Hemos salido de Nerja a las ocho de la mañana unas 170 personas. Cincuenta más que ayer y, como esperábamos, personas más jóvenes que no pueden participar entre semana por sus obligaciones laborales. Ha llegado, por ejemplo, un grupo de once personas de Morón, de la provincia de Sevilla, que han traído niñ@s pequeñ@s que han sido bastante participativos en la marcha a pesar de las dificultades que hoy había. Una de las mujeres del grupo, ayer mismo por la noche en el polideportivo, tropezó, se hizo un esguince y ha tenido que abandonar la marcha junto a su pareja.

No solo hay más jóvenes sino que en esta VI edición de la Marcha de la Desbandá están participando más mujeres de lo habitual, no solo de la gente joven que se ha incorporado hoy sino desde el inicio de la marcha. El recuento que han hecho las propias compañeras da una cifra de 75 mujeres marchando, algo más del 44%. Estamos segur@s de que el peso de las mujeres va a seguir aumentando en la marcha y para ello tendremos que hacer cosas que permitan su visualización. Por ejemplo, cuando contamos, contamos participantes pero hasta ahora no habíamos cuantificado cuántas mujeres participaban.

Mientras estamos realizando la marcha, en Málaga se está celebrando, convocada por Málaga Republicana, la VII Marcha al Peñón del Cuervo que va desde el centro de Málaga hasta el Paseo de los Canadienses, construido en memoria de Norman Bethune. También el domingo hay un acto memorialista en el mismo sitio convocado por la Asociación contra el Silencio y el Olvido. En estos días también hay actos convocados en la comarca de Motril relacionados con la Desbandá. Son actos locales que en algunos casos se vienen haciendo desde hace muchos años y que fueron la semilla de donde nació la idea de una marcha completa desde Málaga a Almería, rememorando el genocidio de la carretera de la muerte.

A la salida de Nerja, en los acantilados de Maro, nos hemos detenido en un lugar de la Memoria, el paso por el barranco del rio de la miel. En ese barranco, abierto al mar, donde la multitud que huía tenía que pasar por puentes estrechos, se presentaron los cruceros de guerra franquistas, el almirante Cervera, el Canarias y el Baleares, y bombardearon a la columna de gente indefensa. Es necesario recordar esta historia por cuanto el Ayuntamiento de Madrid ha renombrado una calle de Vallecas con el nombre de Crucero Baleares. Pero no es Madrid la única. En distintos escenarios de España hay o monumentos o nombres de calle para el crucero que asesinó a personas que huían de la guerra. Entre los más importantes, un monumento en el centro de Palma de Mallorca. En Ondarroa, Vizcaya, otro monumento erigido en su honor fue destruido en 2019 aunque sigue habiendo otro en el cementerio de esa localidad.
Cierto que el Baleares se puso en funcionamiento por los fascistas después de iniciada la guerra y que aún estaba incompleto pero de las cuatro torres de artillería previstas para su instalación ya tenía tres, suficientes para bombardear a civiles que huían desesperados. En el verano del 37 le instalaron la cuarta. Después de participar en algunas escaramuzas con barcos de la armada republicana, fue hundido en la noche del 5 al 6 de marzo de 1938 cuando la flota republicana interceptó un convoy procedente de la Italia fascista que venía escoltado por el Baleares, el Canarias y el Almirante Cervera. Sucedió cerca del cabo de Palos, por Cartagena. El destructor republicano Lepanto le envió varios torpedos al Baleares que alcanzaron la zona central y su depósito de municiones y el barco empezó a hundirse por la proa. 786 tripulantes murieron, entre ellos el contraalmirante Manuel Vierna y el comandante de navío Fontenla Maristani. Seguro que tienen por ahí alguna que otra calle con su nombre. Otros 435 tripulantes fueron rescatados por dos destructores británicos que andaban por la zona. Los honores al Baleares no son por sus hazañas de guerra, ya que lo más destacado que hizo en poco más de un año de vida fue matar población civil inocente que huía despavorida por las amenazas del matón Queipo de Llano. Por el simbolismo que tiene este tema, nos parece muy importante el acto de mañana, donde en la inauguración de un monumento a la Desbandá en la desembocadura del rio Guadalfeo estarán presentes la Vicepresidenta y el Director General de Memoria Histórica del gobierno de Baleares que vendrán a honrar la memoria de las personas huidas y masacradas y a condenar los ataques que sufrieron, entre ellos el del crucero Baleares.

