Carlos Blanco Aguinaga (Irún 1927) ha muerto. Desde niño conoció el exilio como tantos otros. En México, después de doctorarse en Harvard, fue profesor en distintas universidades americanas como españolas. Además cultivó el ensayo y la novela. Y como historiador es coautor de la Historia social de la literatura española (en lenguacastellana) junto a Iris Zabala y Julio Rodríguez Puértolas, que en su día agitó las aguas de la crítica y literaria y soliviantó a los que más tardes se convertirían en adalides del fascismo.

Se ha muerto otro sabio, cuya vida transcurrió fuera de España y que el fascismo hurtó a generaciones de su magisterio. De su ingente obra crítica hay que destacar Juventud del 98 que alcanzó una tercera edición corregida y aumentada, La historia y el texto literario, El Unamuno contemplativo, y la edición de las Obras completas de Emilio Prados.

Carlos Blanco Aguinaga se nos ha muerto mientras este país se hunde en una decadencia moral e intelectual, aunque nos queda su trayectoria edificante y la ejemplaridad de un maestro que contribuyó a romper los esquemas de la crítica oficialista y comprender la literatura como producto de la historia.