramente, //Por eso en él puse mi fe. Tanto que prefiero // No volver a una tierra cuya fe, si uno tiene, dejó de ser la mía.», el fervor del sentimiento amoroso derrotado, la mirada histórica hacia de Galdós y Cervantes y una apelación a los hombres del futuro tantas veces repetidas y nunca escuchadas: «RECUÉRDALO tú y recuérdalo a otros, // Cuando asqueados de la bajeza humana, // Cuando iracundos de la dureza humana: Este hombre solo, este acto solo, esta fe sola. Recuérdalo tú y recuérdalo a otros.» Esta estrofa pertenece al poema 1936. Fue escrito cuando se encontró con un soldado de la Brigada Lincoln.

Luis Cernuda murió el 6 de noviembre de 1963. Su tumba está perdida en un cementerio de México, como la de tantos españoles exilados, mientras que los asesinados aquí ni siquiera son memoria de una piedra sepultada entre ortigas sobre la cual el viento escapa a sus insomnios.