El Partido Popular arrasa. Es la segunda vez que gana en Andalucía (Arenas obtuvo 50 diputados, pero no pudo gobernar) y en esta ocasión por mayoría absoluta. Es la segunda vez que va a gobernar en Andalucía, y esta vez sin necesitar como socio a nadie, a pesar de que se había repetido que necesitaría a VOX.

Gana ampliamente desde una supuesta “moderación”, consiguiendo una gran corriente de voto útil al rechazar la dependencia de la ultraderecha, y atrayendo unos 300.000 votos de anteriores votantes del PSOE.

Aparte de explicaciones sociológicas y de mercado, aparte de la mayor adecuación o no de los candidatos a un tono favorable, ¿cómo ha podido conseguir esto el PP en una tierra que se decía que era de izquierdas, en donde siempre había gobernado la “izquierda”? Quizás en la respuesta a esta cuestión esté la explicación a muchos de los factores ocultos o que, al menos, no han salido en la campaña de forma clara. Digámoslo claro: la política desarrollada por el PSOE durante 37 años es el cañamazo donde Juanma ha bordado su política. Sin cambiar nunca el cañamazo, atemperando en todo caso algunos contenidos, pero sin demasiadas variantes. No en vano Celia Villalobos, cuando era ministra, dijo una vez en el Congreso que su política sanitaria era la que Manolo Chaves desarrollaba en Andalucía. Política que no ha cambiado sustancialmente, con independencia de los recortes que hayan podido producirse, pero que siempre ha estado en la comparativa por debajo de la media nacional. Y cuando digo que el terreno estaba preparado para una política de derechas travestida como de progreso me refiero también a la conversión de Andalucía en una tierra de camareros, al genocidio industrial, o a la gran dedicación rociera de la televisión pública, sin olvidarnos del tratamiento cariñoso, regado con medallas, tenido con la duquesa de Alba y otros próceres de la Andalucía eterna. O la sumisión a la banca privada a la hora de prescindir de cualquier instrumento financiero andaluz. O miles de cosas, como los niveles de enseñanza concertada y otros temas de relevancia estratégica.

Desde esta “seguridad”, que es una palabra mágica que utilizó la prensa en la recta final (esa prensa fuertemente regada por financiación Institucional: tal como se hizo durante 37 años), el PP ha sabido anular a VOX y ha imantado un espacio no pequeño de votantes del PSOE. En todo caso, y es un matiz del que no podemos sustraernos, a partir de ahora el discurso moderado de Juanma será el hegemónico, frente al de la señora Ayuso, en el ámbito del PP.

Uno de los temas opinativos que se dirimen es si tendrán repercusión nacional estas elecciones. ¿Alguien lo duda? Por lo que compete al PP el resultado de estas elecciones consolida el ciclo “moderado” iniciado por Feijóo en su supuesto viaje a la Moncloa, y sitúa al PSOE entre espadas y paredes: la fisura con la gente de Susana Díaz estaba cerrada en falso y no existe un edificio tan sólido que pueda aguantar cuatro años de mayoría absoluta del PP. A estas alturas muchos militantes estarán pensando en el rechazo que le hizo a la candidatura María Jesús Montero.

Dos bloques disputaron el gobierno

El caso es que uno de los núcleos esenciales de la campaña se dirimía entre dos bloques de posible gobierno. Por un lado el bloque del PP apoyándose en VOX, ya que nadie preveía la posibilidad de una mayoría absoluta de Juanma. Y de otro lado, la campaña del bloque alternativo para formar, en su caso, un gobierno de “progreso”, y me refiero especialmente al PSOE y a Por Andalucía. Con alguna diferencia de guión: El PP, sin echar mano de la crítica, nunca ha sacado a bailar a la señora Olona, que no ha dejado de criticar al PP, y, por el otro lado, el PSOE y Por Andalucía no han establecido entre ellos la más mínima crítica, perfilando una joint venture que nunca han intentado ocultar al electorado.

Los resultados del PSOE-A son los peores de la democracia, descendiendo incluso con respecto al bajón de los obtenidos por Susana Díaz. Con un mensaje contradictorio, en el seno de un desierto programático: Juanma no tiene ninguna capacidad de gestión para gastar los fondos que le manda el gobierno central, y, a la vez, Juanma se ha aprovechado de los fondos para ganar las elecciones. Esto y el tema recurrente de los recortes, sobre todo en el sector sanitario. Pero también, como en general, ausencia de lo andaluz, de la capacidad de un estatuto basado en una autonomía plena conquistada con millones de andaluces en la calle. Es decir, se ha olvidado recordar la historia del orgullo político andaluz, no tan lejano, que cada vez es más necesario refrescar porque incluso se ha caído de los libros de texto.

Lo de la señora Olona es de una película de Berlanga. Baste con una escena final: a la pregunta de un periodista de si, en función de los malos resultados, pensaba permanecer en Andalucía (como quiere el aparato de VOX), ella, muy en su papel de Agustina de Aragón en tierras calientes, respondió que solo Dios sabía esas cosas. Hay un estancamiento de VOX cuyo contenido, causas y consecuencias es preciso analizar más a fondo en textos ulteriores.

Campaña de bajo voltaje

La pregunta más repetida que me han hecho vecinos y amigos durante los días de campaña ha sido por qué íbamos en candidaturas diferentes Por Andalucía y Adelante Andalucía. El divorcio se produjo hace un año y medio aproximadamente, pues bien, en muchos casos el conocimiento de aquellas circunstancias no había llegado a la gente o una gran parte de ella no lo había asumido, o no lo había retenido (el inconsciente ideológico nos dijo Freud que a veces solo acuña lo admisible). Si a esto se suma la comedia de enredo a la hora de registrar la candidatura de Por Andalucía, podemos deducir uno de los problemas que hay en la base del resultado producido. Por tanto, Teresa se ha salido con la suya manteniendo Adelante Andalucía, pero ¿cuál es la suya, evitar cinco diputados más de Por Andalucía y no conseguir ella el grupo parlamentario?

En general, pues, una campaña de bajo voltaje, por razones del adelanto electoral, su coincidencia con la ola de calor y, sobre todo, los intereses del PP. Una campaña sin esquemas estratégicos y sin la presencia de la historia andalucista de clase; una campaña más ligada a los temas concretos, a las enmiendas parciales a los presupuestos, que a una propuesta programática de fondo.

Es de justicia reconocer el trabajo de las bases partidarias y de los simpatizantes. Ha habido campaña, capilar, permanente, extensa; una campaña que ha contado con los mítines más multitudinarios por parte de Por Andalucía, perfectamente anunciados y preparados (Córdoba, Málaga y Sevilla). Constituyendo el reencuentro de Yolanda Díaz, que se ha volcado, con Inma, que se ha dejado la piel, una nota de lujo a la hora de darle fuerza a la campaña. Y al final, en el mitin de Sevilla, a pesar de lo que se dijo, el querido bicho que saltó a escena no fue un pavo real, sino un pavo republicano: había simplemente que fijarse en sus colores.