“Pushkin es nuestro”
Anatoli Lunacharskii

1. UN FENÓMENO EXTRAORDINARIO

Ochenta años después de la muerte de Pushkin, un bolchevique, Anatoli Lunacharskii, Comisario Popular de Ilustración en varios gobiernos del Poder Soviético, dijo aquello de Pushkin es nuestro. ¿Por qué lo dijo? ¿A qué se refería? Veamos.

Hoy día las obras de Pushkin son conocidas por toda la población de Rusia y de los países que formaron la Unión Soviética hasta su desaparición. Se encuentran en todas las casas, en todas las bibliotecas, desde las escolares y las de barrio, hasta las científicas en las universidades o en los institutos de investigación de la Academia de Ciencias. Su lectura y análisis forma parte de los pro-gramas escolares y universitarios y sobre ellas se han escrito miles de artículos científicos, ensa-yos y tesis doctorales. Los estudios de animación soviéticos crearon cientos de películas de dibu-jos animados basados en las diferentes obras de Pushkin con las que siguen educándose los ni-ños hoy día. El cine soviético realizó también películas brillantes sobre las obras del escritor. Sus obras dramáticas y sus poemas siguen siendo representados en los teatros de toda Rusia, en mu-chos casos en forma de opera o danza clásica. Se puede afirmar, casi sin margen de error, que no hay autor más conocido y estudiado en Rusia y en el antiguo territorio soviético, que Alexander Pushkin.

Sin embargo, esto no fue siempre así. Ya antes de su muerte se puso de manifiesto una tendencia que pretendía minimizar la obra de Pushkin. Y lo que empezó siendo una tendencia se convirtió pronto en una posición política que pretendía ocultar la obra del poeta y, sobre todo, disminuir su significado e importancia para la cultura rusa.

El genial escritor Nikolai Gogol, incluso en vida del poeta, cuando empezaban las campañas de menoscabo de su figura, en el artículo titulado Neskolko slov o Pushkine (Unas cuantas pala-bras sobre Pushkin) , publicado en la revista Arabeski de S. Peterburgo en el año 1835, es-cribió… Ninguno de nuestros poetas se encuentra en un lugar más alto … y no puede considerar-se “nacional”. Este derecho decididamente pertenece a Pushkin. En él … se concentra toda la ri-queza, la fuerza y la flexibilidad de nuestro idioma. Él más que nadie ha ampliado sus fronteras y ha mostrado todo su espacio. Pushkin es un fenómeno extraordinario y, posiblemente, un fenómeno único del espíritu ruso…”.

2. LOS ECOS DE UN DISCURSO

Se encontraba Dostoevskii en S. Peterburgo cuando recibió la invitación para participar en los ac-tos de homenaje a Pushkin que tuvieron lugar en el año 1880. Aceptó y se trasladó a su casa ver-de en la pequeña ciudad de Staraya Russa para preparar concienzudamente el discurso que debía pronunciar ante la Sociedad de Amantes de la Literatura Rusa en Moscú. En dicho discurso, Dos-toevskii se planteó como objetivo expresar de forma clara y contundente la admiración que sentía por Pushkin y a la vez expresar sus profundas convicciones sobre la importancia fundamental de su obra para la literatura y la cultura rusa.

Ya en Moscú, Dostoevskii escribió a su esposa en la noche del 28 al 29 de mayo de 1880… “La cuestión principal es que me necesitan no solo los Amantes de la Literatura Rusa, sino todo nues-tro partido, toda nuestra Idea, por la que estamos luchando treinta años, ya que en el partido enemigo (Turgenev, Kobalevskii y casi toda la Universidad) están decididos a reducir el significado de Pushkin como exponente del pueblo ruso, negando incluso al propio pueblo”.

