Los próximos días 2 y 3 de Junio Granada va a vivir un evento amable, político y sentimental de refrescamiento de la memoria histórica y/o democrática.

Resulta que el edificio, situado muy simbólicamente, como una amenazadora metáfora, en la Plaza de los lobos, donde la Policía franquista ejercía su oficio represor sobre quienes fueran catalogados como desafectos al Régimen, ha pasado a ser de titularidad universitaria. Se cambian porras que abrían cabezas y cerraban el pensamiento con puntos de sutura, por una práctica que pretende aumentar la capacidad intelectual.

Y con tal cambio, un grupo razonablemente numeroso de quienes, en aquellos años, visitaron las dependencias policiales como sospechosos de prácticas subversivas contra el orden establecido, ha realizado diversas gestiones para colocar una placa en el lugar donde vivieron lo que ahora se califica, blanqueando la experiencia, como «represalias», aunque ellas y ellos recuerdan muy bien el contenido de la represión policial que incluía lo que puede definirse sin duda alguna como malos tratos y tortura. Tienen esta convocatoria, sin cita previa ni de seguridad el día 2 a las 18:30h. Si no saben dónde está la Plaza de los Lobos pueden preguntar a la Policía.

La Universidad recuerda la lucha de los estudiantes por las libertades

Luego, el día 3 y a las 19h., se reunirán en la Facultad (entonces de Filosofía y Letras, ahora de Traducción e Interpretación) situada en la calle Puentezuelas y celebrarán en el Salón de Grados una Mesa Redonda y una Asamblea, con su quorum y sus turnos de palabra, para rememorar los tiempos del Sindicato Democrático de Estudiantes y sus múltiples iniciativas y movilizaciones en pro de la democratización de la Universidad y de una sociedad que ya necesitaba romper el encorsetamiento franquista con unos nuevos valores políticos y nueva forma de vivir la vida.

Por supuesto, todas estas actividades se enmarcan dentro del programa de la Universidad de Granada “Memoria Democrática”.

Y luego, aún, se reunirán a compartir los reconocimientos que superan los cambios corporales sobrevenidos con el paso del tiempo y a beber y comer lo que los médicos les permiten para festejar que los recuerdos siguen vivos y gratos.

Y sobre todo, honrar la memoria de la Historia que no sólo mantiene la sentimentalidad del recuerdo sino la identidad de un tiempo político y social que hay que seguir valorando y conservando para que la experiencia sirva como explicación del presente y apoyo para el futuro, aunque los entonces revoltosos estudiantes estén ahora mayormente consignados en una placa.