El Partido de la Izquierda Europa preocupado por el peligro de una próxima intervención militar en Siria y por la necesidad de dar una respuesta urgente desde la izquierda, organizó, junto al partido turco Libertad y Solidaridad, unas jornadas de dos días en Estambul para debatir alternativas. El título: “Siria, Intervención imperialista y Paz. ¿Es posible crear una alternativa de izquierdas?” La conclusión fue que sí, que no sólo es posible, sino imprescindible. El pueblo sirio quiere la paz. Hace falta una transición urgente que acabe con un conflicto que ya ha causado 70.000 muertos, 30.000 desaparecidos, y que tiene a un millón y medio de sus habitantes desplazados, según reconoce Naciones Unidas, casi el 10% de su población. Todos los participantes apuntaron en la misma dirección: el pueblo sirio es quien tiene que decidir soberanamente su futuro y todas las partes tienen que sentarse en la mesa a negociar.

Entre los ponentes de las jornadas hubo académicos, políticos y activistas de movimientos sociales que trabajan por la paz en Siria. A las voces de los sirios y turcos, se unieron los análisis realizados desde Francia y el Reino Unido. Todos fueron rotundos al exigir el cese de la intervención económica y militar de las potencias extranjeras en el conflicto, y la salida del país de todas las fuerzas extranjeras, como paso prioritario y absolutamente imprescindible para establecer una transición pacífica. También alertaron sobre el intento de libanizar la zona, y de fragmentar Oriente Medio, como ya hicieron en Yugoslavia, Iraq y Afganistán. Y argumentaron cómo el miedo a las consecuencias del avance del islamismo a nivel internacional, con todo el retroceso histórico que supone para los derechos sociales, la secularización, los derechos de las mujeres y la respetuosa convivencia entre etnias, religiones y culturas, ha hecho que aumente el respaldo al régimen de Bachir Al-Assad, frente a las consecuencias que puede traer un régimen salafista.

La fecha de la celebración de las jornadas, el 16 y 17 de marzo, coincidió con manifestaciones en muchos países que recordaban el 10º aniversario de la invasión de Iraq y la destrucción del país. Después de Iraq fue Afganistán, más recientemente Libia y ahora el ojo del huracán está en Siria. El esquema, los intereses y los actores internacionales que financian el conflicto (Arabia Saudí, Qatar, Estados Unidos, Francia, Reino Unido…), y las consecuencias que dejan en el país, se repiten. Pero se apuntó que a diferencia de lo que sucedió con Iraq, cuando en todo el mundo millones de personas alzaron la voz en contra de una invasión imperialista, hoy pocos la levantan contra la intervención de Siria. Han pasado 10 años y la propaganda y la manipulación mediática se ha perfeccionado; hoy las intervenciones imperialistas por controlar los recursos se camuflan con el paraguas de “intervencionismo humanitario”. Se argumentó que con Sadam Hussein la gente que salió a defender al pueblo iraquí no antepuso el perfil democrático o tirano de Hussein, como sí se hizo después con Gadafi y se hace ahora con Bachar Al-Assad. El resultado, según se debatió, es que hoy hay gente de la izquierda que no se define, se queda en el “ni-ni”, ni Al-Assad ni los rebeldes, o que acaba aceptando la intervención humanitaria como mal menor. Y ese fue uno de los motivos por el cual el Partido de la Izquierda Europea organizó este encuentro internacional.

Llegado de Damasco, Anais Jouden, de la organización Construyendo el Actual Estado de Siria, transmitió la decepción de que hoy el centro izquierda y el centro derecha en Europa actúen de la misma forma.

En ese contexto, Sebahat Tuncel, diputada kurda por el partido turco Paz y Democracia (BDP) demandó a la izquierda y a los socialistas un papel más activo “no sólo de observadores; tenemos que ser organizadores y estar a la vanguardia de la remodelación del Medio Oriente. Y para eso necesitamos estar unidos y trabajar codo a codo”.

En la mesa se abrieron muchos debates: desde la necesidad de definir el imperialismo hasta el cuestionamiento de que si las revoluciones árabes pueden ser contrarrevolucionarias y de por qué se usa y acepta la expresión “Ejército Libre Sirio”, en lugar de analizar quién compone dicho ejército. Se desarrolló un análisis del conflicto desde los aspectos históricos, geopolíticos, de recursos estratégicos del país y la región, de cuestiones sociales, multiculturales y humanitarias.

Alan Billon, del Partido de la Izquierda Europea y del Front de Gauche, expuso una minuciosa evolución de las intervenciones imperialistas desde el colonialismo hasta las primaveras árabes. Habló del papel neocolonial que está jugando Francia, primero con Sarkoszy y ahora con Hollande que le sigue los pasos, y denunció que cuantas más armas se pongan en juego, habrá más guerras, más muertes y que esa no es la solución, presentando como ejemplo la caótica situación en la que se encuentra el Sahel y el Sahara. Desde el Partido de la Izquierda Europa planteó que la política internacional de la izquierda alternativa se fundamenta en la paz, el secularismo y la unidad como la alternativa de lucha contra el imperialismo y el fundamentalismo. “Tenemos un mismo enemigo, que es la globalización y el capitalismo. Las condiciones son diferentes en los distintos países, pero el problema es el mismo. Si no luchamos todos juntos, el norte y el sur del Mediterráneo, no tendremos ninguna solución”.