Algo más delante de los acantilados de Maro está Cerro Gordo, otra bellísima zona de acantilados que hemos disfrutado. Ahí está pendiente situar otro lugar de la memoria, ya que las milicias republicanas, la División Octubre en este caso, intentó frenar el avance de las tropas fascistas italianas. No lo consiguieron porque su resistencia, bastante improvisada, fue rápidamente envuelta por tropas fascistas que se desplegaron montaña arriba. Parte de la División cayó prisionera mientras otra escapó a través de las montañas, volviendo a la zona republicana. También fracasó el intento de volar los puentes que unen la carretera de los acantilados. Se consiguió poner la dinamita (había especialistas asturianos en ello) pero fallaron los detonadores. Eran los problemas de un ejército no profesional, compuesto de campesinos y obreros al que le faltaban todo tipo de medios para combatir.

Entre las personas que han llegado desde Galicia, viene un hombre ya jubilado que nos cuenta su propia historia de la represión franquista en su comunidad, donde no hubo guerra, ya que el ejército golpista controló la situación desde el primer día, aunque si hubo resistencia, ya que el último maquis fue asesinado en 1963: lo acribillaron cuando podían haberlo detenido. Su abuelo fue condenado a quince años de cárcel, represaliado igual que todas las personas que se opusieron al golpe de Estado. Sin embargo, pasado los quince años no lo soltaron. Pasados ya once meses de cumplida la condena, su mujer, cubana de nacionalidad y quizá por ello menos perseguida de lo que era común, fue a hablar a través de una recomendación con un alto mando militar. Este le dijo que se fuera tranquila que a su vuelta a Lugo encontraría a su marido en casa. Así fue, pero el marido estaba en coma, desfigurado por los golpes y murió varios días después. El compañero gallego lo tiene claro, ni olvido ni perdón.
Cuenta además una anécdota de este mismo día de marcha. Entabló conversación con dos chicas jóvenes de las que hoy se han sumado a la marcha y hablando del tema de la memoria se dio cuenta de que ninguna de las dos sabían lo que era la CNT (hoy mismo vari@s jóvenes llevaban una bandera) y que nunca habían oído hablar de Durruti. Lo más llamativo del caso es que ambas son profesoras y una de ellas de historia. Hay que alabar el interés de las compañeras y su compromiso por recuperar la memoria de la Desbandá pero evidentemente se pone de manifiesto el tipo de enseñanza que tenemos hoy en España. Con esos mimbres no es de extrañar el avance del fascismo, una de cuyas características es el analfabetismo.

Después de comer y descansar algo, hemos tenido una sesión de teatro a las siete de la tarde. Por parte del Taller de Teatro de Pinto (Madrid) nos han presentado una obra que relata episodios de la Desbandá, teniendo como hilo conductor los poemas de Silvia Delgado, compañera participante en la Desbandá y que escribió su libro de poemas “Entre el yugo y el salitre” referidos todos también a distintos aspectos de la huida por la carretera de la muerte.

Queremos citar un solo poema de este libro que está relacionado con la jornada de mañana, donde el grueso de la huida se encontró con el río Guadalfeo:

La lluvia de otros días también fue sumisa al fascismo, cayó torrencial y maldita.
Y el agua fue creciendo en el río como crece el odio en el fusil y en el sable.
Y daba miedo el cauce porque demasiados espectros esperaban su ración de huesos.
Y daba miedo quedarse quietos porque demasiados aviones y barcos vaciaban sus tripas de fuego.
Y daba miedo desandar los pasos y volver al inicio donde rebanaban los cuellos.
Sólo quedaba la orilla lejana donde quizá estuvieran los suyos para darles el pan y el abrazo.
Así familias completas se lanzaron al agua a bracear con sus hijos atados con cuerdas.
Así intentaron cruzar pero la corriente bebió aquel elixir de náufragos.
Y desaparecieron tan rápido que no dio tiempo a que gritaran sus nombres para saber quiénes eran.
Ellos solo querían secarse en Ítaca para continuar el viaje.
Pero el río se cobró al contado cientos de vidas como peaje.

Sería muy bonito leer este poema mañana en la desembocadura del Guadalfeo.