Javier Milei es un político ultraliberal argentino (ultraliberal en lo económico y neofascista en lo político) que, entre otras medidas asombrosamente retrógradas, propone derogar todos los derechos laborales y retroceder, de esa manera, a los tiempos de la esclavitud directa.

Está presente de la mañana a la noche en todos los medios de mayor difusión de la Argentina. Apela constantemente a la demagogia más barata y más evidente y eso le da una popularidad llamativa. Hace poco en un paseo por uno de los barrios más empobrecidos de Buenos Aires, se le acerca una mujer y le dice: “¿Me puedo sacar una foto con vos?…como te veo todos los días en la televisión…”
Y aquí quería llegar para decir lo que todos sabemos y comprobamos diariamente. El poder de los medios para crear opiniones y formar una determinada visión de la realidad.

La imagen decide

La presidenta de la Comunidad de Madrid, Díaz Ayuso, es de la misma ideología que Milei. Utiliza métodos parecidos de propaganda y un día tras otro suelta similares barbaridades. Algunas resultarían cómicas si no atentaran contra los derechos de los trabajadores y las clases populares.

Miente con absoluto desparpajo, igual que Milei y consigue una popularidad aparentemente insólita, aunque con cierta lógica de mercado.

Si el caballo pensara, se terminaría la equitación

La tarea incesante del capitalismo es ocultar su esencia, es decir la explotación de la clase trabajadora. Y para eso cuenta con sus medios de comunicación y la deficiente tarea de la educación en general. Decía a propósito José Luis Sampedro que “no nos educan para pensar. Nos educan para ser súbditos”.

Por lo tanto sin la capacidad de pensar, sin la conciencia política necesaria para analizar la realidad, las mayorías quedan a expensas de las élites dominantes. El pensamiento criminalizado por el sistema, como explica en un libro Marcos Roitman.

La mujer que pidió sacarse una foto con Milei, se la hubiera pedido también a Fidel Castro, a Hitler, a Julio Iglesias o a Jack el destripador. Su única atracción era la popularidad del personaje.

Eso es lamentable pero mucho peor es que también ese “detalle” es uno de los argumentos que decide el voto de muchísima gente. Y es una de las “razones”, no la única pero tal vez la más importante, por las cuales las víctimas votan a sus verdugos, sin saber que lo son.

¿Y la izquierda?, bien, gracias

La izquierda institucional (nada de malo participar en las Instituciones, salvo que se reduzca a eso) acepta dos imposiciones básicas del poder: sus reglas del juego y no cuestionar la esencia del capitalismo: la explotación de los trabajadores. Solo se le permite aliviar un poco la situación.

Entonces juega con los mismos argumentos que la derecha. O sea, dice que gobierna PARA las clases populares, nunca CON las clases populares.

Y esa tarea tan importante de ayudar a pensar a partir de los problemas cotidianos para tener una visión propia de la realidad y no la que nos imponen los que dominan, no la lleva a cabo.

Por lo tanto tampoco la imprescindible movilización permanente de las clases populares para ir construyendo la sociedad que queremos, la sociedad socialista.
Nosotros estamos para aplaudir y para decir que sí, como dice una canción de Serrat.

La izquierda, salvo excepciones, no tiene un proyecto diferente que nos identifique. Solo aspira a un capitalismo “bueno” (¿?), de rostro humano como suelen decirle. Por ejemplo el proyecto “Sumar” que encabeza Yolanda Díaz, que ni siquiera quiere identificarse como izquierda (y hace bien, porque no lo es).

Decíamos en otros tiempos que “solo el pueblo salvará al pueblo” y sigue siendo verdad.