20 junio 2022

Hay que ser muy valiente para votar en Colombia contra la violencia y a favor de la justicia y de la dignidad. Es lo que ha hecho lo mejor de un pueblo que esperaba esta oportunidad desde su independencia.

Uno de los intelectuales bonitos de la Colombia encogida que escribe en El País, Juan Gabriel Vásquez, decía el jueves que “el envenenamiento sin remedio de nuestra convivencia lo hemos causado los ciudadanos”. ¡Qué mal conocen los privilegiados a su propio país! Es al revés: es el pueblo el que recupera la democracia.

Con la poca y mala información que tenemos en España sobre la realidad latinoamericana, no es fácil valorar el significado y la importancia que tiene la victoria de Gustavo Petro para Colombia y toda América Latina. Que se sepa que hoy es uno de esos pocos días en los que, como con Allende y Lula, la solidaridad del Canto General de Pablo Neruda se convierte en una auténtica fiesta popular latinoamericana.

La insumisión electoral de lo mejor del pueblo de Colombia ha derrotado a la histórica impunidad criminal de la oligarquía narcoparamilitar, sostenida por la complicidad de los gobiernos de Estados Unidos, unas Fuerzas Armadas desnacionalizadas y la cobardía de una clase media sin coraje que no se merece ser colombiana.