Sepan ustedes que la memoria sobrevive a veces agarrándose a las más imprevisibles circunstancias. Estaba una historiadora, Fermi(na) Cañaveras, investigando la reconstrucción clandestina del aparato organizativo del PCE en el Madrid estrechamente controlado y machacado por la represión franquista, cuando, de nombre en nombre de quienes se jugaban la vida distribuyendo propaganda “subversiva”, dió con el de una mujer que había sufrido una terrorífica estancia en el campo de concentración de Ravensbruck, construido sólo para mujeres y donde se las utilizaba para trabajos forzados, experimentos médicos, o para ejercer la prostitución. De ahí viene el título: Putas de campo.

A las forzadas prostitutas les tatuaban en el pecho la palabra feld-hure, que significa, justamente, puta de campo. Reconoce la autora que «como me faltaba bastante información, tuve que hacer la historia novelada». En Ravensbrück, a los nazis les dió tiempo a destruir la documentación «comprometedora». Aunque no faltan referencias: Por ejemplo, Héctor G. Barnes cuenta la horrible historia del campo en las páginas de El Confidencial [1] con apoyo bibliográfico.

Cañaveras explica: “Recabé bastante en la Asociación Amical de Ravensbrück, que está en Lleida, porque Neus Catalán fue una de las mujeres que estuvieron en ese campo. A través de ellas conseguí saber que salieron de España con documentación falsa porque se exiliaron en el verano del 39, cuando las fronteras estaban cerradas y era mucho más difícil salir, y el Partido Comunista les proporcionó cédulas de identificación falsas, pero me costó encontrarlas. Parecía que se las había comido la historia”.

Ha pasado demasiado tiempo sin que hayamos salvado totalmente del olvido la historia de estas mujeres, de las que poco se habla: ni de las salvajadas que les hicieron (a ellas y a sus bebés) ni de cómo quisieron superar su situación de víctimas y dar ejemplo de resistencia y hasta de contraataque. Dice Cañaveras: “Hay un capítulo en el libro en el que hablo sobre que las españolas consiguieron que todas las armas que se fabricaban en Ravensbrück no funcionasen. Los nazis las llamaban el comando de las gandulas, y fueron capaces de idear meter moscas en el percutor para que cuando disparasen no hiciesen nada, y eso lo consiguieron un grupo de españolas. Así que ya no solo hablo de las mujeres en la prostitución, porque me contaron tantísimas historias estas mujeres que quería que estuviesen todas presentes”.

Eso es lo que tenemos que conseguir mediante la lectura o asistiendo de alguna manera, presencial o virtual, a las ocasiones en la que la autora presenta su libro, del que la Asamblea de IU de Valdepeñas se compromete a realizar un sintético reportaje para ofrecer un apoyo a la clara intención de la autora:

“Como investigadora e historiadora, creo que siempre se ha tratado la Guerra Civil, los exilios o las guerras mundiales desde le punto de vista de los hombres. Mauthausen, el campo de los españoles, Auschwitz como el campo de matar judíos, pero este era el campo de matar mujeres. Hubo una presa que decía que olvidar Ravensbrück era olvidar la historia de las mujeres, porque ahí las mataban. Cuando el ejército soviético liberó los campos de concentración, este fue el último en ser liberado, y los nazis se llevaron allí las cámaras de gas que pudieron para seguir aniquilando mujeres. La historia por desgracia siempre se cuenta desde el punto de vista de los hombres y de los que ganaron. Son olvidadas, nadie les ha puesto voz”.

Pues en esta ocasión, con Fermi Cañaveras y sus putas de campo [2], queremos tener un debate amplio y profundo. Queremos preguntarle muchas cosas y seremos todo oídos. Que no se trata sólo de leer un libro [3].

Notas:
1. https://bit.ly/3rZqgOZ

2. https://bit.ly/3rTq0Rq

3. https://bit.ly/3KkJOU9