El monumento, que todavía se conserva en la Plaza de Pushkin de Moscú, fue finalmente inaugu-rado el día seis de junio y por la tarde tuvo lugar la primera intervención de Dostoevskii en un acto en el que leyó una escena de la obra de teatro Boris Godunov. En la carta que el escri-tor escribió a su esposa al día siguiente aparece bien clara la fractura filosófico-política entre Dos-toevskii y Aksakov por un lado y los occidentalistas de Turgenev por otro: “[hoy] he leído la escena de Pimen … me han recibido maravillosamente … tras la lectura he tenido que salir tres veces a escena a saludar … [a continuación fue el turno de Turgenev] Me he dado cuenta de que un grupo de unos cien jóvenes gritaban con frenesí cuando salió a escena Turgenev. Me pareció que era un grupo de claque preparado por Kobalevskii. Y así fue. Hoy, a la vista de este claque en la sesión matinal de lecturas, Ivan Aksakov se ha negado a pronunciar su discurso tras la intervención de Turgenev (en la que éste ha humillado a Pushkin, quitándole la condición de poeta nacional) y me ha explicado que el grupo de claque ha sido preparado con tiempo, especialmente para la ocasión, por Kobalevskii (son estudiantes suyos, todos occidentalistas) con el fin de exhibir a Turgenev co-mo líder de su corriente”.

La fractura no era solo entre los ponentes y sus adeptos directos, sino entre el público asistente a los actos. Dostoevskii escribió más adelante… “una muchedumbre de hombres y mujeres han pa-sado entre bastidores a estrechar mi mano. En el entreacto al pasar por la sala una infinidad de personas, jóvenes y mayores se volcaron sobre mí diciéndome… “es usted nuestro profeta, usted nos ha hecho mejores” … [ya por la noche] cuando a las nueve y media me levanté para irme … el público empezó a gritar ¡hurra! … después esta multitud me acompañó por la escalera y sin abri-gos y sin sombreros salieron conmigo a la calle y me acompañaron hasta el carruaje…”.

El discurso de Dostoevskii sobre Pushkin del día 8 de junio supuso una descarga de energía de gran magnitud cuyas consecuencias para la cultura rusa siguen proyectándose hasta el día de hoy. De vuelta al hotel, Dostoevskii escribió a su esposa… “Esta mañana he leído mi discurso … la sala estaba llena hasta los topes. No Annita, no, nunca podrás imaginarte el efecto que ha produci-do. … He leído en voz alta, con palabras de fuego. Todo lo que había escrito sobre Tatiana [la pro-tagonista de Evgeni Onegin] ha sido aceptado con entusiasmo (ha sido una gran victo-ria de nuestras ideas sobre 25 años de confusión). Cuando al final proclamé la unidad de la Huma-nidad, la sala se volvió como histérica, cuando terminé, no te hablo de los rugidos, de los gritos de entusiasmo… las personas de la sala, desconocidas entre ellas, lloraban y se abrazaban”. Durante más de media hora se prolongaron los aplausos y las salidas de Dostoevskii al escenario para sa-ludar.

3. EL “VIAJERO ERRANTE” Y LA FALSA VERDAD

El discurso fue construido por el escritor con los materiales de veinte años de reflexión sobre la obra de Pushkin. Siendo profundamente religioso, Dostoeveskii consideraba que el ser humano es un misterio, un enigma no revelado por Dios. El hombre y la mujer rusa siempre estuvieron en el centro de sus construcciones histórico-filosóficas en las que intentaba encontrar respuesta al des-tino de Rusia y al gran dilema entre la libertad y la justicia social.
Comenzó su discurso recordando las palabras de Gogol… “Pushkin es un fenómeno extraordina-rio y, posiblemente, un fenómeno único del espíritu ruso, dijo Gogol. Y añado de mi parte: y proféti-co. Sí, en su aparición hay para todos nosotros, los rusos, algo, sin discusión, profético. Pushkin vino precisamente al principio del nacimiento de nuestra autentica conciencia … en este sentido Pushkin es profecía e indicación”.

A través de personajes primordiales de las obras de Pushkin, Dostoevskii señaló como el poeta había conseguido expresar la esencia del conflicto en la cultura rusa: “En la figura de Aleko, héroe del poema Tsigane (Gitanos) se manifiesta ya, profundo y fuerte, el pensamiento ruso. … y de forma genial mostró al infeliz viajero errante en la tierra patria … que apareció en nuestra [alta] sociedad aislada del pueblo … a la búsqueda … [de] la felicidad universal. … Aleko, por su-puesto, no sabe todavía expresar correctamente su angustia … solo tiene nostalgia por la natura-leza, queja de la sociedad secular … llanto por la verdad perdida por alguien en algún lugar y que él no puede encontrar de ninguna manera. … En qué consiste esa verdad … y cuándo precisamente se perdió, él no lo sabe, pero sufre de forma sincera”. Se trata de una búsqueda inútil mientras el “viajero errante” no entienda que la verdad que busca está precisamente en el pueblo.

