Elecciones en Andalucía. Hasta un adivino de cuarta división adivinaría que habrá elecciones autonómicas en la segunda mitad del mes de junio. Y nosotros con estos pelos.

Para la derecha y el PSOE andaluz las elecciones equivalen a la activación, con todas sus luces y ruidos, del mercado electoral, donde van a competir con dos versiones del centro político. Estas dos fuerzas representan la misma política. De hecho, los dilatados años de gobernación del PSOE no han hecho otra cosa que consolidar un estado de cosas y una forma de hacer política, una forma astuta de resignarse, en la que ha aterrizado el PP, instalando sus maneras y sus sonrisas con total comodidad.

La autonomía plena, conquistada tras superar dos referéndums, con los ciudadanos en la calle, como actores protagonistas, está congelada desde 1984, en que, tras arrasar en las elecciones autonómicas dos años antes, dimite Escuredo por sus desencuentros con la ola neoliberal inaugurada por González en la Moncloa a partir de 1982. A Escuredo le sucede un presidente plenamente domesticado que cuando le preguntan que es el socialismo para él, responde que el socialismo es “hacer cositas”. Y en esas cositas estamos desde entonces, de ahí que a nadie extrañe el subdesarrollo relativo de Andalucía y que, por mor de la política de propaganda, se haya convertido en una locomotora que hace mucho ruido y echa mucho humo pero no se mueve del mismo sitio.

Los índices de paro y de pobreza, el nivel más bajo de salarios y pensiones, como el de la atención primaria en la sanidad, las amenazas sobre Doñana, y la conversión del turismo patrio en un parque temático del esclavismo laboral, son las señas de identidad de una Andalucía alegre y confiada que, en los designios del bipartidismo clásico, no tiene otra esperanza que convertirse en una especie de balneario. Eso sí, en torno a una réplica de la nao Victoria, se va a celebrar con todo el boato del mundo la circunnavegación de Magallanes y Elcano, sin que quepa en la propaganda oficial que Magallanes cayó de una manera no totalmente clara y que tampoco el Emperador de las Españas le hizo mucho caso a Elcano, que poco después de la gran proeza muriera por la ingestión en alta mar de una barracuda infectada. Tampoco le hizo ningún caso al vasco Pigafetta en su famosa crónica, en la que no lo nombra ni una sola vez. Pero los candidatos del PP y de Vox harán su campaña electoral desde el puente de mando de la nao Victoria, portando ya las armaduras que les han servir de traje oficial en la investidura que prevén todas las encuestas conocidas.

El archipiélago de las izquierdas ha puesto pie en pared y se dispone a armar las mimbres de un frente amplio, antes de afrontar las aguas revueltas del Índico. Después de las circunstancias de Adelante Andalucía, que tuvo más que otra cosa el aspecto de una performance, no queda otra que juntar las filas, jugar en corto, y apoyarse los unos a las otros en torno a un programa que nos saque del subdesarrollo relativo. La nao Esperanza, antes de afrontar el índico, debe completar todo el matalotaje y calafatear con buena cera, que se criaba en las Molucas, un casco fatigado por las batallas del tiempo.

En 1984 pudimos, como ahora podremos, armar una respuesta. Las elecciones autonómicas y las generales de 1982 nos habían situado muy cerca del sumidero de la historia. El bipartidismo arrasaba. Los próceres del felipismo repetían que a la izquierda del PSOE no había nada, solo un barranco por el que despeñarse. La respuesta en 1984 fue Convocatoria por Andalucía y en 1986 Izquierda Unida. Y ahora también sabremos responder. Tenemos fuerza y mimbres suficientes para montar otra historia de recuperación. Aparte de que no sabemos retroceder y ya no hay sitio adonde hacerlo.

La batalla que tenemos por delante tiene mucho del optimismo de la voluntad. Pero seguimos teniendo fuerza y algunas armas que solo nosotros sabemos manejar. Junto al reparto de las cositas, a la hora de sindicalizar la política y establecer los listados de cosas concretas, es posible, es necesario, establecer una pelea de valores, una lucha ideológica en el seno del mundo mercado que intenta ahogarnos. Es posible industrializar Andalucía en el seno de una reforma integral de las estructuras agrarias de apropiación de la tierra, producción y distribución. Pienso que es necesario apostar de forma clara por un cambio de estructura productiva, que lleve el turismo al espacio de la racionalidad, y sitúa a nuestros espacios naturales al margen de la voracidad y el saqueo. Es posible una Andalucía feminista y republicana, como proyecto de fondo, que sepa responder a los valores posfranquistas con que la derecha y la ultraderecha saben armar de ardor bélico a las huestes de la calima del malestar. Es posible una respuesta a las legiones de pobres, a la indigencia de los sistemas sanitario y educativo, a una Andalucía de la guerra que alberga en su seno bases norteamericanas. Sí se puede parar la oleada de neofascismo que nos anega. Sí se puede, vamos.

Y que conste lo dicho más arriba: nosotros no hemos aprendido a retroceder ni en este momento existe espacio adonde hacerlo. No es la última batalla. Es una más, que hay que disponerse a dar preparando al par los elementos y las condiciones de la siguiente.