Tras la marcha en Glasgow del sábado, donde a pesar de las fuertes lluvias más de 110.000 personas salieron a la calle gritando “System Change, not Climate change” (cambio de sistema, no cambio climático); ayer 7 de noviembre tuvo lugar el tribunal popular contra la Convención Marco de las Naciones Unidas.

Multitud de organizaciones de las diferentes regiones del mundo dieron testimonio de cómo las decisiones que se están tomando durante estos días en la Conferencia de la ONU, no frenarán el cambio climático. Tras más de 25 años de COPs, más de 400 decisiones, más de 35 resoluciones y muchísimos mandatos y planes de acción; seguimos ante una emergencia planetaria profunda y acelerada, que forma parte ya de la vida cotidiana de las personas del Sur Global.

Durante el veredicto, Vijay Prashad, parte del jurado popular, remarcó que “La UNFCCC ha violado la Carta de los Derechos Humanos, que exige en su capítulo 1 a los Estados miembro ‘tomar medidas colectivas eficaces para prevenir y eliminar las amenazas a la paz’ y les mandata ‘lograr la cooperación internacional en la solución de los problemas internacionales»’. Este juicio simbólico, inspirado en el Tribunal Internacional sobre Crímenes de la Guerra de Vietnam, estructuró su acusación contra los crímenes ecológicos permitidos y promovidos por la Convención Marco de las Naciones Unidas en 6 cargos: No abordar las raíces del cambio climático, no afrontar las injusticias sociales y económicas mundiales, no proveer la financiación adecuada para la supervivencia social y planetaria, no construir las vías para una transición justa, permitir la falta de regulación y la apropiación de las corporaciones del proceso de la UNFCCC y no reconocer, promover y proteger los derechos de la naturaleza.

En la sala había unanimidad: “No creemos que no sepan lo que se debe hacer. Tienen todos los recursos para saberlo. No quieren hacerlo, prefieren que los beneficios sigan aumentando.” Estas intervenciones como la de Josua Mata, líder sindicalista filipino, se sucedieron. Nick Dearden de Global Justice Now ponía en cuestión la institucionalidad que tenemos y la que necesitamos “El Fracaso de la COP es un síntoma del capitalismo” “Dejan las consecuencias para mañana, y el beneficio para hoy” Pero más importante, las y los testigos nos recordaban que no podemos encontrar soluciones si nos negamos a considerar las reglas de la economía global: privatización y liberalización, monopolios en la propiedad intelectual de ciencia y tecnología; militarización y mecanismos que protegen las inversiones y beneficios de las empresas energéticas. Necesitamos Estados capaces de desarrollar una planificación a largo plazo desde las regulaciones, lo público y lo común. “Nada de esto se está debatiendo en la COP26” nos decía el activista nigeriano Nnimo Bassey de Health of Mother Earth Foundation. Y es que no podemos obviar que los 22 hombres más ricos tienen más riqueza que todas las mujeres en África. La líder de Focus on the Global South, Shalmali Guttal lo decía bien claro “El sur Global demanda justicia, no ayuda”.

Y es que esa ayuda económica llega en un 74% en forma de préstamos a los países empobrecidos.

La acusación también encontró consenso en que para esta planificación necesaria, la UNFCCC no tiene legitimidad. El futuro del planeta debe ser decidido e implementado por los pueblos, en donde las voces, especialmente de quienes sufren las consecuencias, sean escuchadas y formen parte de la articulación de las medidas necesarias para salvar el planeta. Porque, como decía Joshua, “no está en el ADN del sistema capitalista responsabilizarse de sus víctimas”.

Y es que esta contracumbre, o cumbre popular de la COP se centra en qué significa la justicia social y cómo y porqué la injusticia social se produce. “No tengo esperanza en esta conferencia de la ONU. Lo que tengo son demandas” afirmó Mitzi Jonelle Tan, de Fridays for Future. Y es que estos días en Glasgow, la esperanza está en la calle y viene de los pueblos organizados que construyen caminos.

Corresponsal de Mundo Obrero en Glasgow