Anas Joudeh, habló de la situación política en la que vive su país, Siria, y de por qué no hay cultura para hacer una revolución civil. Explicó que la oposición interna hoy es muy débil debido a que “durante cuarenta años de dictadura no hubo ni partidos políticos ni vida política” y cuando comenzaron las protestas pidiendo libertad y democracia se aplastaron fácilmente porque no estaban organizados y eso contribuyó a que “Arabia Saudi y Turquía, entre otros, instrumentalizaran la situación”. También denunció el hecho de que el destino de Siria se esté decidiendo desde fuera del país. Lo positivo, expuso Joudeh, es que ahora se esté empezando a organizar un tejido social con la juventud, abogados, economistas, profesores…

El abogado sirio también explicó la evolución de las aspiraciones de la oposición interna. “Al principio queríamos quitar a todo el régimen y a su símbolo, que es el presidente Al-Assad. Pero hoy lo que verdaderamente importa es que en Siria haya democracia. Nunca creí que pudiera llegar a decir esto, pero hoy Al-Assad debe de estar en el poder porque está creando un nuevo ejército y el pueblo está con él”. Añadió que lo que en estos momentos hace falta es el empoderamiento de los ciudadanos, de los jóvenes y crear nuevas estructuras de gobierno, una nueva constitución y un nuevo sistema político. Explicó que los rebeldes tienen que dejar las armas y que el papel del pueblo y de las fuerzas demócratas es abrir las puertas a la democracia: “Debemos construir una revolución civil”.

Nesreen Hasan, profesora siria, hoy trabaja para enseñar a las mujeres y los niños a organizarse, a defender sus derechos, a protegerse para evitar ser explotadas y víctimas de abusos. Nesreen habló en nombre de la asociación Mujeres Sirias Trabajando por la Paz, y explicó cómo el sufrimiento de la población se multiplica en las mujeres, que además de haber perdido a sus hijos, maridos y padres, pasan por una dura situación económica y social. También relató cómo son víctimas de violaciones en los campos de refugiados, de embarazos forzados y del mercado de la prostitución”.

Nesreen urgió sobre la necesidad de trabajar en el empoderamiento de la mujer: “Tenemos que estar preparadas para participar en política y trabajar en la transición del país”. Argumentó, además, la necesidad de poner fin a la violencia lo antes posibles, porque si la situación continúa el país así acabará en una guerra étnica y sectaria que puede llegar a ser irreconciliable.

El escenario de las jornadas también fue determinante para el debate. Turquía, país que comparte frontera con Siria, es muy activo en el conflicto: ayuda militar y económicamente a los rebeldes armados organizados y subvencionados por países tan irrespetuosos con la democracia como Arabia y Saudí y Qatar. Turquía se está enriqueciendo con el conflicto. Compra armas a los países del Golfo y las revende al llamado Ejército Libre Sirio al doble de precio, como denunció el activista kurdo, Alan Semo, quien detalló cómo la población kurda del norte de Siria se había dotado de un gobierno democrático y secular, y que de la misma forma también lo podía conseguir el pueblo sirio en todo el país.

También se acusó al gobierno de Erdogan de desviar dinero destinado a la ayuda humanitaria de los 17 campos de refugiados que tiene en el país para financiar a las fuerzas armadas que hacen la guerra al gobierno de Al-Assad. Y se detalló que en febrero de 2012 ya había 70.000 militantes salafistas luchando en Siria contra el régimen de Al-Assad, y que 3.000 eran turcos. Recordaron que los campamentos de refugiados se levantaron antes que estallara la crisis porque fue allí donde se entrenaban a los extranjeros que se iban integrando en el Ejercito Libre Sirio. Por eso, una de las tres sesiones de las jornadas se destinó a analizar la política exterior del AKP, partido en el poder.

El Partido Libertad y Solidaridad, a través de sus diferentes ponentes, junto a los académicos y periodistas turcos que intervinieron en las jornadas, acusaron al gobierno turco de mantener sueños imperialistas aspirando a ser una potencia en la región, cuando lo que está haciendo es hacer la guerra a un pueblo que tiene la misma cultura y mismas familias étnicas y religiosas. Por eso se le pidió que Erdogan cesara su intervención en el país vecino y cambiara radicalmente su política exterior y dejara al pueblo sirio decidir libremente su futuro sin injerencias.

Las jornadas acabaron con una declaración en la que se pidió la retirada absoluta de Siria de todas las fuerzas ocupantes para dejar que los sirios puedan decidir su futuro e iniciar un proceso de transición democrática y pacífica.