Mundo Obrero: Con la perspectiva de estos dos años transcurridos desde el comienzo de las primaveras árabes, aquí en Túnez, ¿Cómo podría definirse el proceso? ¿Fue una revolución? ¿Una contarrevolución? ¿Qué ha pasado en estos dos años?
Mounira Yacoub:
El proceso ha sido abortado por el resultado de las elecciones que han supuesto el comienzo de la contrarrevolución en la medida que el poder que gobierna Ennahda (El Renacimiento), es una expresión de los Hermanos Musulmanes, que es una organización internacional que no puede o no quiere caminar en el sentido de las reivindicaciones de igualdad y la justicia de todos los tunecinos. Es un movimiento religioso extremista, económicamente ultraliberal que no puede ir en otra dirección que la de golpear a los pobres y a las clases menos favorecidas.

M.O.: ¿Qué sucedió para que poco después de las inmensas movilizaciones ciudadanas reivindicando derechos y libertades, los Hermanos Musulmanes ganaran las elecciones?
M.Y.:
En los tiempos de Ben Ali, estaban el partido en el poder y los que en Túnez llamamos “partidos de cartón piedra” que eran el decorado. Los partidos de la oposición eran ilegales y se trabajaba en la clandestinidad.

Y de repente hubo una explosión de partidos. En unas semanas teníamos 110 o 115 partidos. La gente no estaba acostumbrada a tener tantos partidos expresándose en la legalidad y estaban confundidos. Por otra parte, los islamistas, que habían estado oprimidos por Ben Alí se presentaron a las elecciones como quien iba a llevar la justicia a los oprimidos, como gente comprometida, que cree en Dios, puros, que no van a robar, que van a cumplir lo que dicen, porque para ellos mentir es un pecado, etc. Y este es el contexto en el que se celebran las elecciones.

Mientras, muchos partidos, entre ellos el nuestro, el Partido de Lucha Progresista, no cesamos de decir que esas elecciones eran para elegir una Asamblea Constituyente, no para dirigir el país ni para gobernar, sino para redactar una Constitución progresista que dé una base legal a una sociedad tunecina laica, democrática y progresista o, por el contrario, a una Constitución claramente retrógrada y oscurantista basada en la religión.

Y evidentemente, quienes hablamos de forma clara no ganamos porque la gente no entendía que debatiéramos de Constitución en lugar de hablar de las carreteras que íbamos a construir, de las casas que íbamos a dar, etc. La campaña electoral fue forzada porque a la gente les prometían el paraíso, la creación de miles de empleos, aeropuertos y carreteras por todas partes, casas, cualquier cosa. Y la gente, que no tenía experiencia electoral ni la costumbre de elegir, fue captada por un discurso populista.

Es ahora cuando se empiezan a dar cuenta de que se equivocaron porque aquellos a quienes eligieron no van a cumplir las promesas que hicieron: no hay trabajo, no ha mejorado la vida, y ni siquiera han elaborado la Constitución. Así que hay una gran decepción que puede desembocar bien, en otras en otras elecciones que den la victoria a la gente que habla de justicia social desde unas bases reales o, bien, en otro populismo. Nadie lo sabe. Lo único que sé es que Ennahda no tendrá tantos diputados si las elecciones se celebraran ahora. Pero ¿es que pueden ganar las fuerzas progresistas? Sinceramente, no lo sé.

M.O.: ¿Cómo está organizada la izquierda en Túnez?
M.Y.:
El Frente Popular está formado por varios partidos, asociaciones, personalidades independientes que no pertenecen a ningún partido que tienen un trabajo previo en Derechos Humanos, en el mundo de la cultura o en el sindicalismo. Pero tengo que decir que no hay realmente un gran partido de izquierdas ni un Frente de Izquierdas. En el Frente Popular hay también liberales, nacionalistas, etc. Pero sí hay muchos puntos comunes, fundamentalmente nuestra oposición a esta política ultraliberal. Coincidimos en que el poder dirigido por Ennahda, la troika y los otros partidos, no es un gobierno que representa al pueblo, sino una continuación de la política ultraliberal de Ben Alí que ha empobrecido a los pobres y ha enriquecido a los más ricos, para los que nada ha cambiado.

Lo que nos une está recogido en un texto que se llama La Plataforma Común y que se fundamenta en la lucha por una sociedad más justa con un mejor reparto de riquezas entre las regiones y entre los ciudadanos. Luchamos por una igualdad perfecta entre los hombres y las mujeres. Estos son los ejes principales de la Plataforma Común que reúne a nuestros partidos.

M.O.: Con el gobierno de los Hermanos Musulmanes, ¿En qué situación se encuentran hoy las mujeres, que fueron las primeras que salieron a la calles reivindicando libertades y derechos?
M.Y.:
Las mujeres tunecinas siempre han estado en vanguardia, incluso en el movimiento sindical. En la CGT hay un grande número de afiliadas, participan en todas las huelgas y en todas las manifestaciones.

Durante la huelga de la cuenca minera en 2008 las mujeres estuvieron muy presentes, sufrieron igual que los hombres la represión de Ben Ali y resistieron hasta el final.

Las mujeres siguieron militando, a través de blogs en internet, en facebook, en grupos, en los partidos que todavía eran clandestinos. Y todavía siguen ahí. Y también en la calle. El 14 de enero había muchísimas, muchísimas mujeres en la calle, haciendo exactamente lo mismo que los hombres.

