Los avances para acabar con la explotación laboral infantil se han estancado por primera vez en dos décadas y la pandemia de COVID-19 amenaza con abocar al trabajo infantil a nueve millones más de niños para 2022. Un estudio conjunto de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y el Fondo de naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) indica que el mundo no está en vías de eliminar el flagelo para 2025 y que, para cumplir esa meta, el progreso global tendría que ser casi 18 veces más rápido que en los últimos 20 años.

“160 millones de niños –63 millones de niñas y 97 millones de niños– se encontraban en situación de trabajo infantil a principios de 2020: 1 de cada 10 niños en todo el mundo”

El informe “Trabajo infantil: Estimaciones mundiales 2020, tendencias y el camino a seguir”, publicado por la OIT y UNICEF en el Año Internacional para la Eliminación del Trabajo Infantil de las Naciones Unidas, describe el alcance y las características del trabajo infantil hoy, y su evolución en el tiempo.

Las últimas estimaciones mundiales indican que 160 millones de niños –63 millones de niñas y 97 millones de niños– se encontraban en situación de trabajo infantil a principios de 2020, lo que representa casi 1 de cada 10 niños en todo el mundo. Un total de 79 millones de niños –casi la mitad de todos los niños en situación de trabajo infantil– realizaban trabajos peligrosos que ponían directamente en peligro su salud, seguridad y desarrollo moral.

Los progresos mundiales en la lucha contra el trabajo infantil se han estancado desde el año 2016. El porcentaje de niños en situación de trabajo infantil no ha cambiado en estos últimos cuatro años, mientras que el número absoluto de niños en situación de trabajo infantil ha aumentado en más de 8 millones. De manera análoga, el porcentaje de niños que realizan trabajos peligrosos prácticamente no ha cambiado, pero ha aumentado en 6,5 millones en términos absolutos.

Lo que el informe nos indica es alarmante. Los progresos mundiales en la lucha contra el trabajo infantil se han estancado por primera vez desde que se producen estimaciones mundiales, hace dos décadas.

EL TRABAJO INFANTIL SE CONCENTRA EN ÁFRICA

El aumento del trabajo infantil se concentra en África, que ha pasado de tener 72 millones de niñas y niños trabajando en 2016 a 92 millones, así como Arabia, que ha duplicado su número (de 1,2 millones a 2,4 millones de menores). La región de Europa y Asia Central alcanzó los 8,3 millones el año pasado respecto a los 5,5 millones de niños y niñas afectados por el trabajo infantil en 2016.

Se ha logrado disminuir el trabajo infantil en Asia y el Pacífico, con 48,7 millones de niños y niñas trabajando respecto a los 62,1 millones de hace cuatro años y América Latina y el Caribe, que han restado algo más de dos millones de menores trabajando, hasta los 8,2 millones en 2020.

Los niños de África son los más afectados. «En la actualidad, existen más niños en situación de trabajo infantil en África Subsahariana que en el resto del mundo», destaca el informe. Allí, uno de cada cuatro menores está afectado por esta situación.

Más del 70% de los niños en situación de trabajo infantil (112 millones) se dedican a la agricultura, según señala el informe. El estudio de la OIT y Unicef subraya además que un total de 79 millones de niños, casi la mitad de toda la infancia en situación de trabajo infantil, «realizaban trabajos peligrosos que ponían directamente en peligro su salud, seguridad y desarrollo moral».
La OIT y Unicef subrayan que «los países deben aunar esfuerzos en el espíritu del artículo 8 del Convenio 182 de la OIT», sobre la prohibición de las peores formas de trabajo infantil, «ratificado universalmente». Los países se han comprometido en numerosos acuerdos internacionales, como la Agenda 2030, que pretende acabar con el trabajo infantil en 2025.

MEDIDAS URGENTES PROPUESTAS POR NACIONES UNIDAS

Se necesitan medidas inmediatas para evitar un mayor retroceso durante la crisis actual de la COVID-19. La pandemia ha puesto claramente de relieve el riesgo de trabajo infantil, ante todo por el fuerte incremento de la pobreza que puede dar lugar a que las familias dependan en mayor grado del trabajo infantil, y por los cierres de las escuelas.

Durante las fases aguda y de recuperación de la crisis, será importante no perder de vista los imperativos de política más generales para poner fin al trabajo infantil:

-Extender la protección social para los niños y sus familias, con el objetivo de mitigar la pobreza y la incertidumbre económica que subyacen al trabajo infantil.

-Garantizar una educación gratuita y de buena calidad al menos hasta la edad mínima de admisión al empleo.

-Garantizar que se registre el nacimiento de cada niño, para que los niños tengan una identidad legal y puedan gozar de sus derechos desde su nacimiento.

-Promover el trabajo decente que permita obtener ingresos justos para los jóvenes y los adultos, poniendo énfasis en los trabajadores de la economía informal.

-Promover medios de sustento rurales adecuados, en particular apoyando la diversificación económica, invirtiendo en una infraestructura de servicios básicos, extendiendo la protección social y concibiendo políticas de extensión agrícola para la diversificación de los cultivos.

-Garantizar que exista la legislación necesaria para proteger a los niños, respaldada por mecanismos encargados de la aplicación de la legislación y por sistemas de protección de la infancia, y los servicios necesarios para aplicarla.

-Abordar las normas de género y la discriminación que aumentan los riesgos de trabajo infantil, en particular para las niñas, relacionados con el trabajo doméstico y con las tareas domésticas no remuneradas

Porcentaje y número de niños de 5 a 17 años en situación de trabajo infantil y de trabajo peligroso. La gráfica muestra cómo la lucha mundial contra el trabajo infantil se ha estancado desde 2016.

Fuente: Informe “Trabajo Infantil. Estimaciones mundiales 2020, tendencias y el camino a seguir”. OIT y UNICEF