Colas interminables para conseguir una prueba PCR, citas a dos semanas vista y llamadas que necesitan horas para conseguir que sean contestadas. Es el escenario de estos últimos días en varias comunidades autónomas, donde los contagios por la variante Ómicron del coronavirus aumentan exponencialmente.

Uno de los grandes ejemplos del desmantelamiento de la sanidad pública, principalmente en la atención primaria, es la Comunidad de Madrid de Isabel Díaz Ayuso. Este servicio cuenta con una escasa inversión de recursos públicos aun estando en una pandemia, además de una gran falta de sanitarios y condiciones precarias para los puestos que hay.

Hace unos meses, el gobierno de la CAM pretendió tapar el gran agujero de la atención primaria con un plan que prometía una inversión de 200 millones de euros en los dos próximos años. Sin embargo, se reconoció desde el gobierno de la comunidad que no era suficiente para cubrir la inmensa falta de personal. Además, Ayuso despidió a todos los refuerzos COVID-19 de la comunidad, dejando a la sanidad madrileña en una situación insostenible.

El enfado de las madrileñas y los madrileños se ha hecho más patente ante el aumento exponencial de contagios en la capital. El martes se batió el récord de contagios por coronavirus, con 11.221 positivos registrados según la Consejería de Sanidad. Sin test siquiera para la población, la gente se ven obligada a autoconfinarse, a veces sin lograr un diagnóstico.

Las políticas neoliberales de la presidenta de la CAM han desmantelado la sanidad pública en su intención de privatizar los servicios públicos, dejando a la población más vulnerable totalmente desatendida. El personal sanitario ha tenido que soportar además el ataque de la propia presidenta que afirmó en una entrevista que “no todos quieren trabajar y arrimar el hombro”. La Marea Blanca, que ya denunció en verano el cierre de 41 centros de salud, ha continuado manifestándose y denunciando la gestión de Ayuso en la Comunidad de Madrid.

Manifestaciones en toda España

No es la Comunidad de Madrid la única en sufrir el desarticulamiento paulatino de la sanidad pública. En Euskadi, por ejemplo, han tenido lugar movilizaciones en los centros de salud con el lema de lo público no se vende, lo público se defiende. Las sanitarias y los sanitarios denuncian la falta de recursos y personal en la atención primaria, con listas de espera que provocan el retraso de diagnósticos para otras enfermedades que no son el coronavirus.

En Andalucía se han podido ver numerosas marchas multitudinarias convocadas también por CCOO, entre otros, reivindicando la sanidad pública en la comunidad. El gobierno neoliberal de Moreno Bonilla ha dejado a la plantilla de los centros sanitarios agotada y sin recursos, mientras que en las últimas partidas presupuestarias se puede observar cómo se privatizan los servicios sanitarios.

En este contexto de sexta ola pandémica las ciudadanas y los ciudadanos tienen que ir a sus puestos de trabajo en medios de transporte también precarios y abarrotados en hora punta, sin poder reunirse con sus familiares estas fiestas. La precariedad de la sanidad pública, agravada en la atención primaria, ha creado incertidumbre entre la población que se ve forzada a realizarse sus propios test de antígenos, si los consiguen.