Después pensaron que lo mismo que pedían en la calle lo querían también respaldado por la ley. Cuando los integristas ganaron las elecciones, en el primer proyecto de la Constitución intentaron tocar los derechos de las mujeres y de la familia, que eran muy ricos…había igualdad. En el preámbulo de esa nueva Constitución ya no se hablaba de ciudadanos y de ciudadanas, sino que se inspiraba en los valores musulmanes, de modo que la mujer pasaba a ser la complementaria del hombre, etc.

Fue la gota que colmó el vaso e hizo que las mujeres volvieran a salir a decir que somos igual que los hombres, diciendo que no sólo no vamos a permitir un retroceso al antiguo status de mujeres, sino que hemos participado en la revolución y queremos nuestra parte de derechos de igualdad y libertad. Nadie pensaba que salieran tantas mujeres a la calle, desde los partidos, los sindicatos y desde la ciudadanía. Eso hizo retroceder a Ennahda. Y las mujeres seguirán saliendo a protestar si les tocan sus derechos. Todas las mujeres progresistas compartimos las mismas reivindicaciones, no sólo las del Frente Popular, y nos negamos a convertirnos en esclavas.

M.O.: ¿Qué reacciones produjo el asesinato de Choukre Beladï?
M.Y.:
Choukre era un jefe del Frente Popular. Era un jefe mediático. Y siempre combatió hasta el final lo que hizo el gobierno y sus aliados. Hablaba muy a menudo, en la tele, de la tentativa del gobierno integrista de hacer otra sociedad tunecina a imagen de la de Arabia Saudí y Qatar. Hacía mucho que recibía amenazas de muerte. Durante su última semana incluso escribió una carta de su puño y letra al Procurador de la República para decirle que estaba amenazada. Pero era un hijo del pueblo que no aceptaba tener protección. Cuatro días antes del asesinato, atacaron su mitin en Kef. Era el sábado 2 de febrero. Al día siguiente, tuvimos un mitin del Frente Popular en otra ciudad del noroeste. Fue su último mitin. Participaba conmigo y con otros líderes del Frente Popular. Choukre dijo públicamente que no tenía miedo, pero parecía muy asustado porque sabía que estaba en peligro. Yo dije que esta batalla contra esa gente tenía que darse desde el terreno cultural, de la educación, etc. Que teníamos que atacar los cimientos de esa cultura del oscurantismo. Dos días después fue asesinado.

M.O.: ¿Quién mató a Choukre?
M.Y.:
Siempre hay una responsabilidad política y una responsabilidad jurídica. Una cosa es quién disparó y otra quién lo ha cubierto y le ha dado una cierta legitimidad a esos actos. Son todos esos discursos extremistas que vienen, incluso, de gente que está en el gobierno, como el actual Primer Ministro, que era el ministro del Interior y que en el telediario y en los periódicos acusó directamente al Frente Popular y a Choukre de ser quienes sacaban a la gente a manifestarse a la calle. Y no digo ya los imanes de las mezquitas que declaran que todos los que no creen en la religión, los infieles, merecen la muerte.

El presidente provisional ha dicho que los que acusan a Ennahda de haber matado a Chorukre deberían salir del país. Dijo que si hay otro movimiento contra su poder les iban a pasar por el cadalso. Nos quiere meter miedo.

Cuando relacioné el asesinato de Choukre con lo que dijo el presidente provisional comprendí que es un mensaje que nos ha querido enviar a toda la gente de izquierdas: “Veis, ahí lo tenéis. A vuestro gran jefe. Se enfrentó a nosotros y ahora está muerto. Así que tranquilizaros, dejar de gritar y de decir que Ennahda está contra el pueblo, porque si no lo que os espera es la muerte”. Pero no nos van a parar. Al contrario, cuando atacan los intereses del pueblo popular, de la gente más humilde… hoy que hasta las capas medias y los funcionarios están por debajo del índice de pobreza, nos dan más razones para salir a manifestarnos porque no tenemos nada que perder.

M.O.:¿Existen los musulmanes moderados?
M.Y.:
Desde mi punto de vista y desde el análisis de mi partido, no. No hay musulmanes moderados igual que no hay religiones moderadas. ¿Por qué? Por que para ellos quien no es árabe ni musulmán es un ciudadano de segunda.

Las religiones, todas, incluida la musulmana, son incompatibles con una verdadera cultura de Derechos del Hombre que dice que todos somos iguales, independientemente del sexo, la cultura y la religión.

La historia de todas las religiones está llena de sangre y de represión. Oprimen a la gente utilizando el poder de la palabra de Dios.

M.O.: ¿Cómo valora la celebración del Foro Social Mundial en Túnez?
M.Y.:
Ha sido muy positivo. Por una parte, psicológicamente, ha significado un apoyo muy importante para todos los activistas que salieron a la calle a reivindicar libertades y derechos, el poder encontrarse con gente de todo el mundo que comparte los mismos valores, que son unos valores universales.

Por otra parte, este contacto tendrá repercusiones para el país. Un ejemplo, hay una campaña contra la deuda externa. Los tunecinos están estrangulados por la deuda, donde ganan los bancos y los pobres son cada vez más pobres y oprimidos. Es la misma deuda que castiga a otros pueblos de Europa y del mundo y hay que encontrar una solución a escala internacional.

Por eso, la noción internacionalista de lucha es tan importante. Es fundamental que los jóvenes se sientan parte de ese movimiento internacional de gente que lucha por la igualdad porque el capital, el FMI, oprime a los pueblos de todo el mundo, a los tunecinos, a los griegos, españoles, chipriotas. Los jóvenes deben comprender su pertenencia a una clase oprimida en todo el mundo.