Impresiona la velocidad que adquiere la política en este momento. El último artículo que me publicó Mundo Obrero hablaba de Garzón y las macrogranjas, de las elecciones en Castilla y León… Hace un poco más de un mes.

Esta no es la velocidad de los diez días que conmocionaron al mundo. No ha habido revolución. Todo sigue igual.

La invasión rusa de Ucrania nos pone ante un imperialismo, basado en el nacional-ortodoxo programa de Putin. Aquél que ha financiado a buena parte de la ultraderecha europea, que ha intervenido en las elecciones de Estados Unidos para favorecer a Trump. Nada nuevo bajo el sol.

La única novedad, que ya viene siendo habitual, es la China que no es imperialista, que ve lo de Ucrania como un mal negocio, la que se expande por el mundo con el “win-win”. Ojalá China se mantenga firme.

En pocos días, a velocidad de crucero, se está reconfigurando la derecha española. La urgencia no es causada por la ofensiva de la izquierda. El sistema tiene una gran capacidad de renovación. Ya veremos si el capitalismo necesita una derecha moderada o una extrema derecha. Pero es asunto suyo. Juan Palomo.

Esta es la velocidad del transporte último modelo, de la sustitución de una moda por otra, es la sustitución del conocimiento por la “news”, por la novedad que borra todo lo anterior.

Nos habíamos acostumbrado a un sistema capitalista denso, de procesos muy lentos porque veía en cualquier cambio el germen de su destrucción. Creo en la capacidad de mutación del capitalismo. El beneficio es mucho más importante que la estabilidad. Un Estado fallido es más interesante económicamente que uno bien organizado. Una crisis económica es más rentable que un periodo virtuoso. El “trading de alta frecuencia” no es una distorsión del mercado, sino una oportunidad.

La imagen del burgués defensor de la estabilidad, del orden, es hoy un mito del pasado. Rompe una sociedad y tendrás beneficio. Ponerlo todo en cuestión es lo máximo.

Mientras tanto, nos ha cogido refundando la izquierda. Un proceso que es necesariamente más lento que los procesos que nos rodean: que el capitalismo renueve el escaparate, nosotras y nosotros a lo nuestro.

A fuego lento debemos concretar un liderazgo, por fortuna feminista. Ni las elecciones en Castilla y León ni las próximas de Andalucía van a marcar un proceso que es necesario y que dará sus frutos cuando los tenga que dar.

Una de las causas de la decadencia paulatina de Unidas Podemos es su falta de implantación en los territorios, lo que es lo mismo que decir que deberíamos ser una organización de activistas en los barrios, en las empresas, en la vida privada. Pero que hoy no lo somos. Y no se trata sólo de aglutinar activistas sino de crear activismo. Las organizaciones que se definen como representantes del activismo social deben crear y formar activistas. Y aún no hemos empezado.

La izquierda que ha de surgir es la combinación de varias estructuras que siempre hemos teorizado como frentes: la experiencia institucional (empezando por darle valor a la presencia actual en el gobierno de la nación), la experiencia activista, la batalla cultural o lucha por la hegemonía ideológica. Todas ellas a la vez, todas ellas a fuego lento.
Nos hará descarrilar cualquier planteamiento que nos lleve a desequilibrar el desarrollo de todos los frentes.

Para concluir, señalo un desequilibrio que no podemos agrandar. Me refiero a priorizar la batalla cultural frente al desarrollo en los territorios, el desarrollo del activismo. Es importante crear nuevos medios de comunicación, aunque observo que mi hijo y sus amigos no lo ven, sino que siguen las noticias en Tik Tok o Instagram. Pero sería mucho mejor crear nuevos medios de comunicación, hacer videos de Tik Tok que expliquen la realidad, que se forme una nueva generación de activistas, que nuestras organizaciones se democraticen y colaboren, que tengamos claro qué hacemos en las instituciones y que tenemos objetivos comunes y no ocurrencias… Es decir, tenemos nuestros propios tiempos.