Muchos archivos de la Guerra Civil y la dictadura se van deteriorando entre el abandono y el desinterés, desapareciendo en sucesivas purgas, pudriéndose en naves en las que conviven hacinados con la humedad, las secuelas de las goteras, e incluso con los excrementos de roedores y cucarachas… En esas pilas de papeles malvive -con algunas notables excepciones- parte de la historia documentada de lo que sucedió en nuestro país, lo que el franquismo de entonces escribió y lo que sus continuadores querrían borrar para continuar rescribiéndola a placer. Igual que a finales de los años 30 los artífices del golpe reinventaron la realidad convirtiendo en verdugos a las víctimas, en rebeldes a los constitucionalistas, en salvadores de la patria a los golpistas, igual que entonces deslegitimaron las elecciones del 36 y el gobierno del Frente Popular, y proclamaron la necesidad de intervenir para limpiar el país de republicanos y salvar los valores de la patria…, hoy los nietos de aquel franquismo se empecinan en deslegitimar el resultado de las elecciones de 2019 y el gobierno de coalición, PSOE-Unidas Podemos, socios de gobierno. En ese contexto urge proteger los archivos.

Aunque hay que reconocer que fue gracias a un efecto colateral de esa situación caótica como el historiador e investigador Francisco Espinosa encontró un tesoro de gran valor: la guía de la represión franquista escrita por su mayor represor para uso interno de los militares… y que nunca hubiéramos conocido. Es un documento de extraordinario valor. Se trata de la Memoria del general Acedo Colunga, uno de los personajes más siniestros de la dictadura, “el gran arquitecto de la represión franquista”.

Esa Memoria del fiscal del Ejército de Ocupación, fechada el 15 de enero de 1939, es una exposición detallada y radical de los fundamentos ideológicos de la represión. En esos papeles escribió, por ejemplo, que en julio del 36 concluye “el proceso de nuestra decadencia histórica con esta inmensa hoguera donde se está eliminando tanta escoria”. Esa hoguera dejó, sólo en Badajoz, 4.000 asesinados políticos en una población de 40.000 habitantes. En Badajoz y todos los pueblos y ciudades por donde pasaba la columna de la muerte que subía desde el norte de Marruecos.

Acedo también describe la estrategia seguida en los procesos penales contra los defensores de la República, partiendo de su experiencia de los consejos de guerra y los procedimientos sumarísimos de carácter ejemplarizante. En 1934 este hombre ya se había entrenado dirigiendo la represión judicial militar en Asturias.

En ese documento de 90 páginas, el fiscal jefe del Ejército de Ocupación diseña pormenorizadamente un plan represivo contra los enemigos de la España Nacional con el fin de “desinfectar el solar español”. También deja constancia de cuál era el objetivo del exterminio y depuración que diseñó para el país: “la purificación de España y la reconstrucción del Estado en torno a los valores tradicionales: caudillo, imperio, unidad de la patria y religión católica”. Su principal enemigo: masones, comunistas y anarquistas. Su modelo de condenas y penitencias: la inquisición. Su guía, Dios. Su misión: “una nueva cruzada que salve al mundo” (…) “Hay que eliminar toda la criminalidad en España. Decir esto equivale a suprimir todos los criminales que bajo las banderas rojas han deshonrado la noble hidalguía de nuestro pueblo. (…) Nuestra represión será, está siendo lo que entendemos que debe ser”. Y para que no hubiera duda Acedo aclara “en la decisión de la sentencia, hubiera delito o no, debían tenerse en cuenta los antecedentes políticos y sociales de los acusados”. La ideología era delito.

Estos archivos son las fuentes primarias de las que se nutren los investigadores que con mucha paciencia y perseverancia buscan piezas de un puzle que detalla la historia de cómo se desarrolló el golpe de Estado contra la República contada por sus protagonistas, quiénes fueron los autores ideológicos y los patrocinadores, lo que hicieron, quién les financió, cómo planificaron el exterminio de quienes apoyaron los valores y las instituciones que sustentaron el gobierno legítimo de la República y también de cómo se deshicieron de quienes no se posicionaron en contra.

