El 14 de enero se produjo una explosión en una empresa petroquímica del polígono Sur de Tarragona. Murieron 3 personas, dos eran trabajadores y el tercero un vecino que estaba en su casa, a casi 3 kilómetros de la planta de Industrias Químicas del Oxido de Etileno (IQOXE), cuando una placa de aproximadamente una tonelada proyectada por la explosión de un reactor de la planta, entró en su vivienda y acabó con su vida. También dejó 7 heridos. Uno de ellos siguen en el hospital con quemaduras y varias operaciones en la mano derecho. La población quedó conmocionada por la explosión y la nube química que ocasionó, que no es tóxica pero sí altamente inflamable.

No se sabe exactamente qué ocurrió aquel día ni cómo se produjo el accidente. Hay tres vías de investigación abiertas: una por parte de la empresa, otra por el departamento de Trabajo de la Genaralitat, y la tercera por la policía judicial del juzgado de instrucción número 1 de Tarragona. La zona cero sigue cerrada y todo está bajo secreto de sumario.

Los trabajadores están deseando saber lo que pasó pero todos apuntan que lo que hay detrás, es el mismo problema que se repite en muchas empresas: la precariedad laboral, plantillas mínimas con exceso de trabajo e insuficiente formación, como nos cuenta José María Garrol Olan Olano, delegado sindical de CCOO en IQOXE. A esto le suma el afán por ganar dinero al precio que sea: “Desde que los nuevos dueños compraron la empresa, en 2014, se cambió la forma de trabajar y lo que se priorizó fue la producción por encima de todo; intentan lograr la máxima ganancia con el mínimo gasto, es decir con la mínima plantilla. El resultado es que en los últimos 5 años en la empresa se han registrado 74 incidencias, sumando los accidentes y connatos de incendio”. Garro, que lleva 32 años trabajando allí asegura que nunca había visto nada similar, no recuerda haber contado más de 10 ó 15 casos en los 27 años anteriores.

También explica que se ha deteriorado mucho el proceso de formación y que cuando él entró, los nuevos empleados se pasaban 4 ó 5 meses aprendiendo con un encargado y tenían cursillos de formación de 2 y 3 meses, pero que ahora se reduce a 15 días trabajando con un veterano.

“Un día va a pasar algo”, es una frase repetida, cada vez con más frecuencia, en muchas empresas. Y como dice Garro, nunca pasa nada, hasta que un día pasa. Señala más elementos que aumentan la probabilidad de la siniestralidad: la gente tiene sobrecarga de trabajo y jornadas que a veces son de 10 a 11 horas; pero también tienen miedo a perder el puesto de trabajo, miedo a protestar.

Tras el grave accidente, CCOO y UGT han convocado una huelga general de 24 horas en el sector petroquímico de Tarragona, el próximo 19 de febrero, para exigir a las empresas y a la Generalitat que se acabe con la precariedad laboral y se garantice la seguridad de los trabajadores del sector y de la ciudadanía. También demandan que se limiten las subcontrataciones y externalizaciones en el sector y que la Generalitat ponga más inspectores en las petroquímicas.

La huelga afectará tanto a los trabajadores de las principales empresas de los polígonos de Tarragona como a las auxiliares, gran parte de un sector que emplea a unas 35.000 personas en Cataluña, según fuentes sindicales.

Los sindicatos han iniciado ya contactos con las asociaciones de vecinos y las entidades sociales de Tarragona, así como con los ayuntamientos, con la intención de implicar al conjunto de la ciudadanía en la manifestación que se realizará la tarde del día 19 para reivindicar más seguridad.

La plantilla, aún conmocionada y con el dolor de la pérdida de los compañeros trabaja ahora en otra planta que no está afectada para evitar perder los clientes. IQOXE es la única empresa que produce óxido de etileno en España y quieren evitar que los compradores pueden irse a buscarlo a Francia.

El delegado sindical de CCOO está convencido de que este accidente marcará un antes y un después en temas de seguridad, por ejemplo, y que ésta se hará de abajo hacia arriba y no de arriba hacia abajo, como se ha hecho ahora. Está convencido de que los trabajadores han perdido el miedo a protestar y que mejorarán los protocolos de seguridad y la seguridad de la población.

Redacción