En el poema Evgenii Onegin, el siguiente ejemplo elegido por Dostoevskii en su discur-so, Pushkin expresa la vida rusa con tal fuerza artística como nunca antes había sido expresada y posiblemente no lo ha sido posteriormente. Pushkin se muestra como el gran escritor popular al entender y exponer de forma magistral la esencia del profundo conflicto entre las clases dominan-tes rusas y el pueblo.

Cuando muestra de nuevo al “viajero errante” a la búsqueda de la falsa verdad, pone frente a él a todo un universo de magníficos prototipos positivos encontrados en el pueblo. “La principal belleza de estos prototipos reside precisamente en que son expresión autentica de la verdad popular”, dijo Dostoevskii. En Pushkin, además, se produce la fusión de los modelos culturales populares rusos con el espíritu popular ruso. Él fue capaz de mostrar esta fusión auténtica con toda su fuerza, co-mo nunca antes ningún autor pudo mostrar y como pocos posteriormente ha podido mostrar. Este es uno de los aspectos en los que reside la naturaleza profética de Pushkin.

Frente a la falsa búsqueda en los modelos occidentales, frente al servilismo occidentalista de las elites dirigentes, de la alta sociedad y de la naciente intelligentsia rusa, frente a la pasividad de sus clases dirigentes, Pushkin desarrolló en sus obras un prototipo de mujer rusa, joven, de naturaleza fuerte, manifestación del sentimiento y la moral popular, de los valores patrióticos, del heroísmo y de la capacidad de sacrificio del pueblo. Las heroínas de Pushkin son la expresión del patriotismo, del sentimiento de orgullo nacional, del dolor y la inquietud por el destino de Rusia.
Este modelo de heroína será posteriormente reproducido y desarrollado en la literatura rusa hasta el periodo soviético y tendrá en la vida real expresiones que superaran con mucho a los prototipos literarios, siendo el caso absolutamente primordial el ejemplo representado en los años de la Gran Guerra Patriótica por Zoia Kosmodemianskaia.

4. LA HUMANIDAD Y LO UNIVERSAL

En un momento de su discurso, ya casi al final del mismo, Dostoevskii lanzó una pregunta ante el auditorio: “¿Dónde reside la fuerza del espíritu del pueblo ruso, de lo popular, sino en su aspiración Universalista y Humanista final?” Pushkin, gracias a su naturaleza de poeta del pueblo, a su acer-camiento a la fuerza de lo popular, entendió de inmediato el gran destino de Rusia. Aquí también fue un adivinador del futuro, un profeta.

Para comprender mejor esta cuestión intentemos entender en qué consistió la reforma de Pedro I y qué significó en realidad para los rusos. Dostoevskii dijo en su discurso que aquella reforma no fue una cuestión de utilitarismo, de aplicar a la realidad rusa las formas y progresos de Occidente. Ha-bía en la reforma un objetivo superior, un destino trascendental al que Pedro I se acercó más por intuición que por conocimiento. Aquella reforma encerraba en su seno la aspiración de Rusia a re-unir en una única comunidad a toda la Humanidad. Pushkin entendió ese “misterio” y ahí radicaba su admiración por la figura de Pedro I y sus reformas.

Dostoevskii unió en sus conclusiones el Humanismo universalista de sus concepciones histórico-filosófico-literarias con la “verdad” popular de la cultura rusa encontrada y expresada por Pushkin en sus obras. Para el autor de los Hermanos Karamazov el destino del ser ruso, la verdadera esencia de la naturaleza rusa es el ser Universal. La hermandad de todas la personas en una Comunidad Fraternal Universal (el socialismo cristiano de Dostoevskii).

Y añade, quizá agotado por la eterna disputa en la cultura rusa: “todo este nuestro eslavofilismo y occidentalismo no es más que un gran malentendido, aunque imprescindible desde un punto de vista histórico. … De haber vivido Pushkin más tiempo es posible que no tuviéramos ahora estos conflictos y discusiones. Pero Dios decidió de otra manera. Pushkin murió en pleno desarrollo de sus fuerzas y se llevó consigo a la tumba un gran misterio. Y nosotros ahora, sin él. Intentamos descifrar ese misterio”.

Historiador

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