El juicio inquisitorial a Hasél no es más que el síntoma. La enfermedad es la metástasis de un régimen podrido. Como él dijo en sede judicial, acabaremos por gritar los demás a los cuatro vientos a poco de conciencia y dos dedos de frente que tengamos: ¿es que voy a tener yo la culpa de los robos y la putridez? En el banquillo deberían estar los ladrones, los reyes, los amos de la corrupción. El Estado pende de un hilo pero el culpable es el estercolero, la ciénaga definitiva. No habrá salida así. Y seguirán los procesos, el próximo Angelillo de la Vall, antes Alfon, los titiriteros… Nueva inquisición que encarcela si cuestionas, mundo de locos y al revés. Le propuse a un autor amigo que hiciera otras Luces de Bohemia, hace falta. Prefiero ser el Valle Inclán con los rotos en las botas que la togada esa que interrogaba a Pablo o que los impunes que nos lastran el presente y el futuro. Lo ha comentado todo el mundo sensato, lo de esa togada, “icono de la justicia que tenemos en este país”.

Esto en el gran Casino que es el mundo entero desregulado. No hay ya casi trabajos de verdad. Se burlan de uno a lo Daniel Blake (qué bien lo bordó Loach). Se desmonta la democracia, se asalta hasta el Capitolio, crecen los supremacistas y brutos sin razones ni diálogo, renace la caza de brujas, imponen la represión y sin metáfora alguna nos explotan los ojos con pelotas de goma. Se manca al pueblo, se le extermina. Estamos otra vez en El Mundo de ayer (Zweig también lo advirtió). La burbuja del dinero fiat (filfa, aire crudo) va a estallar. Con la salud se hace dinero. Los grandes de los estudios sesudos internacionales vaticinan que en los próximos 20 años morirán 1,37 millones de personas más que los que hubieran muerto sin el impacto de la pandemia en el empleo. Sobre todo mujeres, africanos y pobres, claro. Así lo expresan. Una pandemia que campa a sus anchas, por cierto, sin estrategia clara de los gobernantes más allá de esa de “todo para los amigos”.

Más muertes, sí, después de las que ya de por sí son sobrecogedoras con esta masacre vírica que se deja mutar en olas y olas, porque lo primero, aquí por lo menos es el bar y la hostelería, y el taxi para ir al bar y a Sierra Nevada o a cazar como el fugado de Zarzuela. Es lo que manda. Luego, lo demás… Y aunque pueda haber vacunas más allá de la que no nos suministran, pues nada que son rusas o cubanas y eso no.

Y los que provocan que perdamos la vida con su sed voraz lo celebran, se ríen de todo esto, que nos quitan hasta el aire matando también el hábitat, ¿cómo no van a saber las muertes si las han contado? Las tenían “en agenda” y “descontadas en Bolsa” desde tiempo ha, así es como ellos hablan. Y quieren que no tengamos odio al poder, que nos volvamos gilis absolutos. ¿Quiénes pagarán por la pérdida de tantas vidas humanas? ¡Delitos de odio…! ¿Y para los que odian a los pobres, a las mujeres y a los africanos, qué? Dijo el nazi Vallejo Nájera que el tanto protestar y quejarse es culpa del “gen rojo”. No, estúpido, no: es una queja ante el mal radical del que hablara Arendt, que fue él, que son ellos, acaparadores sádicos que solo pasan por una justicia real de vez en cuando en la historia, cuando la olla a presión que cuecen, revienta.

Ya se sabe. Para los enemigos, la ley (la que interpretan a su gusto), para los amigos, el trato y a vacunarse a don Orione, saltándose la cola, que de paso se refresca el cabeza de turco de la gran cloaca sucia que llega hasta las mesas de los palacios. La gran trituradora del capital de vez en cuando echa a uno de los suyos a la rueda trituradora: Cifuentes, Urdangarín…, para que creamos que se hace Justicia. La verdad es que para ellos los langostinos y para los demás, aceite de ricino, cañadas reales, frío, miseria, muertes por Covid a las puertas de los hospitales para ricos, donde no entran los parias. ¿Y dicen que tenemos masoquismo por decirnos así? No señor, hemos leído al filósofo Alain, que no cree en fatalismos sino en superación y que, pacifista y cofundador del Comité de Vigilancia de los Intelectuales Antifascistas, les conoció muy bien, a los fascistas, siempre con su violencia a punto…

Estemos vigilantes, esto que es un no va más en la ruleta. Sobre todo, no perdamos la capacidad de raciocinio.

Periodista y escritora. Autora de ‘Despertando a Lenin’