Presentación de documento nº 58.

En los años finales de la vida del dictador, se intensificaron los esfuerzos del PCE por configurar plataformas políticas antifranquistas más o menos amplias, desarrollando las premisas del denominado Pacto para la Libertad. Sin embargo, las propuestas comunistas unitarias se abrían paso con cierta dificultad, especialmente por los prejuicios ideológicos o el temor de otras fuerzas a ser desbordadas o quedar oscurecidas por la mayor presencia o capacidad operativa del PCE. La única excepción saldada con éxito fue la Assemblea de Catalunya (noviembre de 1971), que agrupaba prácticamente a toda la oposición catalana, y en cuyo seno desempeñó un papel predominante el Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC). En el resto de España, prácticamente vegetaban o desarrollaban escasa actividad algunas “mesas democráticas” de carácter local o muy circunscrito.

A mediados de 1974, la situación parecía requerir iniciativas más audaces. En pocos meses, entre abril y julio, la Revolución de los Claveles acababa con la prolongada dictadura portuguesa y colapsaba, en Grecia, el régimen de “los coroneles”. En España, tras el atentado mortal contra Carrero Blanco (diciembre de 1973), el gobierno de Arias Navarro ensayaba una táctica continuista disfrazada de apertura política (el “espíritu del 12 de febrero”). Los primeros efectos de la crisis económica parecían anunciarse vagamente, pero lo que cada día se ponía más de relieve era la decrepitud física del dictador y el deseo de la clase política del régimen de buscar salidas continuistas más o menos maquilladas, bajo el amparo de la Monarquía instaurada (que no restaurada) por el Movimiento Nacional. La hospitalización de Franco, aquejado de flebitis, y su sustitución temporal por el futuro rey Juan Carlos aceleraron los preparativos de la nueva propuesta, lanzada finalmente tras el desestimiento del “pretendiente” D. Juan de Borbón de la sugerencia hecha por algunos de sus partidarios de ofrecerse para encabezar un proceso democratizador.

Finalmente, el 30 de julio de 1974, simultáneamente en París y en Madrid, se presentaba la Junta Democrática de España como propuesta unitaria amplia y abierta. La presentación en París tuvo lugar, ante una numerosa concurrencia de medios de comunicación internacionales, en el Hotel Intercontinental, a través de una rueda de prensa protagonizada por Santiago Carrillo y Rafael Calvo Serer, miembro del Opus Dei y antiguo director del clausurado diario Madrid. La Junta integraba a distintas organizaciones y personalidades independientes (el propio Calvo Serer, el notario Antonio García Trevijano, el sociólogo José Vidal-Beneyto, etc.), que a su vez se consideraban representativos o bien relacionados con algunos sectores empresariales o políticos de la derecha no franquista o la oposición moderada. En lo que atañe a las organizaciones participantes, aunque se dejaba abierta la posibilidad de que se integraran en el nuevo organismo cuantas lo desearan, el gran hándicap de la Junta era la ausencia de algunas de las corrientes y grupos destinados a tener luego un importante papel en la Transición, por más que en algunos casos su organización dentro el país fuera en ese momento bastante precaria. Concretamente, ni se consiguió ni se lograría después incorporar al PSOE, el PNV y la Izquierda Democrática (democristiana) de Ruiz Giménez. En la Junta sí estaban, además del PCE y de Comisiones Obreras, el Partido Socialista Popular (antes Partido Socialista del Interior) de Enrique Tierno Galván, la Alianza Socialista de Andalucía de Alejandro Rojas Marcos, o el colectivo Justicia Democrática; en septiembre se unió el Partido Carlista de Carlos Hugo de Borbón y, ya a comienzos de 1975, el Partido del Trabajo de España (PTE), antiguo Partido Comunista de España internacional PCE(i).

La Junta nacía con el propósito de establecer entidades similares a nivel local o sectorial, profundizando así los contactos entre fuerzas políticas e impulsando la movilización social. Este tejido de juntas locales no siempre se expandió según lo previsto o lo deseado, pero el impacto de la nueva plataforma, más allá de su desigual actuación y el predominio generalmente excesivo del PCE, en modo alguno fue irrelevante en lo político y lo simbólico.

Como réplica de esta iniciativa, en junio de 1975 se creaba la Plataforma de Convergencia Democrática, impulsada por el PSOE y con la presencia asimismo de PNV, ID, o grupos comunistas como la ORT o el MCE. Tras una serie de contactos y acciones comunes, los dos organismos opositores se fusionaron, en 1976, en Coordinación Democrática; para entonces la propuesta rupturista a través de la huelga nacional de la que hablaba el PCE quedaba definitivamente enterrada.

La “Declaración al pueblo español” con que se presentaba la Junta, que reproducimos como documento anexo, hablaba de la proximidad del fin del régimen nacido de la guerra civil y del vano intento de prolongarlo a través de la monarquía por él instaurada. Aludía después a la Reconciliación Nacional y la progresiva decantación de sectores cada vez más amplios de la sociedad española hacia una salida democrática, que había que preparar consolidando organizaciones, liderazgos y movilizaciones. Apelaba también el texto al patriotismo y la profesionalidad de las fuerzas armadas y al espíritu conciliar de la Iglesia. Denunciaba las provocaciones involucionistas de la extrema derecha y convocaba al pueblo español a agruparse en Juntas regionales, provinciales y locales y a estar atentos a la convocatoria de una “acción democrática nacional” que se lanzaría en su momento.

Finalmente, el llamamiento resumía sus demandas en 12 puntos, incluyendo la formación de un Gobierno provisional que devolviera las libertades a los españoles; la legalización de los partidos, la amnistía y las libertades y derechos de reunión, expresión, sindicación y otras; la neutralidad y profesionalización de la las fuerzas armadas; la independencia del poder judicial; la separación de la Iglesia y el Estado; la celebración e una consulta popular sobre la forma de Estado; y por último, la integración de España en las Comunidades Europeas y una política exterior de coexistencia pacífica.

En los meses siguientes, el esfuerzo por implantar las juntas locales y el impulso de la movilización ocuparon la mayor parte de los esfuerzos de la militancia comunista. El Pleno del Comité Central del PCE de enero de 1975 hablaba de preparar la huelga nacional (la “acción democrática nacional”, como se la denominaba ahora) a corto plazo, o sea “paralizar la vida del país mediante la acción concertada de todas las capas sociales”. El “Manifiesto de la Reconciliación Nacional” (abril de 1975) afirmaba que la evolución interna del régimen hacia la democracia era “objetiva y subjetivamente imposible”, y de ahí la necesidad de la ruptura a través de una “acción nacional interclasista”. La forma de alcanzar esa ruptura -se aseguraba, de forma premonitoria- “predeterminará la consistencia social del futuro orden democrático.

>> [PDF 828 KB] Documento Nº 58. Presentación de la Junta Democrática de España. Declaración al pueblo español (julio de 1974)

Sección de Historia de la FIM