Resulta que el mundo libre no era tan libre. La guerra de Ucrania ha dejado al aire el endeble nivel de democracia, la alta dependencia económica, energética y política que tenemos y la desinformación planificada en la que vivimos. Siempre se ha dicho que la información es la primera víctima de la guerra, y en la segunda década del siglo XXI seguimos en las mismas. El derecho a la información deja de serlo para vestir el uniforme militar del bando correspondiente, y la industria del entretenimiento y la comunicación se despliega en canales de propaganda. Aquí ya no vale cuestionar nada: si no estás con nosotros estás con el enemigo. No hay tonos ni dudas, sólo un mundo binario.

El periodista Pascual Serrano, director de la colección “A fondo” de la editorial Akal, investiga las heridas causadas en el maltrecho derecho a la información por la metralla de esas bombas de racimo que estallan en Ucrania. Prohibido dudar. Las diez semanas en que Ucrania cambió el mundo. Ya han pasado diez semanas, más de cuatro meses y lo que falta. Nada de lo que nos cuenta Pascual ha mejorado. Como en anteriores guerras, los relatos emitidos por EEUU y la OTAN se validan sin necesidad de más pruebas e investigaciones. Ahora, además, y esta es una de las principales novedades de este conflicto, se ataca a cualquiera que ponga en cuestión esa información. Lo que no nos cuentan son las causas y el contexto del conflicto, que es precisamente lo que permitiría comprenderlo y solucionarlo… si interesara hacerlo.

Sospechar, dudar y preguntar está prohibido. No importa quién lo haga: periodistas, coroneles del Ejército español, altos mandos militares con responsabilidades internacionales, reconocidas ONGs y hasta el ex director general de la Unesco, Federico Mayor Zaragoza, que dijo que la OTAN, como institución militar que es, debía dejar de ser interlocutor con Rusia, que ese papel le corresponde a la Unión Europea. El ex asesor militar de Angela Merkel, advirtió que suministrar armas a Ucrania sólo hace que la guerra sea más larga y sangrienta, y que abre el camino a la tercera guerra mundial. Otros alertaron de que ese armamento acabará en manos de las mafias y del crimen organizado. Todas las voces que escapan del discurso bélico oficial contra Rusia son silenciadas de los medios, se las aparta, se las señala y se las califica de prorrusas y negacionistas. Se censura y prohíbe a los medios de comunicación del bando enemigo. El periodista Pablo González lleva encarcelado en Polonia desde el 28 de febrero, cuando cubría el conflicto para Público, Gara y la Sexta. Ningún por qué.

Se impone la hipocresía. No hay espacio para huidos de la guerra de Yemen, Siria, Palestina… pero se abren puertas a los ucranianos. Recibimos a los emigrantes de la frontera sur con muerte pero nos solarizamos con los europeos. La crisis medioambiental, el presupuesto social se borra de la agenda.

PROHIBIDO DUDAR. Las diez semanas en que Ucrania cambió el mundo. Pascual Serrano.
Akal, 2022