El hallazgo de esta Memoria de Acedo sirvió para que tres veteranos investigadores del tema se unieran para escribir un libro que, con el título “Castigar a los rojos. Acedo Colunga, el gran arquitecto de la represión franquista” aborda diferentes aspectos sobre quién fue y lo que hizo este general sin escrúpulos. Francisco Espinosa habla de los archivos, la situación en que se encuentran y la necesidad de protegerlos y facilitar el acceso público. Guillermo Portilla, catedrático de Derecho Penal en la Universidad de Jaén (le entrevistamos en el próximo número), desgrana la política de exterminio físico, moral y económico realizado contra los desafectos al régimen y la depuración que se hace contra todos los oficios, empezando por los maestros. Y Ángel Viñas hace un recorrido por la vida de este siniestro general franquista que acabaría recompensado, entre otras cosas, como Gobernador Civil de Barcelona y capitán general.

Francisco Espinosa (Villafranca de los Barros, Badajoz, 1954), doctor en Historia e historiador, lleva décadas investigando sobre la II República, las consecuencias del golpe militar de julio de 1936 en el suroeste español y en la lucha permanente entre la memoria y el olvido de aquellos hechos. Fue, entre otras muchas cosas, coordinador científico del proyecto Todos los Nombres y autor del Informe sobre la represión franquista que se unió a la causa abierta por el juez Garzón y miembro de la comisión que le asesoró.

GEMA DELGADO: La Memoria de Colunga es una joya para conocer la teoría y la praxis de la represión.
FRANCISCO ESPINOSA:
Es un documento clave porque explica perfectamente lo que es el fundamento de la represión que se plantean cuando dan el golpe. Acedo ya tenía mucha experiencia en eso porque había participado en el golpe de Sanjurjo, en el 34 estuvo al frente de consejos de guerra en Asturias, y tras el golpe del 36 es uno de los fiscales que se dedican a intervenir en todos los consejos de guerra de personalidades civiles o militares que se mantuvieron fieles a la República por todo el suroeste: Córdoba, Sevilla, Badajoz, Cádiz, etc. Toda esa enseñanza que fue acumulando la plasma en ese documento escrito casi al final de la guerra y que viene a ser una especie de guía sobre cómo actuar. Cuando ya ve que en Sevilla no había mucho que hacer, consigue que le pongan al frente de la columna jurídica que se había enviado para la ocupación de Madrid. Pero como no se ocupó Madrid, se convirtió en una columna volante del ejército de ocupación que acabó en Cataluña. Y él estuvo siempre al frente de esa columna; era quizá el hombre que tenía más experiencia en la represión.

“Cuando dan el golpe se dedican a eliminar a gente de una manera ilimitada; matan a todo el que les da la gana”

En esa memoria recoge los fundamentos ideológicos de la represión. Su misión era dar un carácter legar al golpe del 18 de julio. ¿Cómo? Declarando ilegal las elecciones de febrero del 36, señalando el vacío de poder que se produce entre febrero y julio del 36, y estableciendo el papel del Ejército como salvador.

G.D.: ¿Existía algún otro documento de este tipo?
F.E.:
De este calibre no conocemos ninguno. Es un documento único y raro por lo claro que es en la exposición.

G.D.: ¿Sabías de la existencia de este documento?
F.E.:
Para nada. Vas sacando archivos, no encuentras nada, los devuelves a su sitio y de pronto aparece un documento de 90 páginas, grapado y escrito a máquina, que se llama Memoria del Fiscal del Ejército de Ocupación. Cuando lo vi no me lo creía, ¿Cómo podían haber dejado eso por escrito? Se les pasó por la razón que fuera y se mantuvo en la sala de los documentos dedicados a los consejos de guerra sumarísimos, aunque no era su sitio.

G.D.: A la brutal represión para acabar con todos los comunistas, anarquistas y masones, Acedo Colunga la llamaba «limpiar el solar patrio».
F.E.:
Acedo era un hombre que añoraba la Inquisición y toda aquella época. Pensaba que gran parte de la sociedad española estaba sumergida en un engaño colectivo. Él se reconocía en la parte sana de la nación. Odiaba todo lo que venía de la justicia anterior: la separación de poderes, la independencia judicial, la igualdad ante la ley o las garantías procesales eran simplemente antiguallas que tenían que desaparecer inmediatamente; lo que valía era el punto de vista del juez según las necesidades de cada momento.

