Julio son las vacaciones, el estallido del verano, los planes para recuperar la energía y los sueños gastados, y es también el Tour de France. Los franceses han conseguido convertir la vuelta ciclista a su país en un acontecimiento deportivo soldado a nuestra biografía, algo que se aguarda cada año y que nunca falla. Como las estaciones. Y además de un suceso deportivo, el Tour también es un gran hecho cultural popular. La Francia del Frente Popular, de la Resistencia, de las grandes huelgas obreras, de la solidaridad internacional, late en su historia ciclista, y podemos hacer una visita a la prueba reconociendo sus huellas, para ver cómo, en sus carreteras, en la energía de las bielas y piernas, en el espíritu que anima a muchos ciclistas, laten las luchas sociales de la época.

Ottavio Bottechia fue un italiano emigrado a Francia que ganó el Tour en 1924 y 1925; y que proclamó con valentía su antifascismo. Era el octavo hijo de una familia humilde del alto Véneto. Bottechia murió durante un entrenamiento, en 1927. Le encontraron al borde de la carretera, cerca de Udine, con un gran golpe en la cabeza, a bastantes metros de su bicicleta. Se dijo que fue un accidente, pero eso no cuadraba con la distancia hasta su máquina. Se especuló con que había sido asesinado por los camisas negras fascistas, pues no había ocultado sus ideas opuestas al régimen, fotografiándose además en Rímini, en 1924, junto a Amadeo Bordiga, uno de los fundadores del Partido Comunista Italiano, y al ruso Grigori Zinoviev, presidente de la Internacional Comunista, de viaje secreto en Italia. Años después de su fallecimiento, un cura dijo que un campesino le había confesado que él había matado al ciclista, porque estaba robándole uvas. Pero era junio y en esas fechas no hay uvas. El caso quedó para siempre sin resolver. La policía italiana, fuera o no un asesinato fascista, no puso mucho empeño en averiguarlo.

René Vietto volaba en los puertos de los Alpes en la edición de 1934. A sus 20 años era la revelación, el candidato para triunfar en los Pirineos. Sin embargo, su espíritu de sacrificio a favor de Antonin Magne, líder de la escuadra francesa, acabó con sus aspiraciones. En la etapa camino de Aix les Thermes, Magne rompió la rueda delantera y Vietto le dio la suya. Al día siguiente, en el col del Portet d ´Aspet, cuando Vietto marchaba por delante, Magne tuvo una avería en la transmisión de su bici, Vietto retrocedió más de 2 kilómetros para encontrarse con Magne y cederle su bici. Magne ganó el Tour, pero Vietto, miembro del partido comunista, había dado una muestra de compañerismo que conquistó para siempre el corazón de los franceses.

En 1936 triunfa en Francia el Frente Popular, como en España. Una de las primeras medidas del nuevo gobierno es la de introducir las vacaciones pagadas, lo que hace que en ese mes de julio de 1936 se llenen como nunca las carreteras de público, en cada rincón del país. Los ciclistas del equipo galo -se corre por selecciones nacionales desde 1930 hasta 1961-, con Magne y Vietto a la cabeza, muestran su simpatía por el Frente Popular. L´Humanité titula “El Tour del Frente Popular” su sección informativa de la carrera. Ese entusiasmo se convierte en drama para el equipo español, que conoce el golpe militar franquista en medio de la prueba. Los corredores de la República son: Mariano Cañardo, Julián Berrendero, Salvador Molina, Emiliano Álvarez y Federico Ezquerra. El 19 de julio, al día siguiente del golpe franquista, Ezquerra gana la etapa Niza-Cannes, y al subir al podio, no descorcha la botella de champagne que recibe, como señal de duelo ante lo que sucede en su país. Berrendero gana el premio de montaña del Tour, y en la general final Mariano Cañardo es el mejor, con su sexto puesto. ¿Y cuál es el destino de los cinco republicanos?

Berrendero se queda en Francia, regresa tras la guerra, siendo detenido en la estación de Irún, y condenado a 18 meses de reclusión, que pena en los campos de concentración de Espinosa de los Monteros y Rota. Ezquerra también se queda en Francia, en Pau. Vuelve tras la guerra, no es detenido pero se le inhabilita durante algún tiempo para correr carreras ciclistas. Mariano Cañardo regresa a Catalunya, y tras la contienda, también es castigado como Ezquerra, sin poder competir. Emiliano Álvarez no vuelve nunca, vive en Pau, corre el Tour de 1938, en 1939 deja el ciclismo, y en 1948 se exilia en Argentina. Salvador Molina, militante de la JSU, regresa a Barcelona y es un activo antifascista, organizando pruebas y corriendo en ellas para recaudar fondos para la guerra; tras la derrota se exilia, primero en Francia y luego en México, donde muere en 1983.

El joven comunista Francesc Boix se exilió en Francia tras la derrota de la República, y dio con sus huesos en el campo de exterminio de Mauthausen, como tantos republicanos españoles. Encargado por los nazis del laboratorio fotográfico del campo, consiguió esconder negativos de las monstruosas aberraciones que allí se cometían. Expuestas en el juicio de Nuremberg, sirvieron para condenar a los jerarcas nazis, por eso se le conoce como el fotógrafo de Mauthausen. Tras la liberación, fue reportero del Tour para el diario L´Humanité. Siguió la prueba hasta el 9 de julio de 1948, cuando en el diario puede verse firmada su última fotografía, la de la victoria de Bartali en la etapa Lourdes-Toulouse. Al día siguiente, jornada de descanso, se encontró mal y fue llevado al hospital. Le diagnosticaron una grave enfermedad renal, quizá originada por los palos de los guardianes del campo, o por las terribles condiciones de vida en Mauthausen. Le operaron, dejándole una enorme cicatriz con forma de V en la espalda. Tres años después falleció en París.

Albert Bourlon, camarada de Vietto, comunista como él, tiene el título de la escapada victoriosa más larga, en el Tour de 1947, marchando en fuga 253 kilómetros. Obrero de la Renault hasta su debut en el Tour de 1938, sindicalista de la CGT. Tras la invasión alemana fue enviado a varios campos de concentración, consiguiendo fugarse del de Fürstenberg, escapando hasta refugiarse en Bucarest, donde aprovechó para ganar en 1944 la carrera Bucarest-Ploiesti-Bucarest. El director del Tour, Jacques Godet, dijo de él: “Bourlon es de esas personas, cada vez menos comunes, que no descansan hasta dejar el trabajo bien hecho”.

A Raymond Poulidor, uno de los más célebres ciclistas, le gustaba dejarse fotografiar en los ratos de descanso leyendo el diario comunista L´Humanité, y era habitual verle, como jubilado, en las manifestaciones de la CGT portando una bandera roja.

También hubo una ausencia, la del enfrentamiento entre el soviético Soukoroutchenkov, el mejor exponente de la “generación sputnik” de ciclistas del Este, e Hinault, el campeón francés que ganó 5 Tours. El ciclismo en ese tiempo estaba dividido en dos, impidiendo el enfrentamiento de los mejores. El escenario idóneo para esa lucha era el Tour. La prensa abrazó esa aspiración y especuló con ella. El Tour se hizo eco de esa demanda e invitó a la URSS a participar en el Tour de los profesionales. Se trataba de una invitación especial, a la que añadían un millón de dólares para estimular su participación. El Partido Comunista de la URSS no la aceptó. La intervención soviética en Afganistán, en diciembre de 1979, y el boicot de los EEUU y sus aliados occidentales a las Olimpiadas de Moscú de 1980, por el asunto afgano, reanimó la guerra fría e impidió esa gran carrera.