Venecia es el ejemplo de una ciudad que ha perdido el alma. Donde se dice que cada vez que muere un anciano, muere un poco Venecia, porque su lugar no será ocupado por una persona autóctona joven, sino por uno de los 24 millones de turistas que abarrotan cada año una urbe que agoniza. La gentrificación aquí ha llegado a tal extremo que el metro cuadrado de vivienda está a unos 12.000 euros; cuatro veces más que en el centro de Madrid. Cada año, 1.000 venecianos escapan del lugar que los vio nacer, incapaces de encontrar trabajo más allá de ser camareros, recepcionistas, guías turísticos y demás labores con poca remuneración y peor calidad de vida. Los pisos que se van vendiendo se dedican a ser alojamientos turísticos en un enorme parque temático para los visitantes; tan irreal como un decorado; tan falso como una de esas máscaras venecianas Made in China, burdos facsímiles de un pasado que solamente hace unas décadas, se nutría de artesanos y artistas que hicieron grande a esta zona, cuya economía se basaba en el arte, y en los talleres de metales preciosos.

En base a este tema, Alex de la Iglesia ha dirigido y escrito (junto a Jorge Guerricaechevarría) la película número 16 de su filmografía: Veneciafrenia (2021) Su estreno en el Festival de Cine Fantástico de Sitges de 2021 fue acompañado de buenas críticas, igualmente cosechadas en Inglaterra, Japón, Francia…su paso por las pantallas de cine ha sido seguido de su estreno en la plataforma Amazon Prime. De hecho, esta es la primera película del sello «The Fear Collection», una colaboración de Pokeepsie Films con Sony Pictures España y Amazon Studios, que se dedicará exclusivamente a producir a directores de género.

El argumento es bastante simple y en el que cualquiera podemos vernos reflejados. De hecho, Alex de la Iglesia gestó la idea en un viaje suyo a Venecia, en el que tomó conciencia de que él mismo, con su acción de visitar la ciudad estaba terminando poco a poco con el lugar. No en vano es el único centro urbano donde se deja atracar a los grandes cruceros, con la impasible permisividad de su gobierno.

La película arranca con un grupo de turistas españoles que viajan a Venecia a celebrar una despedida de soltera, ajenos a los problemas que el turismo está generando. Estos veinteañeros son Ingrid García Jonsson, Silvia Alonso, Goize Blanco, Nicolás Illoro y Alberto Bang. Un grupo de venecianos, liderados por Armando de Razza (El día de la bestia) y Cosimo Fusco (30 monedas), hartos de ver literalmente sucumbir a su ciudad por culpa de unos turistas tan idiotizados como desconsiderados, deciden sembrar el terror para disuadir a próximos viajeros de visitar Venecia.

El filme que tiene unos logradísimos títulos de crédito, al más puro estilo del cartel de Bahia de Sangre (Mario Bava, 1971), ya nos adelanta que bebe de las fuentes del giallo italiano de los 70 y del slasher más frenético. Acción sin descanso, salpicada de escenas que se acercan al gore en ocasiones, componen una película muy disfrutable. Si bien, su final queda quizá descafeinado tras toda una imparable acción que va in crescendo para quedarse finalmente truncada.

Con una factura técnica impecable que bien podría compararse a la de cualquier gran producción y una dirección de arte excelente, marca ya de Alex de la Iglesia, esta película cuenta también con algo poco usual en las películas de género: crítica social.

Momento memorable del metraje es cuando varios turistas son asesinados y otros viajeros que pasan por allí se dedican a grabar todo en sus móviles mientras aplauden divertidos, pensando que se trata de un espectáculo; posiblemente esas muertes fueran lo único real que presenciaran en la ilusión turística en que se ha convertido Venecia, siempre intentando agradar a su principal fuente de ingresos. Esta imagen nos hace preguntarnos : ¿Habremos llegado al punto como sociedad en que no nos importa si lo que vemos es real o qué consecuencias tengan nuestras acciones mientras nos diviertan?