El terremoto de Lorca (Murcia), no solo conmocionó a toda España y alteró una agenda de campaña electoral que ya nació condicionada por la magnitud del accidente de la central nuclear japonesa de Fukushima; Lorca, y su terremoto, también nos removieron la memoria hasta enseñarnos a poner en valor la razón de ser de alguna de las luchas que el PCE y sus gentes mantuvieron en el pasado… Pero, antes de retroceder en el tiempo unas cuantas décadas, recordemos que fueron ocho las personas fallecidas en la tarde del pasado 11 de junio de 2011 y decenas más resultaron heridas como consecuencia de un terremoto de magnitud 5,1, que fue precedido de otro movimiento sísmico también muy importante.

En medio de la catarata de informaciones y artículos de opinión que siempre mueve un suceso como el ocurrido en Lorca surgió una pregunta que, alentada por la sicosis que por esos días nos llegaba de Japón, se tornó en un amenazador supuesto: «¿Qué hubiera pasado ahora si hubiera una nuclear al lado de Lorca?». La hipótesis no brotaba del vacío, y si en su momento no llegó a materializarse, fue porque hubo alguien que supo valorar en toda su dimensión lo que suponía un proyecto de esas características y puso en marcha los mecanismos de que disponía, la información y el apoyo popular, para impedir que el peligro nuclear tuviese una sucursal entre Lorca y el cercano municipio de Aguilas.

Comenzaba el año 1974, el franquismo agonizaba y el director de un colegio de Lorca, Pedro Guerrero, recibía una carta de un amigo, el actor murciano Paco Rabal. «Pedro, en Águilas, cerca de Cabo Cope, quieren instalar una central nuclear. Mi primo Pedro Costa te verá en Lorca (…). Yo me lo dejo todo y voy para nuestra tierra enseguida», escribía el protagonista de Los santos inocentes. Pocos días después, la compañía Hidroeléctrica Española, hoy Iberdrola, se promocionaba en la prensa: «La central de Cabo Cope puede dejar 15 millones anuales al Ayuntamiento de Águilas». La intención era arrancar el reactor murciano en 1980, y la empresa ya tenía compradas unas 300 hectáreas de Marina de Cope. Estaría a unos ocho kilómetros de Águilas y a unos 30 de Lorca.

Días después del terremoto, Guerrero, hoy catedrático de la Universidad de Murcia, revivió aquellos días del pasado. El epicentro se manifestó al lado del colegio que dirigía entonces, «teníamos razón», ha explicado Guerrero, quien junto a su amigo Paco Rabal y al primo de este, Pedro Costa, iniciaron una de las primeras campañas ecologistas de la historia de España, para salvar el paraíso natural del Cabo Cope. El actor se encargó de recoger firmas de famosos del régimen. Carmen Sevilla y Lola Flores se apuntaron. Curiosidades de la vida, «el único que no quiso firmar fue Félix Rodríguez de la Fuente», rememora Guerrero.

Frente a todo el aparato del franquismo, los incipientes antinucleares buscaron argumentos de peso para parar la construcción de la central y los encontraron: «El 23 de febrero de 1974, el jefe de Protección Civil de la región presentó un escrito en el que alegaba que Marina de Cope era una zona de riesgo sísmico muy mal comunicada». Cuatro días después, el pleno del Ayuntamiento de Lorca votó contra la nuclear. Todavía faltaba un año y medio para que Arias Navarro comunicase aquello de, «españoles, Franco ha muerto». La nuclear se diluía entre protestas y la constatación de un riesgo evidente.

El primo de Paco Rabal, Pedro Costa, un histórico del PCE y del ecologismo que trabajaba como ingeniero en la construcción de una central nuclear vasca y en la actualidad, cuenta esta historia y muchas más en su último libro, titulado Ecologiada (100 batallas). En una curiosísima carambola, el pasado miércoles 11 de junio, Costa entraba en Lorca en su coche para presentar su libro en un centro social, cuando los edificios empezaron a temblar. «Llevaba un cargamento de libros y empecé a ver gente corriendo y polvaredas», describe.

«¿Qué hubiera pasado ahora si hubiera una nuclear al lado de Lorca?», se pregunta. Según la industria atómica española, todas las centrales están preparadas para resistir los seísmos esperables en sus regiones. Costa lo duda. Eliminada la nuclear murciana, su batalla en Marina de Cope es otra: parar el proyecto del Gobierno del PP para permitir la construcción de miles de viviendas en el parque natural.