Después de las elecciones andaluzas, no nos llega la camisa al cuerpo. Pero preparémonos, el mal resultado electoral nos espera a la vuelta de la esquina, en las elecciones municipales. 

Este tipo de confluencia sale mal. El problema son las candidaturas, siempre las candidaturas. Es significativo cuando el mayor problema son las candidaturas es que sólo pensamos en las elecciones. 

Las dos mayores fuerzas de la confluencia están en crisis. Para Podemos, se acabó el tiempo de ser una máquina electoral y su conversión en partido, va acompañada de un proceso de deterioro, de sentir que ya no son el motor del cambio. Para I.U., su hasta hoy inacabable tarea de pasar de ser un cartel electoral a un movimiento político y social, como no nos cansamos de repetir. 

En esta situación, se ha consolidado una forma de confluencia sin normas claras. ¿Cómo se eligen las candidaturas? ¿Dónde está el espacio donde compartir militancia? ¿Cuál es el lugar donde se toman las decisiones políticas? Esperábamos que estas cuestiones se resolvieran democráticamente, en primarias conjuntas en el espacio creado.

La única alternativa a estas primarias es, como comprobamos en todo el país, los codazos en una mesa de partidos que duran hasta 10 minutos después de acabar el plazo para presentar la candidatura. 

No tenemos en cuenta un hecho importante. El 15-M fue mal entendido por los partidos tradicionales, incluido el nuestro. Fue la impugnación popular del bipartidismo, la necesidad de la mayoría social de retomar la política porque la política oficial no respondía a las necesidades reales de la sociedad. Con el tiempo, también se ha convertido en la impugnación de los partidos de izquierda porque se constata que una cosa es defender los valores de la izquierda y otra cosa es asomarse a nuestro espacio político y comprobar que lo que funciona es el “qué hay de lo mío”. Y la mayoría social a la que queremos dirigirnos nos seguirá castigando electoralmente porque no somos creíbles. 

Nos hemos acostumbrado a pensar de una forma muy tradicional. Tal y como lo expresa un temprano Gramsci [1], “políticamente, las grandes masas no existen sino encuadradas en los partidos políticos”. Y estar en estos partidos te permite estar en la conducción política de la masa. 

Es una evidencia que las grandes masas hoy no están encuadradas en partidos políticos. Es la mayoría social que sufre las consecuencias de este sistema y sobre la que se ha establecido una feroz batalla cultural cuyo objetivo es convertir la frustración social en desclasamiento y autoritarismo. Sería un error seguir diciendo que como la masa no está en partidos, está despolitizada.

Los debates que mantenemos no contemplan esta realidad, que nuestro problema fundamental es cómo nos sumergimos en esta masa que a ojos partidista parece informe y alejada de la política. Cómo representamos (exigencia de la vía democrática) a esa mayoría social. 

En las elecciones municipales se multiplican los egos, y la colocación de nuestro candidato puede determinar si existe o no confluencia. Cuando lo que tenemos que estar trabajando es cómo reconducir la confluencia de la izquierda.

A día de hoy, hemos visto dos formas en que cuajan esas confluencias. La forma latinoamericana, con Colombia, Chile o Uruguay. Un proceso lento, de años, en los que se ha ido dando respuestas a los problemas que vamos señalando, hasta el punto de que Petro y Francia Márquez compitieron en las primarias y compartieron cartel electoral triunfante.

La otra forma es la que contemplamos en Francia con Mélenchon. Pacientemente ha ido aglutinando apoyo del electorado de izquierda, pero no ha sido posible confluir con comunistas y socialistas hasta que en la primera vuelta de las presidenciales de 2022 el PC ha tenido un 2,3% de votos y el PS un 2,1%. Tras la apresurada confluencia, la Nueva Unión Popular Ecologista y Social ha obtenido un 31,6%, siendo la segunda fuerza electoral.

En España, por fortuna, tenemos a Yolanda Díaz, que va a jugar un papel de transición hasta otras formas de hacer política. Su capacidad de convocatoria y su papel fundamental en el cambio en las relaciones laborales de este país, nos permite tener esperanzas de que va a salir bien.

Saldrá bien, pero es nuestra responsabilidad como comunistas apostar firmemente por un proceso dinámico de construcción de una mayoría social, de un entramado social que una. Una mayoría electoral que cambie este país. Necesitamos una generación de comunistas que junto con la gente más consciente construya lentamente, profundamente, confundiéndose con la masa extraña a los partidos, una alternativa social al neoliberalismo. Una generación que debe cambiar la propia dinámica instaurada en la izquierda que nos paraliza.

El Partido Comunista crece y se hace grande en los procesos de unidad de la izquierda. Históricamente esta afirmación es correcta, mucho más creíble que los mensajes identitarios que vienen a decirnos que perdemos nuestra identidad entre tanta mezcla.

Hagamos este camino sin tantas dudas, de preguntas sobre una identidad que ya salvamos en los 90,s, y que debe ser una identidad que se ponga en marcha y construya el futuro.

Las elecciones andaluzas empezaron años antes a joderse. La escisión planificada con precisión por lo que ahora es Adelante Andalucía, dejaba pocas esperanzas, dado que nuestro electorado castiga la división y el espectáculo. Y el final de la negociación de la candidatura nos dejó sin posibilidades.

Sin embargo, debo destacar tres aspectos sobre los que debemos sacar conclusiones.

En primer lugar, el papel que compañeros al margen de los aparatos jugaron para intentar una única candidatura electoral. Antes de cualquier mesa de partidos, Francisco Sierra y Sebastián Martín Recio sentaron a todas las protagonistas. Esto adelanta algo que debe ir sucediendo: el impulso de las bases para forzar las rigideces de los aparatos partidistas, para que hagan lo que deben hacer.

Por otra parte, señalar que en este forcejeo hasta última hora (y más allá) para la confección de las listas, ni el Coordinador Andaluz de I.U. ni el Secretario Político del PCA han estado en esos puestos destacados. Lo que alguien puede interpretar como una debilidad, es un valor en sí mismo. Es cierto que ahora tenemos una situación organizativa peliaguda. Pero este es un ejemplo al que en el futuro tendremos que volver y valorar, ya que no ha sido razón suficiente para romper el acuerdo.

Y no podemos dejar de señalar que la candidata de Por Andalucía acertó en su mensaje de campaña y en los debates televisados. Porque debemos valorar que la “alarma antifascista” le está dando buen rédito electoral al P.P., al menos en Madrid y Andalucía. Inma Nieto centró su discurso en lo perjudicial que es un gobierno del P.P. para nuestra tierra. El PSOE y Adelante Andalucía se centraron en el miedo a la entrada de Vox en el gobierno. Ahí están los resultados, con un fracaso de toda la izquierda y una mayoría absoluta que se ha nutrido de ese mensaje.

[1]Antonio Gramsci. Artículos en “L´Ordine Nuovo”. En “Un Partido de masas”. Articulos LOrdine Nuovo.pdf (juventudes.org).

(*) Militante del PCE