Cuando dan el golpe se dedican a eliminar a gente de una manera ilimitada; matan a todo el que les da la gana. Más tarde hay voces dentro del mundo sublevado que advierten de que esa gente que están matando podrían ser más útiles de otra manera, por ejemplo como trabajadores esclavos para obras públicas y para todo lo que les viniera en gana.

G.D.: Investigar en los archivos no es nada fácil, según explica en el libro.
F.E.:
En España, a diferencia de otros países, no hay ley de archivos porque nadie ha querido ponerse a ello. La única ley que le dedica unas líneas es la Ley de Patrimonio Documental del 85, que decía que un documento podía consultarse a los 50 años. De haber sido así, en el año 86 habríamos accedido a los archivos del 36, pero no se pudo ver nada porque ni los archivos estaban abiertos ni los militares querían abrirlos. Sólo se pudo hacer a partir del 97, o sea 11 años después de lo que correspondía, lo que supuso un problema enorme para la investigación. Y entonces pudimos ver el mal estado en que se encontraban; y también accedimos a documentos que no se habían hecho públicos.

“Llegaban a un pueblo, reunían en un local grande a toda la gente que consideraban de izquierdas, montaban una farsa de consejo de guerra y los condenaban sobre la marcha”

En el archivo militar de Sevilla no había personal, se encontraba en un estado de desorden total. Lo bueno es que al estar en esa situación el teniente jurídico que estaba al cargo nos dio permiso para consultar nosotros mismos la documentación que había por allí. Y así es como apareció la Memoria de Acedo Colunga. De otra forma probablemente nunca lo hubiéramos visto.

G.D.: Los archivos del terror, como les llamas, siguen en manos de las mismas instituciones que cultivaron ese terror ¿es tener al zorro vigilando el corral de gallinas?
F.E.:
Lo normal sería que esos archivos hubieran pasado ya a fondos nacionales de consulta más fácil. Es un problema que sigan en manos de las mismas instituciones. Los fondos del Archivo intermedio de la Segunda Región Militar de Sevilla, que son muy importantes, fueron a parar sin aviso alguno a Ávila. Allí, la documentación se acumula sin archivar, como si fuera un almacén. No sueltan los documentos porque los consideran suyos y limitan el acceso a los mismos.

Veo que hay en los militares cierto desprecio por la catalogación y el acceso para la investigación, y en la medida de lo posible lo evitan porque no tienen interés en que esa información salga al aire. Para ciertos militares, lo realizado por Yagüe en Badajoz es una hazaña no superada.

G.D.: La Ley de Memoria Democrática se compromete a garantizar el acceso a los archivos públicos y privados sostenidos con fondos públicos, así como la recuperación, defensa y conservación del patrimonio documental.
F.E.:
La clave está en cómo se desarrolle la ley. Cuando la nueva Ley de la Memoria dice que hay que proteger la investigación yo espero a ver en qué consistirá y hasta donde llegará. La investigación necesita proteger el derecho de acceso, la libertad de investigar y la tranquilidad de poder publicar.

G.D.: Dada tu vasta experiencia en investigación de los archivos históricos, si le pidieran consejo sobre cómo mejorar su funcionamiento, ¿qué les diría?
F.E.:
Que hace falta personal y medios, si no nunca se van a poder catalogar los archivos y así no sirven para nada.
Y también haría falta crear un cuerpo legislativo que permita, facilite y proteja la investigación. Ahora estamos en un contexto en el que te pueden complicar fácilmente la vida con una demanda, como le pasó a Juan Antonio Ríos Catarralá, que escribió sobre una persona que estuvo en el consejo de guerra contra Miguel Hernández y el hijo le puso una demanda porque cree que tiene derecho al olvido y a que el nombre de su padre no se haga público. Además, como estaba publicado en la web de la Universidad de Alicante, cierta autoridad académica ordenó que se retirara.

