En relación con el estudio de la Historia de España, y al calor de la nueva ley de Educación, la LOMLOE, se reavivan los ataques revisionistas de la ultraderecha contra el fondo y la forma con los que esta ley amplía su currículo en beneficio de la memoria democrática y la formación del alumnado, en cuanto al siglo XX se refiere, desde los primeros cursos de la enseñanza obligatoria. Esta vez no han sido las soflamas hostiles de los de VOX los opositores sino una entidad autodenominada Instituto de Política Social vinculada a la ideología reaccionaria voxista quien ha recogido el testigo de aquellos pseudohistoriadores que hace más de una década comenzaron a blanquear la dictadura franquista y el golpe militar que provocó la guerra que la estableció. Así, con ese confuso nombre que pudiera simular organismo oficial o ente de corte académico promotor de la enseñanza y el estudio de la evolución social de la España contemporánea, nos encontramos con una entidad creada y organizada para la protección de la familia tradicional, para defender el derecho a la vida desde el momento de su concepción [sic] hasta la muerte natural de cada persona, y para potenciar -desde esto supuestos-, políticas sociales ante las administraciones públicas acordes a estos estándares.

Y con estos fines fundacionales, que en nada tienen que ver con el desarrollo pedagógico o educativo de los ciudadanos de nuestro país, sus directivos han sido capaces de hacer pública una carta dirigida al Ministerio de Educación en la que denuncian un supuesto maltrato que, desde el gobierno, se le está dando a la verdadera Historia de España –entiéndase ésta como la Historia del franquismo-, acusándole además de mentir –no adivinamos en qué- y de adoctrinar a los alumnos españoles desde esta materia de las Humanidades. Nada nuevo que no se haya oído ni leído ya, tanto desde sedes institucionales como en debates, actos electorales o artículos en medios de comunicación o en redes sociales. Pero ahora, aunque parezca nimio, se da un paso más: afirman que los únicos que cometieron crímenes de guerra y contra la soberanía nacional fueron los republicanos y los del Frente Popular [sic], echando por tierra así todas las investigaciones desarrolladas, al menos, en las últimas seis décadas en nuestro país y fuera de él, exigiendo además que al general Franco no se le tilde como el dictador que nunca fue y defendiendo que la Declaración al respecto por parte de la ONU en 1946, que le vinculaba al Eje nazifascista, no es más que mentira y una farsa; todo ello sin señalar prueba alguna para avalar tal afirmación. El Franquismo, insisten, surgió para salvar España y hacerla grande. Mientras que el fanatismo de aquellos comunistas que asesinaron vilmente a monjas, curas y laicos se oculta y no se cuenta (en los planes de estudio). No hay más que ver que aquellos que desentierran tumbas, desprenden odio ya que perdieron la guerra… imaginan también sin ofrecer argumentos o estudios que avalen ni confirmen tan gratuita como grave sentencia.

El franquismo, que no sólo la dictadura en sí sustentadora de aquel, como alternativa salvadora de una sociedad en quiebra, la republicana, fracasada y en crisis, es un concepto que si no es nuevo para estos aficionados al fariseísmo, si les sirve de base sustentadora al negacionismo que sufrimos en la actualidad y a la divulgación de su nuevo modelo de sistema político en que se desdibuja la lucha antifascista de nuestro pasado reciente, del europeo también, y avanza por los perfiles ultrapatrióticos y nacionalistas que se perciben en cada vez más países del Este europeo. Es decir, el fin de la democracia de los derechos y la igualdad.

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La Huelgona. Mientras esta reacción se fortalece sin visos de conjunta oposición, hemos de recordar en estas líneas, por justicia y con admiración, a los mineros asturianos que, en un mes de mayo de 1962, hace sesenta años ya, mantuvieron en entredicho a un régimen que reaccionó frente los huelguistas con detenciones, torturas y todo un preciso catálogo de modalidades violentas y represoras con el que se mantenía. Si bien las protestas no sólo se desarrollaron en el sector minero y en la cuenca asturiana –memoria viva de lo pasado en el cinturón industrial de Madrid la tenemos en el ilustre dirigente comunista Víctor Díaz-Cardiel-, serán aquellas las que sirvan de referencia de todas las demás por su mayor impacto social y repercusión mediática nacional e incluso internacional.