Corría marzo de 2005. Unas semanas antes, y por primera vez en la historia de Uruguay, había ganado las elecciones presidenciales una coalición única en el mundo: el Frente Amplio, compuesto por el Partido Socialista, el Partido Comunista y la Democracia Cristiana. Ahí es nada

El 1 de marzo de 2005 era la fecha señalada para la solemne toma de posesión del nuevo presidente progresista, el doctor Tabaré Vázquez, un hombre que tenía la bondad por defecto.

Fui invitado a los actos de la toma de posesión por el Frente Amplio y la central sindical unitaria del Uruguay, el PIT-CNT, en mi condición de presidente de la USO de España y vicepresidente de la CMT mundial.

Montevideo era una fiesta desde días antes y se había prorrogado el mítico carnaval para que coincidiera con la toma de posesión. Inolvidables aquellos días y madrugadas, la alegría desbordada, la esperanza, los cánticos, el candombe, el mate multitudinario…

Previamente, Pepe Mujica había sido elegido presidente del Parlamento de Uruguay y en su condición de tal debía tomar juramento a Tabaré Vázquez.

Sabía quién era Pepe Mujica pero era la primera que lo oía hablar. Su discurso fue breve y estremecedor. Sin corbata, sin leer, arrastrando lentamente las palabras, un hombre ya viejo que tenía a la espalda años y años de persecución, cárcel y torturas, hablaba del amor a la vida y a la Patria y a los más humildes y prescindía de todo odio y rencor…

Impresionó y emocionó tanta autenticidad y dulzura en un hombre que tuvo que ser forzosamente de hierro para sobrevivir.

El Pepe Mujica que se ha despedido hace unos días del Senado y la política de primera línea es el mismo y con el mismo discurso de hace más de quince años. Mil gracias.

Por cierto, la delegación oficial española a la toma de posesión de Tabaré Vázquez la encabezaba el entonces Príncipe de Asturias. Pensé que ojalá se quedara con lo más importante de cuanto allí se vivió y se oyó.

Ex Secretario General de la USO y afiliado al PSC