Hoy, antes de meterte en esa oquedad de donde te puede venir una demanda resulta más fácil investigar sobre los juegos florales de Murcia o sobre los tartesios que sobre nuestra historia reciente.

G.D.: ¿Qué incentivo hay tras la ardua labor de los investigadores?
F.E.:
El deseo de que se conozca ese pasado oculto. No se pudo hacer nada durante mucho tiempo. No se abrieron los archivos hasta muy tarde. Y todavía existe documentación de carácter militar y de carácter eclesiástico y judicial que no es accesible a los historiadores.

G.D.: Se lleva tiempo trabajando en una nueva ley de secretos oficiales ¿cómo podría ayudar a conocer nuestra historia reciente y comprender nuestro presente?
F.E.:
Mucho. Pero ahí estamos todavía con otra ley franquista del año 68.

“El hallazgo fortuito de la Memoria del gran arquitecto de la represión franquista es esencial para profundizar en los fundamentos ideológicos de la represión”

G.D.: Ha habido mucha bronca en la Aprobación de la Ley de la Memoria en el Parlamento, y las derechas amenazan con derogarla.
F.E.:
En España tenemos un problema muy grave con esa derecha amplia (VOX, PP, Cs) que aún no ha renunciado al franquismo, una época de «extraordinaria placidez» como dice Mayor Oreja. No quieren reconocer ni lo que fue el golpe militar del 18 de julio, ni el franquismo, ni la represión ni nada de nada. En España el fascismo sobrevive, se extiende durante cuatro décadas y cuando llega la Transición participa en ella. Se acostaron franquistas y se levantaron demócratas. Y esa es la base de algunos de los problemas que existen. Quieren que siga todo igual. Y por eso si llegan al poder en las elecciones del 23, que ojalá no lleguen, irán contra la ley. Con la ley de la Memoria del 2007 ya le quitaron todo el presupuesto.

G.D.: Hablan de la Ley de la Concordia, ¿eso qué es?
F.E.:
Para ellos concordia equivale a que no sepamos nada de ese pasado. Es la idea de “olvidemos todo y vamos a disfrutar del presente y del futuro”. Eso no se puede hacer cuando todavía la gente sigue en las cunetas y en las fosas comunes; cuando todavía no se sabe en detalle cómo se desarrolló el golpe, cómo se tramó, quién lo llevó a esos extremos en algunas partes del país. Porque no en todas partes hubo guerra: en más de medio país solo hubo golpe; toda la zona oeste, desde Cádiz y Huelva a Galicia, incluyendo Castilla, Extremadura, y también en Canarias, Baleares.

G.D.: Golpe triunfante y arrasador que llenó cunetas y cementerios de republicanos.
F.E.:
El propósito de las columnas iniciales que salen del norte de África y llegan a Cádiz o a Sevilla, a Jerez de la Frontera, suben hacia Mérida, Talavera… era que no quedara nadie que pudiera resultar el más mínimo peligro; y se cargaron a todo el que les dio la gana. Llegaban a un pueblo, se hacían con los nombres de la gente que consideraban de izquierdas, los reunían en un local grande y allí el guardia civil de turno y los fascistas montaban una farsa de consejo de guerra y los condenaban sobre la marcha. Eso generó cierta documentación, que debe de ser muy interesante porque en ella se reflejaría el recorrido que hicieron desde que salieron del norte de África hasta que llegaron cerca de Madrid. Pero no ha aparecido todavía, o la han eliminado para que no se sepa, como eliminaron otras cosas.

G.D.: Quien controla el presente controla el pasado y quien controla el pasado controla el futuro, dices en el libro.
F.E.:
Es una frase de Orwell y creo que es así. Aquí el control del presente y del pasado ha existido hasta hace poco. ¿Qué ha pasado? Pues que se han creado ciertas fisuras por las cuales va entrando otro tipo de investigación, de trabajo, y van creando cierta conciencia, pero hablamos de ámbitos muy reducidos.
La mayoría de la gente que se informa por televisión, no tienen ni idea de todo esto de lo que estamos hablando; ni le interesa. La televisión es un medio de desinformación total ¿Cuánta gente lee periódicos? Muy poca. Los periódicos de izquierda tienen unos niveles de lectura muy bajos. Y los periódicos de derechas están subvencionados. La televisión y los grandes medios lo controlan absolutamente todo; crean problemas que no existen, dan una visión de la realidad que no tiene nada que ver con la realidad misma. Lo acabamos de ver con el caso de Pablo Iglesias. Y no pasa nada, no se considera delito ir difundiendo calumnias, mentiras…

