Seguramente es la estatua más querida por los cacereños y las cacereñas. Se encuentra en la Plaza de San Juan, un lugar privilegiado, sitio de paso obligado para los miles de turistas que cada año visitan la ciudad monumental y no dudan en pararse y fotografiarla.
Es la escultura que recuerda a Leoncia Gómez Galán, la última vocera de prensa que tuvo la ciudad de Cáceres y que hoy se ha convertido en un símbolo de la ciudad, del que es necesario recordar su origen de clase.

Leoncia no tuvo una vida fácil. Procedía de la extracción más humilde de la sociedad, era extremeña en los tiempos en que los caciques, terratenientes y señoritos vivían en la abundancia mientras el pueblo llano pasaba miseria y calamidades. Además, como mujer, se le multiplicaban todos los factores anteriores. Hoy es un icono pero pocas personas recuerdan que Leoncia tuvo que trabajar casi sesenta años para poder sobrevivir en esta dura tierra.
VIDA
Vino al mundo en 1903 en Valencia de Alcantara, una localidad de la provincia de Cáceres situada en la frontera con Portugal. Cuentan que fue abandonada al nacer a las puertas de la iglesia del municipio. Fue acogida por una familia de la localidad, la cual pudo darle sustento durante los primeros años de su vida, teniendo que marchar muy joven a la capital de la provincia para servir en casa de algún rico. Con trece años entra a trabajar en casa de un conocido abogado de la ciudad, donde estaría cincuenta años de criada.
Eran los tiempos en donde en las denominadas casas de familias de bien tenían criadas que trabajaban por la comida, la cama y un pequeño salario, condiciones que hoy veríamos como de esclavitud pero que en los tiempos pasados estaban extendidas. En el caso de Leoncia cuando entró a trabajar en plena adolescencia percibía siete pesetas al mes y terminó cobrando quince duros tras más de medio siglo de trabajo sin descanso. Las criadas no tenían derecho a días libres o vacaciones, ni vida propia, ni podían soñar con otra cosa porque desde que entraban en casa de los señores a corta edad debían sumisión al patrón y su familia.
Limpiaba, guisaba, acudía a la compra, hacia los recados… y crió a los nueve hijos e hijas que su jefe tuvo. Toda su vida la dedicó a la familia para la que trabajaba, un sacrificio al que este sistema injusto le obligó por haber nacido en la pobreza. Un día, Germán Sellers de Paz, entonces director de El Periódico Extremadura, le propuso a su jefe que Leoncia vendiera por las calles el diario que dirigía. Corria el año 1966 y con sus 63 años Leoncia no tenía muchas más opciones. Comenzó a desarrollar su nuevo oficio en donde el poco dinero que ganaba le suponía una ayuda para vivir y para pagar una habitación que tenía arrendada en el populoso barrio de Busquet.
Así continuó durante casi una década. Día tras día, esperando que algún suceso o noticia importante le permitiera vender más periódicos para poder sacar algo más de dinero y vivir un poco mejor. Se retira en 1975 con 72 años. Si la vida para nadie pasa en balde, menos iba a ser para Leoncia que llevaba trabajando desde que la memoria le alcanzaba. Terminó sus últimos días en la residencia de mayores de la Avenida de Cervantes, donde conoció a Salvador Hernández Fernández, con quien contrajo matrimonio en 1977.
ICONO
Leoncia Gómez Galán falleció en 1986 cuando tenia 83 años de edad. Dejó una huella imborrable en una generación de cacereños y cacereñas y se fué sin saber que unos cuantos años después se convertiria en un icono de la ciudad. En agosto de 1999, coincidiendo con el 75º aniversario de El Periodico Extremadura, este diario instaló dos estatuas que representaban a Leoncia. La menos conocida está en la propia redacción del diario, la otra, la que le ha dado la fama que hoy tiene, se encuentra en la Plaza de San Juan. Lugar en donde tantas veces Leoncia pasó frio o calor para intentar liquidar los últimos ejemplares del periódico del día.
Hoy Leoncia es una más en la ciudad. Pero pocas personas conocen su dura historia, que es la historia de muchas mujeres en la Extremadura de Los santos inocentes. Una historia de sacrificio por salir adelante ante las duras condiciones que ofrece esta tierra. Una historia de abuso laboral que la llevó a estar explotada durante sesenta años. Podemos decir sin miedo a equivocarnos que Leoncia es una hija del pueblo, que fue parte de la clase obrera y así habría que recordarla.







