En una primera puesta en común, después de la resaca de las movilizaciones del 8 de Marzo y todavía en caliente, las camaradas del Área de Feminismo del PCE coincidimos en que, a pesar de la pandemia, el poder de convocatoria feminista supera al de todas las luchas. Miles y miles de mujeres salimos a las calles para defender nuestros derechos, porque estamos hartas de sufrir violencias de todo tipo por el hecho de ser mujeres y porque definitivamente queremos la igualdad real.

Contra viento y marea, a pesar de las divisiones en el interior del movimiento feminista, de la desmovilización asociada a la individualización que ha comportado la Covid-19 durante dos años, una vez más hemos demostrado que el feminismo ha venido para quedarse y que es esencial para defender nuestros derechos y seguir avanzando.

La guerra de Rusia y Ucrania, que podía haber invisibilizado nuestras luchas, no solo no lo ha hecho, sino que el feminismo ha levantado la bandera de la PAZ y la solidaridad con las víctimas de las guerras como parte de su ADN. En las manifestaciones se han podido ver pancartas con lemas feministas por la PAZ y NO A LA GUERRA y escuchar cánticos reivindicando la paz y el desarme.

Atención a la vulnerabilidad de las mujeres en las guerras

En los manifiestos se ha denunciando la situación de las mujeres en las guerras, que se expresa en la extrema pobreza, las violaciones, mujeres y niñas prostituidas para sobrevivir, y captadas por las redes de trata para explotación sexual y reproductiva.

El feminismo este 8M se ha vuelto a reafirmar en su gran carácter antiimperialista, anticolonialista y anticapitalista, cuyo contenido político se ha desarrollado a partir de tres ejes fundamentales: el de las violencias, la feminización de la pobreza y la precariedad laboral. En todos ellos se ha señalado la “Alianza criminal Patriarcado Capital” como la culpable de las desigualdades y las violencias que sufrimos las mujeres.

En general, hemos superado expectativas con una participación muy alta en la mayoría de ciudades españolas, en las que las movilizaciones se han acercado o han sido similares a las de 2019, cuando el movimiento feminista tuvo su máxima explosión.

La diversificación de convocatorias que dividía algunas movilizaciones no han dejado a la gente en sus casas, hemos salido a las calles. Simplificar la división entre abolicionistas y no abolicionistas sería un error, porque en algunas ciudades las abolicionistas han estado presentes en ambas convocatorias. La diferencia estaba en las que entendían que este día debía ser un día de lucha unitaria y las que priorizaban sus intereses partidistas o de disputa de liderazgo en el espacio feminista.

En algunas ciudades esta diversificación de convocatorias no se ha notado e incluso se han complementado, con convocatorias en días anteriores como en Asturias o con bloques diferenciados en las convocatorias unitarias, como en Barcelona, pero finalmente todas estuvimos en las calles.

En Madrid, la convocatoria unitaria mantuvo el pulso a la convocatoria alternativa a pesar de que los medios de comunicación le dieron bombo y platillo. Finalmente la mayoría de las mujeres que se movilizaron optaron por la unitaria del 8M, por la que llevaba un plan feminista para todas, con una agenda inclusiva construida a partir de lo que une.

Violencia machista y desigualdad laboral

En definitiva las mujeres han querido manifestarse el 8M, una fecha ya consolidada para salir a las calles y denunciar las violencias machistas y, sobre todo, la desigualdad laboral (brecha salarial, acoso laboral y contratos precarios). Este es el sentir mayoritario.

Las movilizaciones del 8M han seguido manteniendo un carácter intergeneracional y muy diverso. Mujeres racializadas, mujeres jóvenes, estudiantes, junto a mujeres mayores, pensionistas y familias con niñas y niños. Todas ellas con diversidad de reivindicaciones.

Aún así deberemos reflexionar, porque la unidad es fundamental para seguir avanzando en una agenda global feminista de derechos y conquistas de las mujeres. Debemos seguir insistiendo en que hay que construir unidad dejando fuera las diferencias, siendo generosas y sin imposiciones, para que en 2023 vayamos todas a una.

En los territorios donde el movimiento feminista sigue siendo unitario y plural es gracias al trabajo de nuestras camaradas y compañeras, que han hecho el trabajo de pegamento en la redacción de los manifiestos unitarios, dejando fuera las imposiciones, y en las manifestaciones han sido capaces de integrar bloques diferenciados sin desencadenar conflictos. De esas experiencias debemos aprender.

A las comunistas del PCE nos preocupa que se mezcle la cuestión de la identidad de género en las personas Trans con la abolición de la prostitución, los úteros de alquiler y la pornografía.

Creemos que la polarización en estos términos no es favorable, ya que compartiendo el abolicionismo, sitúan fuera a muchas feministas que no apoyan todos sus postulados, especialmente los que hacen referencia al borrado de las mujeres.

También hemos visto cómo los medios de comunicación utilizan este discurso de la abolición de todo, para profundizar en las divisiones y promover campañas contra la Ministra de Igualdad. Una cuestión que nos preocupa, básicamente porque en estos momentos en que se está trabajando una Ley contra la trata, es necesaria la máxima unidad del movimiento abolicionista, si es que realmente queremos en España una ley contra la trata que sea abolicionista de la prostitución.

Pero las feministas tenemos un plan que nos va a hacer imparables. Ya mismo después del 8 de Marzo continuaremos organizándonos y sumando nuevas compañeras de lucha, para que en 2023, junto a nuestras compañeras sindicalistas, recuperemos la Huelga General.

A las rojas no nos pararán, las comunistas hemos sido una pieza fundamental en la organización y coordinación del 8M. Presentes en las asambleas de los territorios. trabajando para unir y participando en todos las manifestaciones unitarias que nos ha sido posible.

Secretaria Área Feminismo PCE