G.D.: ¿Qué queda hoy del mundo de Acedo?
F.E.:
Decía que los pilares de ese mundo serían la Iglesia, el ejército y el poder judicial. Lo malo es que el mundo de Acedo está todavía en marcha. Todos sabemos el poder que tiene la Iglesia en España, y no digamos el Ejército, y el Poder Judicial ya sabemos cómo funciona, hablo en general. Pasan intactos a la democracia, y ahora tenemos lo que tenemos.

G.D.: En principio, los crímenes de lesa humanidad no prescriben y están por encima de la Ley de Amnistía.
F.E.:
Pero ahí depende de la consideración que se haga del tipo de víctimas. Y la tipología de víctimas es enorme porque no se llevó orden ninguno. En cada sitio actuaron de una manera: en unos les inscribieron después de matarlos; en otros no los inscribieron. Y no todas las víctimas se pueden acoger a crímenes de lesa humanidad. Es muy complicado. Incluso el concepto de desaparecidos es muy complejo: por ejemplo, matan a alguien y no comunican a la familia que lo han inscrito en el registro civil, con lo que ésta no se entera. Pues ese caso para la familia es un desaparecido pero para el sistema legal no.

La generación que se tenga que enfrentar a la casuística de las víctimas va a ser una generación joven y con otros supuestos. La gente que iniciamos estas investigaciones en los años ochenta estamos ya un poco en el final del periodo investigador porque se requiere una voluntad y una persistencia y resistencia que con los años va mermando. Cuando era joven recorrí todos los registros civiles de la provincia de Huelva, de Badajoz… eso es algo que ya no se puede hacer a ciertas edades.

G.D.: ¿Hay un relevo generacional?
F.E.:
Hay alguno, pero influye que no haya más por miedo a las demandas. A nadie le gusta que por hacer un trabajo de investigación tenga que acabar pagando a un abogado y que se lleve 4 ó 5 años con esa demanda encima.
Los registros civiles ya no pueden dar más de sí; lo que te permiten ver en los registros militares tampoco da más de sí; el archivo de Ávila, que es más un almacén que un archivo, habría que ordenarlo para que se pudiera sacar partido.
Hasta que no se ordene y clasifique el material y los archivos funcionen con personal y medios suficientes para atender todo el servicio de reprografía y facilitar el trabajo a la gente, como en Francia, Inglaterra, Estados Unidos y otros países, es difícil trabajar. A día de hoy te eternizas; pides un documento y te dicen que lo tendrás en seis meses.

G.D.: El libro que llegó a las librerías en junio, ya se ha situado en los top de libros de historia más vendidos.
F.E.:
Y me sorprende porque a Acedo Colunga no lo conocía nadie. También ha habido librerías donde han relegado el libro a las zonas menos visibles. Hay una media España que no quiere saber nada de esto.

G.D.: Pero hay otra media España que sufrió la represión y en todas las familias hay cajones cerrados que esperan una mano que los abra y desempolve los silencios y las desmemorias abonadas por el terror y el miedo.
F.E.:
Evidentemente el debate está ahí y queremos saber. Lo que hace falta es que se creen las condiciones mediante una buena ley de archivos que hace falta ya y que se prometió que se haría en el año 85. Y mira el tiempo que ha pasado y nadie ha vuelto hablar del tema. De parte de la derecha, ya sabemos, pero tampoco lo han hecho partidos de centro como el PSOE, ni en la época de Zapatero.

CASTIGAR A LOS ROJOS Acedo Colunga, el gran arquitecto de la represión franquista. Francisco Espinosa, Ángel Viñas, Guillermo Portilla. Prólogo Baltasar Garzón
Editorial Crítica, 2022

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