Ambrosio Ortega Alonso no solo fue el luchador antifranquista que más años pasó en las cárceles de la dictadura. También se convirtió de forma autodidacta, encerrado en penales como El Dueso y Burgos, en uno de los acuarelistas más destacados de su época, un pintor que supo captar la esencia del duro trabajo de las minas (que conoció en su Palencia natal) y las extremas condiciones de vida en las prisiones del régimen de Franco. Sus pinturas ofrecen una mirada dura dominada por tonos oscuros, lóbregos, hacia las dos realidades que le tocó afrontar.

Pocos creadores han sabido verter en molde artístico sus experiencias vitales en circunstancias tan precarias y con tanta verdad y desgarro como lo hizo él. Sus cuadros, nacidos de forma clandestina entre los muros de las cárceles, recibieron tras el fin de la dictadura el reconocimiento de los críticos, que lo señalan como uno de los acuarelistas más originales del panorama español del siglo XX.

Ambrosio Ortega Alonso, artísticamente Brosio, nació en el pueblo minero de Barruelo de Santullán (Palencia), en el seno de una familia humilde de labradores. Fue poco a la escuela, pues desde niño tuvo que trabajar en el campo, hasta que, con 16 años, entró en la mina de carbón, experiencia que quedó grabada en su retina y que después plasmaría en sus acuarelas. Muchas de ellas representan a los mineros como sombras vencidas por el duro trabajo, con un crudo realismo social.

En la mina comenzó su lucha política y su compromiso, afiliándose al PCE y ayudando a los perseguidos por el régimen que tuvieron que esconderse en el monte.

Con 22 años es detenido, junto a su hermano Mariano, ejecutado cuatro años después a garrote vil por pertenecer a la guerrilla antifranquista. Brosio es condenado a dos penas de muerte, que al final le son conmutadas por 30 años de prisión.

Entonces las penas de muerte se pedían como quien pide un café, sin el más mínimo sentimiento humano, y eran aplicadas lo antes posible, para escarmiento de todos. Brosio empieza un largo y amargo vía crucis de celda en celda, de prisión en prisión, de hambre en hambre: Teruel, Palencia, El Dueso y Burgos. Estas dos últimas, que marcaron su vida, fueron en las que más tiempo pasó.

En la cárcel cántabra de Santoña, cuando llevaba cuatro años preso, protagonizó una sonada y rocambolesca fuga que él mismo describe en sus memorias: “La goma de las alpargatas me ayudó a subir por los ladrillos del muro. Cada vez me dolían más las uñas. Temía que al llegar arriba, el musgo húmedo me hiciera caer hacia atrás. Pero estaba seco. Aquel musgo me salvó la vida. Amarré la cuerda y me deslicé por ella. Ya era libre”.

A los 12 días, tras una persecución despiadada que movilizó a cientos de guardias civiles y falangistas, fue localizado y devuelto al penal, lo que le valió empezar de nuevo la condena, sin contar el tiempo de cuatro años que ya llevaba.
En el penal de Burgos pasó la mayor parte del cumplimiento de la pena, desde noviembre de 1957 hasta su liberación, ocurrida en 1970.

Al llegar a la prisión burgalesa los cacheos eran humillantes y los presos eran encerrados en las celdas de aislamiento, donde permanecían unos quince días sin comunicación.

Brosio declara en sus memorias que la mina y la cárcel son muy parecidas, tienen muchos puntos en común, son dos mundos crueles en los que la supervivencia resulta penosa.

En la “Universidad” burgalesa conoció a presos políticos de renombre artístico y cultural, como el poeta Marcos Ana y el pintor Agustín Ibarrola, de los que aprendió a superarse y a convertirse en un acuarelista autodidacta importante.

Este contacto con intelectuales, su carácter activo y su empeño y tesón le ayudaron a sobrellevar tantos años de privación de libertad y tanta injusticia, sin haber cometido ningún delito.

Brosio dio ejemplo de trabajo, constancia y lucha hasta conseguir unas pinturas que son una mirada introspectiva hacia un universo hecho de recuerdos y sensaciones de la mina y de la cárcel.

Cuenta en sus memorias que se hizo dibujante no solo para distraerse, sino también para obtener algún dinero haciendo retratos por encargo, a tres pesetas la unidad.

El penal de Burgos fue para él una escuela con grandes maestros. Todos hacían algo para sobrevivir, para olvidar y para formarse. Brosio pintaba y pintaba de forma autodidacta con pinceles hechos de pelos de la barbería, llegando a conseguir auténticas obras de arte.

Para entretenerse hasta llegó a contar las losas del patio y matar así el tiempo. Son 6587 losas.

Su lema de vida fue: “Siempre merece la pena luchar”. Y Brosio luchó hasta el último momento. Murió a los 90 años, el 14 de julio de 2015. Sus cenizas fueron esparcidas en el monte de Salcedillo, lugar en el que se ocultaba el maquis para el cual sirvió de enlace.

En sus memorias reflexiona que “cada biografía es hija de una época histórica y la mía es hija de aquellos años, que fueron malos, pero fueron los que me tocó vivir”.

Cuando le preguntaron “¿Mereció la pena, Brosio, lo que has pasado?”, contestó con otra pregunta: “¿Va hoy alguien a la cárcel por pensar diferente?”. “No”, le dijeron. “Entonces, mereció la pena”, replicó.

“Nunca podréis encadenarme el alma”, título de uno de sus cuadros, es su logotipo, su eslogan, su denominación de origen y resume su existencia, su resistencia y su dignidad hasta el final.

OBRA APLAUDIDA

Después de 24 años de prisión en prisión la obra de Brosio se da a conocer a partir de 1970 fuera de los muros de la cárcel. Sus pinturas sobre la vida penitenciaria y el trabajo en la mina son objeto de importantes exposiciones en Asturias, País Vasco, Madrid… La última fue exhibida en el Museo de la Minería y la Siderurgia de Sabero (León) y más tarde en el Centro Cultural Provincial de Palencia bajo el título ‘Brosio, el pintor de los mineros’. El éxito de sus primeras muestras le abrió incluso las puertas de Estados Unidos, con la organización de una exposición en Nueva York que resultó finalmente truncada por una triple encefalopatía que le sumió en un coma severo.

(*) La voz del patio es el periódico y programa formativo del centro penitenciario de Burgos.

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