En nuestro proceso de madurez nos encontramos con personas que nos nutren ideológicamente, y otras que nos enseñan tácticas y estrategias para nuestro activismo político y social; en otro marco muy diferente las hay que te espabilan para acercarte a las chicas cuando tienes dieciocho años, y otras que te explican y te acompañan a los garitos de moda y te ayudan a elegir las bebidas cuando vas de copas. Mi amigo, paisano, camarada y compañero Gúmer Pardo me abrazó políticamente cuando yo no habría cumplido los 18 años, entonces en Paiporta (Valencia), y cumplió todas esas misiones durante mi juventud. Hoy me entero de su fallecimiento.

Existen personas socialmente comprometidas que viven su militancia con estoicismo, sobriedad y celibato. O sea, aburridas. Y personas que viven su hedonismo, sus copas, sus fiestas y sus seducciones sin compromiso social alguno. O sea, egoístas e individualistas. Gúmer logró combinar el compromiso militante (24 horas al día, 365 días al año) de los primeros, con el placer y la alegría de vivir de los segundos. Para él no existía actividad política (en el PCE, en IU o en la Intersindical Valencia) sin risas, copas, cigarros y seducción indiscriminada. Pero tampoco existía risa, copa, cigarro o seducción sin contenido político.

Si Gúmer hubiera sido guerrillero en la Sierra Maestra cubana o en el Catatumbo colombiano habría estado siempre en la acción más audaz sin temer nunca por su vida. Pero como estaba en Paiporta y en el País Valencià, su desenfreno y temeridad lo aplicaba cada día en la actividad política valenciana. Y eso implicaba también vivir al límite.

Como periodista que debe valorar el acontecimiento excepcional, creo que la noticia hubiera sido que Gúmer hubiera muerto a los ochenta años y no a los sesenta y cuatro. A pesar de eso, de ver cómo burlaba cada día los elementales principios de la vida saludable, uno no de deja de quedarse impactado de la noticia. Gúmer logró vivir con pasión y emoción cada día, es más, yo creo que cada día de Gúmer valía como cuatro días nuestros en placer y en lucha política.

Su único defecto es que no fue suficiente buen maestro, porque ninguno de sus alumnos/amigos hemos logrado alcanzar su capacidad de vivir la vida y la política con la misma pasión que él. Me temo que sin Gúmer somos más aburridos y menos luchadores. Lo último intentaremos impedirlo, lo primero creo que es inevitable.